Marcos Buscaglia

La coalición oficialista se fue resquebrajando a medida que perdió popularidad, que cayó en gran parte por el impacto de la elevada inflación 

En su visita a Rusia del 3 de febrero de este año, el presidente Alberto Fernández le dijo a su par ruso Vladimir Putin: “Tenemos que ver la manera de que Argentina se convierta de algún modo en una puerta de entrada para América Latina”. 

A pocos kilómetros de haber partido de vuelta desde Bariloche hacia Buenos Aires, vimos cómo una nube de polvo envolvió el costado de uno de los lagos que componen una cadena de importantes represas hidroeléctricas, incluyendo El Chocón. El nivel de los lagos está bajo y eso deja a la intemperie tierra que está usualmente debajo del agua. “Es la crisis climática” dijo inmediatamente mi hija mayor, dedicada a temas de sustentabilidad. “El costo de producir electricidad va a subir”, no sé si pensé o dije yo. Deformaciones profesionales. 

Ya no queda ninguna duda. El Fondo Monetario Internacional (FMI) es peronista. El Gobierno acusa al organismo de haberle dado un préstamo político al gobierno de Mauricio Macri. Dijo que el préstamo fue “destinado a respaldar las posibilidades electorales de la administración en ejercicio.” Pero ese salvavidas, si existió, fue un salvavidas de plomo. 

La presentación del ministro de Economía, Martín Guzmán, sobre el estado de las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) hecha el 5 de enero, encendió las alarmas del mercado. Si bien se sospechaba que el acuerdo con el organismo estaba lejos, la exposición y la discusión posterior con los gobernadores del oficialismo pusieron de manifiesto que la distancia entre las partes es gigante. Los bonos del Gobierno, que ya venían castigados, se desplomaron al día siguiente. 

El documento emitido por el staff del Fondo Monetario Internacional (FMI) el 10 de diciembre dejó en claro que el principal escollo para un acuerdo con la Argentina es conceptual. Los pedidos del FMI apuntan contra la línea de juego del modelo populista implementado por el kirchnerismo.

Chile y Perú tienen en estos momentos en juego las bases mismas de los sistemas económicos y políticos que han mantenido durante décadas. El ciudadano medio, sin embargo, difícilmente se haya visto afectado por estos peligros en el manejo de su economía cotidiana. Acá, sin embargo, las cosas son distintas.

El Gobierno maximiza el uso de los DEG, pero no hay milagro que lo salve de las consecuencias económicas de imprimir tanto dinero

A menos de tres años de haber asumido la presidencia de Venezuela y con el petróleo, casi la única exportación del país caribeño, experimentando caídas de precio de un 25% interanual, el gobierno de Hugo Chávez enfrentaba serios problemas económicos. Las reservas internacionales estaban cayendo rápidamente y los precios de los bonos presagiaban un default.

En spot de campaña, el Gobierno se jacta de pisar las tarifas; debería aclarar que los subsidios se pagan con más inflación, que afecta a los segmentos más pobres de la población

Contrariamente a lo que nos enseñaron en la escuela, para el momento en el que Cristóbal Colón convenció a la Reina Isabel la Católica de financiar su viaje a Asia navegando hacia occidente, la idea de que la tierra era una esfera ya estaba muy arraigada desde hacía varios siglos en Europa. El objetivo del marino Genovés nunca fue demostrar que la tierra era redonda, sino acceder a las tierras productoras de especias por otra ruta que la tradicional. También, ayudar a lanzar una cruzada que permitiera reconquistar Jerusalén. De hecho, llevaba a bordo un intérprete del idioma árabe.

Cuando aterricé en Santiago de Chile a mediados de 2013 me di cuenta instantáneamente de que, parafraseando a Mario Vargas Llosa, el país transandino se había "jodido". Chile enfrentaba elecciones presidenciales en noviembre de ese año. La expresidenta Michelle Bachelet era la candidata favorita, representando a la coalición de centroizquierda, a la que esta vez se había sumado el partido Comunista.

Aunque parezca equivocado, el título de esta nota es correcto. Y se refiere a uno de los principales problemas que tiene que resolver la coalición gobernante en este año que recién comienza. Ese problema es el de manejo de expectativas en un año electoral. Un desafío que, como veremos, es parecido al de la cuadratura del círculo.

Todas las decisiones políticas y económicas en el año 2021 estarán marcadas por la necesidad de la coalición gobernante de salir airosa de la elección legislativa de octubre. Este condicionamiento afectará decisiones tanto en materia cambiaria como en materia de tarifas de servicios públicos, entre otras.

El jueves 10 se cumple un año de gestión del nuevo gobierno. Una gestión marcada por fuertes errores macroeconómicos, microeconómicos, y también por los costos de la pandemia y por los errores en su manejo sanitario y económico. Los números de la economía en 2020 muestran claramente el impacto de este descalabro combinado. Pero los costos más importantes todavía están por verse.

La aprobación del mal llamado "aporte solidario de las grandes fortunas" por parte del Congreso sería la última de las acciones y medidas implementadas recientemente que están espantando al capital de la Argentina. Y, al espantar al capital, hundirán a los trabajadores que no puedan emigrar en una pobreza aun mayor de la que viven ahora.

La brecha entre el dólar oficial y los mercados paralelos, como el contado con liqui (CCL) y el informal o blue, se achicó fuertemente en los últimos días.

La devaluación del peso en el mercado oficial de cambios es casi inevitable. Está claro que el Gobierno hará todo lo posible por posponerla para después de las elecciones de octubre de 2021, pero el hecho de que la mayoría de los argentinos la vea como inevitable hará más difícil retrasarla. Veamos por qué es difícil impedirla, qué instrumentos tiene el equipo económico para intentar diferirla, y qué resultados tendrá.

El "enfoque de almacenero" de la política económica actual está llevando a la Argentina a una catástrofe. Según esta forma de ver la economía, el problema que tiene nuestro país -único en el mundo que experimenta este raro fenómeno- es la falta de dólares; como solución, entonces, restringen cada vez más el acceso a personas y empresas a la compra de divisas en el mercado oficial. En el almacén este enfoque funciona; en la economía de un país, no. Porque no tiene en cuenta sus consecuencias sobre la confianza y la inversión.

La Argentina se encuentra, nuevamente, sumergida en una pugna entre dos cosmovisiones opuestas sobre la democracia, los derechos individuales, el respeto a la propiedad privada, el sistema económico y el régimen federal.

Donald Rumsfeld, el polémico secretario de Defensa de George W. Bush, dijo una vez que existen cosas que sabemos que sabemos, cosas que sabemos que no sabemos y cosas que no sabemos que no sabemos. El dicho podría aplicar perfectamente al mundo posCovid-19. Es mucho más lo que no sabemos que lo que sabemos.

 

El modelo económico del Gobierno declara que intenta sortear lo que algunos llaman la "restricción externa" y que procura aumentar fuertemente las exportaciones.

 

A más de un mes del inicio del nuevo gobierno, todavía no queda claro cuál es el programa económico y, dentro de lo poco que se puede vislumbrar, cuáles serán los motores de la economía en los próximos años. La falta de definiciones, en el contexto de una encrucijada en la cual el tiempo juega en contra, representa un desafío importante para la economía en 2020.

 

El plan económico presentado por el Gobierno incluye aspectos positivos y negativos, aunque estos últimos prevalecen ampliamente, ya que ataca una vez más a la creación de empleo, al ahorro, a las exportaciones, a la estabilidad de las reglas de juego y al sentido de justicia.

 

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…