Sábado, 03 Marzo 2018 21:00

Reformas organizativas y estructurales - Por Domingo Cavallo

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El alto déficit en cuenta corriente, el estancamiento de las exportaciones, el déficit fiscal y la baja inversión no tienen solución monetaria-cambiaria. Sólo se resolverán con reformas organizativas y estructurales.

 

Por el momento, el gobierno sólo intenta tímidas reformas parciales, soluciones caso por caso sin estrategias claras y anuncios sobre reformas legislativas que luego se postergan o se minimizan.

La eliminación de impuestos distorsivos, las privatizaciones en condiciones de competencia y transparencia, la apertura de la economía, la reducción del empleo público improductivo, el enfoque no clientelista de la política social que impida abusos e injusticias, no parecen ser ideas fuerzas que el gobierno esté dispuesto a adoptar.

Está demasiado condicionado por su temor a que sus reformas se identifiquen con las de los 90s.

Una lástima, porque aquellas reformas permitieron que, por ocho años, Argentina consiguiera avances importantes en todos los frentes. Y, lamentablemente, cuando el endeudamiento excesivo, la desaparición del espíritu reformador y las estrategias electorales se antepusieron a la buena gestión gubernamental, el proceso comenzó a estancarse y finalmente se revirtió con decisiones que supusieron un regreso a las peores prácticas de manejo económico del pasado.

No pierdo la esperanza de que algún equipo, dentro o fuera del gobierno, pero que quiera no desaprovechar la oportunidad de progreso que significa el gobierno de Macri, trabaje en la formulación de un plan que reciba todo el respaldo del presidente y sea implementado con convicción y coraje antes de que sea demasiado tarde. Que en el 2020 se reedite el 2002 de Duhalde, De Mendiguren y compañía, sería una nueva tragedia para Argentina.

El atraso cambiario ya se revirtió. De aquí en más, al Banco Central le tiene que preocupar más la escapada del dólar que el aumento de las tarifas de los servicios públicos que aún están atrasadas

El aumento del precio del dólar de 17,5 a mediados de diciembre a 20 pesos hasta hace pocos días, no parece haber influido en la tasa de inflación, porque durante 2017 la alta tasa de LEBACs había provocado un atraso que la gente no veía como sostenible y, por ende, ya se había reflejado en los precios libres. Pero ahora que dicho atraso se revirtió, como lo muestra el gráfico, escaladas rápidas del precio del dólar deben preocupar, porque el riesgo de que provoquen aceleración inflacionaria es alto.

Esto no quiere decir que el Banco Central deba aumentar la tasa de LEBACs para contener el aumento del precio del dólar como lo hizo desde abril de 2017. Lo que quiere decir es que el Banco Central debe estar dispuesto a reemplazar la absorción de pesos mediante la renovación de LEBACs por venta de reservas toda vez que el precio del dólar tienda a aumentar a un ritmo superior a 1 centavo por día.

Hacia el futuro, la escalada del precio del dólar es mucho más peligrosa, en términos de riesgo inflacionario, que el aumento de las tarifas de los servicios públicos que aún están atrasadas. Eliminar el atraso tarifario significa tender a eliminar los subsidios económicos como rubro importante del gasto público.

Por consiguiente, aun cuando en lo inmediato pueda provocar aumentos en la tasa mensual de inflación, hacia adelante permitirá una mejor lucha frontal contra la inflación por menor déficit fiscal y mayor contención del aumento nominal del gasto público.

Si a causa de algún shock externo, el peso necesitara devaluarse significativamente, el Banco Central deberá permitir que ello ocurra, pero explicando la razón del salto devaluatorio y no como una medida sorpresiva para erosionar el valor de los ahorros en pesos o licuar pasivos.

Mientras el Banco Central pueda contener el ritmo devaluatorio en el entorno de un centavo por día, estará contribuyendo a que la tasa planeada de inflación del 15 % se haga más creíble y se evite un distanciamiento demasiado grande de la realidad con respecto a esa meta.

En ausencia de un plan más integral de estabilización y desarrollo, aumentos salariales alrededor del 15% anual, ritmo devaluatorio compatible con esa meta y crecimiento del gasto público en línea con el presupuesto aprobado para 2018, constituyen la única forma de encausar la marcha de la economía hacia resultados, tanto en materia de inflación como de crecimiento del PBI, como los que el gobierno pretende conseguir para 2018 y 2019.

No creo que estos resultados, poco ambiciosos, sean suficientes para crear mucho entusiasmo respecto de la política económica del gobierno, pero al menos ayudarán a que no se acentúe el clima de desorientación y desaliento que ha comenzado a difundirse desde el mes de diciembre pasado.

Domingo Cavallo
Fuente: www.cavallo.com.ar

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