Domingo, 11 Diciembre 2022 09:22

Jugada electoral: pese a las irregularidades habrá más plata para planes sociales - Por Alcadio Oña

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Las partidas están agotadas y la situación económico-social impide recortes. La gran ganadora en el reparto es la provincia de Buenos Aires, donde se queda el 49% del Potenciar Trabajo y el cristinismo juega buena parte de su porvenir político. 

Un par de consultoras han coincidido, estos días, en que la actividad económica logró recuperar el nivel que mostraba en 2017, lo cual significa que igualó al mejor registro de la serie del INDEC que arranca en 2004. Fuerte, aunque no tan fuerte. 

La más representativa medición por habitante dice, en cambio, que todavía estamos 5 puntos porcentuales por debajo de 2017 y también lejos de 2015. Al final, poco y nada por aquí: cinco años clavados en el mismo lugar o, de hecho, cinco años para atrás.

Otra manera de ver el lugar en qué quedamos consiste en descontarle al PBI de 2022 el arrastre estadístico que viene de 2021, calculado en alrededor del 3%. Y si el PBI de 2022 marca suba del 4,8%, como señala el promedio de los analistas que consulta el Banco Central, el neto de este año plantaría un crecimiento no mayor al 2%. Otra vez, poco y nada.

Así, el resultado de cruzar los números y ponerlos donde van en el tablero se corresponde con un clima social espeso y a la vista por todas partes y, también, con una percepción de la realidad muy diferente de la que pregona el Gobierno. Nada que ver, ahora, con el relato de la reactivación económica vigorosa.

Los últimos indicadores del INDEC hablan de este fenómeno, justamente.

Tanto en la estadística intermensual que mide la marcha de la industria manufacturera como en la que hace lo mismo con la construcción aparece, casi calcado, un dato común. De los diez meses transcurridos entre enero y octubre de este año, las muestras cantan seis con signo negativo contra cuatro en positivo.

Y aun cuando en la comparación con el año pasado predominan los números pintados de azul, también salta evidente allí que la tendencia está ingresando en zona de estancamiento.

El indicador de la construcción de octubre anota caída del 0,9% respecto de octubre 2021 y el industrial, también de octubre, revela una muy modesta suba del 0,8% sobre diciembre 2021. Más aún, si se descuentan los arrastres estadísticos de 2021, tenemos a la industria y a la construcción en rojo pleno.

Cuesta acomodar estos datos bien concretos en el Plan Llegar de Sergio Massa y cuesta más, cuando se repara en la inflación acumulada durante los cuatro meses que lleva al frente del Ministerio de Economía. En números redondos y con 5,5% para noviembre, la cuenta da 27% y se estira hasta los alrededores del 35% en cinco meses si el habitualmente complicado diciembre se mantiene en la zona del 6%.

Hay un sentido medio oculto en la descripción de este panorama, además de todos aquellos asociados a los intereses de la política o a los que cada cual quiera incorporar.

Puesto en limpio, apunta a plantear las dificultades y los riesgos implícitos y explícitos en cualquier intento de reestructurar o pasarle el rastrillo a los planes sociales, aunque anden a los tumbos.

Para empezar, un muy reciente informe de la Universidad Católica Argentina cuenta que el 40% de los hogares recibe algún tipo de plan y también que, sin esos programas o sin alguna asistencia semejante, la pobreza sería del 50% en lugar del 43%. Y la indigencia, de casi el 20% en vez del 8%.

Estamos hablando de personas, por si hace falta decirlo. Esos porcentajes que marca el informe de la UCA representan, luego, 21,5 millones de pobres que viven en centros urbanos, de los cuales 8,5 millones serían indigentes.

El punto es que el costo de los planes sociales abulta las cuentas públicas en tiempos de ajustes fiscales al modo FMI y no faltan quienes piensan en la podadora.

