Germán Fermo

En lo que va del año, la economía real de Argentina viene sufriendo los rezagos de una dinámica que se inició en 2020: un entorno recesivo combinado con altas presiones inflacionarias. Wall Street tomó nota de esta dinámica por lo que la brecha de rendimientos entre activos norteamericanos y argentinos ha crecido sustancialmente en desmedro de nuestro país durante todo el 2021.

Sin un cambio político probablemente los activos argentinos seguirán bajando. Noto mucho inversor local intentando encontrar una historia que justifique tener activos argentinos en cartera frente a una coyuntura que, desde la crisis del coronavirus a inicios de 2020, cambió terminantemente toda la geografía de activos financieros en el mundo impactando notablemente en sus valuaciones y abriendo oportunidades de posicionamiento impensadas al 31 de diciembre 2019.

Las principales monedas del mundo como el dólar americano, el euro o el yen, están mostrando muy poca variación entre ellas. Bajo esta perspectiva limitada uno podría decir entonces que, a pesar de la enorme emisión monetaria en estos bloques, sus respectivas monedas están conservando razonablemente cierto nivel de valuación.

Estamos frente a un proceso hiperinflacionario global e histórico en activos financieros. La apuesta es que todo esto no explote y probablemente sea el caso en tanto y en cuanto el dólar siga siendo demandado como reserva de valor mundial. Los Bancos Centrales del G10 rompieron al mercado de bonos anulándolo como alternativa de ahorro y por lo tanto uno puede escapar de la devaluación del dólar solamente hacia équities, commodities o cryptos.

Con la noticia de la aparente nueva cepa de Covid-19 y con notables inconvenientes referidos al Brexit, Europa contagió de negatividad a todos los mercados del mundo. Todos los índices de équity operan en terreno negativo antes de la apertura de los mercados en Wall Street de hoy lunes 21 de diciembre.

La historia es un pésimo predictor del futuro, eso es algo que vengo escuchando desde hace décadas especialmente en finanzas. Sin embargo, la brutalidad de la crisis del coronavirus y las respuestas que la misma generó a nivel monetario y fiscal, especialmente desde Estados Unidos, plantea ciertos paralelos que vale la pena recordar respecto a la crisis Lehman 2008 anterior.

Solo meses atrás en el peor punto de la crisis, USA llegó a perder cerca de 25 millones de puestos de trabajo, mientras que actualmente dicho número sólo asciende a 8 millones, aspecto que preocupa pero que claramente se aleja del caos inicial.

Leyenda urbana. Existe en general una errónea lectura de los atributos que el oro exhibe como refugio de valor, o sea, como instrumento protectivo ante drásticos y eventuales eventos de pánico.

Sorprende que un país a una semana de reestructurado vuelva a cotizar como cuasi/defaulteado. Los flamantes bonos largos que comenzaron a cotizar la semana pasada descuentan en significativa magnitud otra reestructuración.

Los principales bancos centrales del mundo están atrapados en una realidad que sólo se ve “más o menos bien” si no se corren de esta permanente inyección monetaria, con tasas de referencia en cero o incluso negativas y curvas de yields en la parte larga colapsadas en niveles absolutamente impensados.

Nada de esta crisis es estándar, los extremos a los que nos ha conducido implica que se hace necesario analizarla con una visión mucho más amplia reconociendo que al andar, Powell hoy al igual que Bernanke en 2008, está escribiendo un nuevo y peligrosísimo capítulo en política monetaria la cual ha alcanzado niveles históricos en su escala y en su formidable capacidad de distorsión.

Los shocks monetarios recientemente implementados a nivel mundial han estabilizado formidablemente expectativas y han frustrado hasta al pesimista más furioso, comprando tiempo nuevamente, lo cual es esencial en una crisis.

 

Hace meses ya que muchos sectores de la economía norteamericana dejaron de descontar una recuperación en “V”. Por citar dos sectores que denotan esa dinámica tenemos a los bancos en USA y al sector de energía, ambos muy pero muy lejos de estar anticipando una recuperación rápida.

 

Si hay algo que falta en este mundo invadido por la pandemia es crecimiento. Esta circunstancia implica una muy mala noticia en el corto plazo, pero esta historia no permanecerá allí para siempre.

En las últimas semanas se observó un marcado salto del oro y más aun de la plata, esta última, con una performance brutal.

 

Inflación de activos financieros y nueva burbuja por muchos años. Un VIX en niveles de 27 indica que el mercado espera para los próximos 12 meses una oscilación en torno al retorno promedio del S&P de +/-27%.

 

Otra semana brutal para un mercado que padece el ritmo esquizofrénico de un canguro que cuando patea, pega muy fuerte y se hace sentir.

 

Bienvenidos al nuevo paradigma post pandemia: “mercado canguro”. Esta pandemia ha generado una combinación entre destrucción del sector real a nivel mundial y estímulo monetario desde los bancos centrales que la torna en un paquete único de locura, avaricia y esquizofrenia.

 

La contracara de la emisión monetaria a cargo de la Reserva Federal de los Estados Unidos se mide por la expansión de su balance.

 

El default per sé no necesariamente tiene que ser trágico, aunque dependerá del comportamiento de varios jugadores que trascienden al gobierno argentino.

