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Lunes, 24 Febrero 2020 21:00

La deuda manda, y la economía real espera desde el subsuelo - Por Alcadio Oña

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Los datos del INDEC y la realidad hablan de una herencia gravosa. Deberá enfrentarla el Gobierno, con un plan que no sale y parece aguardar al FMI.

 

Cuenta un consultor, después de reunirse con directivos de una siderúrgica de primera línea: “Están muy preocupados por la magnitud de la recesión, por el derrumbe de la construcción y la caída de las ventas al sector automotriz. Dicen que este enero fue el peor enero de los últimos diez años”.

Cuenta otro, que también asesora a grandes empresas: “Nadie quiere mover un dedo, ni aumentar la producción ni tomar personal. Y mucho menos arriesgar plata en inversiones”.

Todo el mundo le pone una vela enorme al arreglo de la deuda, que es cuando el ministro Guzmán cree que se empezará a salir del proceso recesivo. “Lentamente, en el mejor de los casos”, afirma uno de aquellos consultores.

Queda a la vista entonces que, así la herencia económica del macrismo haya sido tan gravosa como es y cantan las propias estadísticas del INDEC, el repiqueteo oficial desgasta ese argumento, pero no resuelve el problema. Lo mantiene donde está: en el campo del gobierno de Alberto Fernández.

Los datos que acaba de difundir el INDEC revelan que la actividad económica cayó en 18 de los últimos 20 meses. También muestran la dimensión del desplome, en tres sectores clave:

  • Sobre 19 meses, la industria retrocedió en los 19, con bajones que llegaron al 15,6 y al 13,9%.
  • En la construcción, las cifras arrojan 17 meses consecutivos marcha atrás. Casi un año y medio sin respiro.
  • Y el comercio mayorista y minorista anota caídas durante 18 de los últimos 19 meses, algunas del 15 y del 16%.

Hasta el muy rentable negocio financiero quedó metido dentro del mismo brete. Preso de las altas tasas de interés y del crédito ausente, desde octubre de 2018 ingresó de pleno en el tobogán.

Sólo la actividad agropecuaria se salvó del vendaval, gracias a la gran cosecha y al envión de las exportaciones de carne. Pero en diciembre ya comenzó a declinar.

Así, el ciclo macrista coronó tres años recesivos sobre cuatro de gobierno. Que fueron cinco, si se agregan los dos del segundo mandato de Cristina Kirchner y serían seis, computando la baja del PBI que los especialistas pronostican para 2020.

El resultado canta una economía estancada, en realidad barranca abajo, a partir de 2011, cuando la súper soja todavía reinaba y le aportaba recursos en cantidad al Estado nacional. Nunca hubo aquí una temporada tan propicia como la de la era kirchnerista, solo que eso ya es cosa del pasado.

Según los analistas, el rebote que Guzmán espera asomaría hacia el segundo, tercer trimestre del año. Tendrá mucho de estadístico, pues surgirá de comparar los números del período con los muy malos de 2019 y, por lo mismo, difícilmente será percibido por la población. Sobrará relato, aunque seguirá faltando empleo nuevo: recién cuando adviertan un proceso sostenido y sostenible, las empresas pensarán en incorporar trabajadores.

Ahora, una muy buena y otra menos buena tomadas del último balance comercial. La muy buena es que con enero se llevan 17 meses seguidos de superávit: los analistas apuestan a entre 15.000 y 18.000 millones de dólares en el año, que, sumados a los 16.000 millones de 2019, arrojarían por lo menos 31.000 millones en sólo dos saltos.

Se trata de un monto impresionante, en un país que pena por la escasez de divisas. Claro que viene empujado por la caída de las importaciones, lo cual equivale a decir que no bien la economía se recupere aumentarán las compras al exterior y el cuadro ya no será el mismo.

La noticia menos buena aparece en el otro platillo de la balanza. Señala que las exportaciones siguen arrastrándose por el piso: pese al tipo de cambio alto, sólo subieron 5,4% en 2019 y bajaron 0,8% en enero pasado. Encima, el avance del coronavirus puso al mundo impredecible y a las economías cada vez más apretadas: nada alentador, por cierto.

Y si las exportaciones son tal cual son, un factor clave, ahora abundan motivos para plantear la necesidad de un verdadero plan económico. Uno que aclare el horizonte, donde el Gobierno diga cómo y con qué herramientas se piensa crecer.

Algo semejante sería el Presupuesto Nacional, sino fuese porque espera al acuerdo con el Fondo Monetario. O a un ajuste fiscal que pinta ser mayor al que ya existe.

En el mientras tanto, la inversión, otra pieza central de la estructura productiva, tampoco da señales de vida. O peor: según estimaciones de la Fundación Capital, este año caería 9,8% y acumularía nada menos que 30% desde 2017.

El instituto advierte luego que la variable habría quedado reducida al 15% del PBI, el porcentaje más bajo desde la crisis de 2002. Sería necesario un 25%, para ir hacia un desarrollo económico sostenible.

La mira vuelve sobre el plan que Guzmán dice tener y cuyos números dice ocultar para que no los conozcan los acreedores. ¿O aguarda a ver cómo resultan aquellos que saldrán del acuerdo con el FMI?

Alcadio Oña

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