Según datos del Ministerio de Economía de este año que cubren hasta el 6 de diciembre, el Potenciar Trabajo lleva consumidos $ 410.000 millones, esto es, 124% más que en el mismo período de 2021. En las llamadas Políticas Alimentarias, las cifras son $ 352.000 millones y 54% respectivamente.

Alrededor y al interior de estos números aparecen otros también cargados de connotaciones. Uno de ellos es la tajada que se queda en la provincia de Buenos Aires y administran las organizaciones sociales y otro, que en ambos programas el presupuesto está prácticamente agotado o, si prefiere, que urge poner más plata.

Por orden de aparición, las cuentas del Potenciar Trabajo, que se supone están para cubrir la falta de trabajo y no para hacer política, revelan que la provincia gobernada por Axel Kicillof, el mandatario favorito de Cristina K., concentra el 49% de la partida total, o sea, $ 200.000 millones.

Puesto de otra manera, las 23 provincias restantes, computando como tal a la Ciudad de Buenos Aires, debieron compartir el 51%, o sea, $ 210.000 millones. Una variante de lo mismo pero recargada añade que a la CABA le tocaron 34.500 millones, o el 8% del total, y que Córdoba y Santa Fe recibieron 14.000 millones cada una, o un muy módico 3,4% por cabeza.

¿Y qué dice el reparto en las políticas alimentarias o, si se prefiere, en la tarjeta alimentaria? Dice más o menos lo mismo que en el Potenciar Trabajo.

Esto es, $ 130.000 millones de un total de $ 352.000 para Buenos Aires; 36.000 millones a la CABA; Córdoba 22.000 millones y 20.000 millones a Santa Fe. Puesto de otra manera, 37% para una sola provincia contra 63% distribuidos entre 23.

Queda clara, en el recorrido y en las proporciones recientes, la apuesta del cristinismo a retener la provincia de Buenos Aires y a robustecer las chances electorales de Kicillof donde sea que compita. Y por qué no, las de la propia Cristina, si ella da marcha atrás con el renunciamiento y espera a que la condena por corrupción quede firme.

Dicho esto, y agregado el contexto económico y social, lo que sigue da por descontado o por recontra descontado que las partidas para los planes Potenciar Trabajo y Alimentario, hoy prácticamente agotadas, serán reforzadas más pronto que tarde. Así será, pese a las irregularidades que muy tardíamente se han empezado a descubrir y a las zonas oscuras en la administración de los recursos.

Algo semejante vale para el chorro de recursos que surgen de las llamadas transferencias discrecionales, manejadas por la Casa Rosada según convenga a sus intereses políticos y por fuera del Presupuesto Nacional.

Nuevamente federalismo estilo K, este año la partida de Buenos Aires anda aquí por 200.000 millones de pesos largos o el 43% del paquete total. Las porciones de Santa Fe, Córdoba y La Rioja que le siguen en la tabla no llegan siquiera al 6%.

Está visto que si es cuestión de plata a Kicillof no le falta ni le faltará plata, pero está por verse si la plata sola gana elecciones o, para el caso, si gana las próximas elecciones.

Estamos hablando de cosas potentes y críticas, como la pobreza del 42% que golpea a 5,3 millones de personas en el conurbano bonaerense y que sólo es superada, entre los 32 aglomerados urbanos que releva el INDEC, por el 49% de Concordia. Son los del GBA registros mayores a los que había al comienzo de la gestión kirchnerista y, obviamente, pese a que siempre funcionó a pleno la caja del poder.

Encima, tampoco pinta precisamente alentador el cuadro general. Algunas consultoras pronostican crecimiento cero o caída del 2% y recesión para 2023; inflación del 110% o en todo caso en las alturas del 100%; probabilidad de temblores cambiarios provocados por la escasez de reservas y el siempre presente deterioro de los ingresos.

Ni hace falta aclararlo: en esta cancha se jugarán las elecciones y esta cancha es, además, un indicador de lo que le espera a quienes resulten ganadores. Claro está, si se entiende por ganadores a quienes saquen más votos.

Alcadio Oña

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