 

Otra vez más y por segunda ocasión como en 2009, los activos financieros se utilizarán para shortear al dólar o lo que es lo mismo, hedgear patrimonios contra la “hiperinflación” de USA.

 

A nivel de estímulo monetario en USA la crisis del 2008 está quedando chica cuando uno compara no solo la magnitud de los estímulos actualmente implementados desde la Reserva Federal por la pandemia sino la velocidad con la que dicha emisión monetaria se viene inyectando al sistema. Y Estados Unidos no está sólo en esto y esta particularidad tiene enormes consecuencias en los niveles de tipo de cambio.

 

Lejos están los mercados internacionales de poder determinar todavía a dónde nos llevará esta infinita e inmensa pandemia. Todavía toda tragedia sanitaria es posible si bien en las últimas semanas se observa un mercado que intenta dejar atrás dos fuentes de incertidumbre reciente y concentrarse en una tercera.

 

Todo el mundo hablando del virus aburre, pero lo cierto es que la pandemia está generando diferencias notables entre ganadores y perdedores y la forma en la que definimos a estos grupos también es multidimensional.

 

Evitar un default soberano es lo correcto. Argentina debería seguir en la línea de intentar evitar la cesación de pagos, esperemos que aún sea posible.

 

Cuál será el daño exponencial que esta pandemia del coronavirus dejará en las economías de todo el planeta.

 

El shock que este virus representa no es uno temporario como muchos analistas todavía remarcan. Este shock es permanente y generará un cambio de paradigma mundial a nivel social, político, institucional y económico, y no estamos ni cerca de poder anticipar sus múltiples y nefastos impactos.

 

Las cuarentenas golpean la actividad económica. Y la diferente capacidad de respuesta entre desarrollados y emergentes llevará a una recuperación a dos velocidades. En el medio, la Argentina podría necesitar "patear" definiciones de la reestructuración.

 

La brutalidad observada en mercados financieros durante toda la semana pasada rompió ciertas correlaciones que se consideraban infalibles en eventos de suma locura y miedo como lo venimos observando desde el lunes pasado.

 

Los mercados globales han sufrido la semana pasada un severo castigo basado en dos razones principales. Por un lado, no se conoce todavía el verdadero alcance del coronavirus ni su potencial propagación.

 

Si el efecto “coronavirus” no se descontrola y genera una severa pero controlada desaceleración global, el potencial canje que propondría la Argentina se realizaría en inmejorables condiciones.

 

La semana pasada ocurrió en Peronia lo que en Noruega no acontece ni en mil largos años. Giramos como un trompo a velocidad de la luz, pero en definitiva nunca nos movemos del mismo e incambiable centro.

 

Argentina no tiene un drama de deuda. Si fuéramos percibidos con el riesgo país de Turquía o Egipto, dos de los emergentes más riesgosos del planeta, estaríamos hablando de rolear deuda a primas en torno a 350 puntos de spread o incluso menos.

 

Si Argentina no resuelve rápido su restructuración de deuda, 2020 y 2021 serían ambos muy recesivos. Parecería que Wall Street espera una quita en valor presente no mayor de 40%.

 

El cupón de Provincia de Buenos Aires 2021 vencía el 26 de enero y hoy ya estamos en 27 de enero.

El desafío más importante de Argentina no es reestructurar su deuda sino mostrarle al mundo que una vez reestructurada, seremos capaces de mantener una disciplina fiscal que proporcione una baja permanente y sustentable del riesgo país, variable clave para definir el costo de capital en dólares al cual se financia el sector público y privado.

 

No existe nada más costoso para una nación que un default soberano. Toda reestructuración de deuda soberana implica un complejo juego de Nash entre dos contrincantes con objetivos contrapuestos pero con ciertos incentivos a cooperar: los bonistas que quieren maximizar el cobro con la restricción de no quebrar al deudor en su intento y el gobierno que intenta minimizar la carga futura de pagos con la restricción de no hacer explotar el riesgo país, porque si dicho evento se diese, no tendría sentido reestructurar para terminar con spreads inmanejables que nos alejen nuevamente del financiamiento externo.

Los cuatro parámetros. El precio de los bonos actuales refleja la expectativa de lo que se viene. Estos bonos morirán en breve y darán lugar a los nuevos bonos del canje.

 

El que nace para pito nunca llega a corneta. Mucho se lo viene criticando a este fracasado señor Presidente que tenemos. Pero poco se remarcan los logros que a pesar de una fulminante y perversa herencia K ha sido capaz de cosechar en tan sólo tres cortos años.

 

La euforia de activos argentinos, relativo al castigo que han recibido, recién comienza. Peronia sigue más viva que nunca.

 

Mayoritariamente, los ciudadanos de Peronia son socialistas que quieren vivir con los lujos del capitalismo sin comprender que esa inconsistencia es tan infranqueable como insostenible resultando en crisis predecibles y lamentablemente, evitables.

 

La estabilidad es endógena a nuestra actitud política. Lo que ha hecho el dólar y el riesgo país en estos últimos días de locura es una mínima expresión de lo que nos espera si retorna el kirchnerismo al poder.

 

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…