Claudio Zuchovicki

Se demoró tanto la decisión de eliminar subsidios a la energía, que la forma desordenada de hacerlo generará afectando el poder de compra de algunas familias, sin que se resuelva el problema 

Si hay algo que aprendimos muy bien, tan bien que exportamos ese conocimiento al mundo, es lo que no hay que hacer en materia macroeconómica 

El título de esta columna, amigos lectores, corresponde al último libro del admirable Tomás Bulat (siempre es óptimo releer sus obras). Agradeciéndoles como siempre por interesarse en este espacio, quiero incluirlos en un intercambio de opiniones que tuve hace poco con un grupo de amigos, de aquellos a los que les conocés el alma. 

El placer de recibirlos en este espacio, que hoy pretende reflejar que es prudente desconfiar de aquel que se la pasa acusando a los demás de sus dificultades. Es una clara muestra de su debilidad e inoperancia o de su cinismo. 

Cuenta la historia que, lanzándose desde una cima, un águila capturó con sus garras a un corderito. El acto fue visto por un cuervo que, imitando al águila, se lanzó sobre un carnero, pero con tan mal conocimiento en el arte de cazar que sus garras se enredaron en la lana, quedando atrapado y pidiendo ayuda. El pastor, al percatarse de lo que sucedía, apresó al cuervo, y cortando las puntas de sus alas, se lo llevó a sus niños. Le preguntaron sus hijos acerca de qué tipo de pájaro era aquel de color tan negro, y él les dijo: “Para mí, solo es un cuervo, pero él se cree águila”. 

Cuando Facebook, Instagram y WhatsApp (las redes sociales que ahora quedaron bajo el paraguas de la empresa Meta, por el concepto de metaverso) se cayeron unas 8 horas, eso desnudó ciertos aspectos de nuestra convivencia actual. Esta red tiene solo 17 años de vida y 2800 millones de usuarios, lo que supone el 60% de las personas conectadas a Internet en el mundo.

¿Tiene futuro una sociedad que vende su voto por una bicicleta o una heladera para concederle poder al que la condena a perder la dignidad?

Supongamos que hay una zona comercial barrial que cuenta con 40 negocios pequeños en funcionamiento, distribuidos en un par de cuadras. Esa zona padece un grave problema de iluminación y solo les permite tener abierto mientras alumbre la luz del sol. Y esto hace que su día comercial dure unas tres horas menos.

Con el placer de saludarlos, quiero recibirlos en este espacio con la siguiente historia. Un día, el gerente de Recursos Humanos de una empresa familiar, líder en el mercado, le dice al dueño: “Mire, don Roque, yo sé lo que usted quiere a su hijo, pero me está ocasionando un gran problema en la compañía. Llega tarde, no respeta los espacios comunes, deja las máquinas encendidas y encima es algo soberbio con los clientes. Resulta un mal ejemplo para el resto de los empleados, y me cuesta exigir disciplina si el hijo del dueño es el primero en no respetar las reglas”.

No enfrentar los problemas y diferirlos en el tiempo solo garantiza agudizarlos, incrementarlos y hacerlos ingobernables. El paso del tiempo solo potencia nuestras decisiones.

Rick Lavoie, especialista en educación de niños con capacidades diferentes, desarrolló una teoría que tiene que ver estrictamente con la formación de la autoestima como valor para potenciar o someter a una persona. Expone una curiosa semejanza entre la distribución de fichas en un juego de póker y las actitudes y decisiones que vamos tomando en el transcurso de la vida. El autor sostiene que una buena autoestima nos ayuda a enfrentar mejor los desafíos que plantea la vida. En cambio, una baja autoestima nos paraliza. Me siento claramente identificado como argentino con la forma en que vivimos con dicha analogía.

Si el que habla o escribe piensa como uno, eso lo convierte en un ser brillante, pero si piensa distinto es que “está ensobrado”.

Es muy probable que la mayoría de nosotros no tenga la menor idea de lo que pueda pasar con nuestra economía el próximo año. La velocidad del cambio convierte en impredecibles los movimientos sociales en todo el mundo.

Siempre entendí que hay sociedades que debaten en busca de cómo tener "éxito" y mejorar la calidad de vida de sus integrantes. Simplemente progresan. En cambio, hay otras sociedades que debaten solo para tener "razón". Y, simplemente, nunca logran avanzar.

 

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