Alcadio Oña

Los datos que surgen detrás del nuevo enredo con el campo por el dólar-soja. En medio de las necesidades y las dudas con las reservas, una dura interna que sigue. 

Un índice de Naciones Unidas revela que los precios de los alimentos acumulan cinco meses consecutivos en baja. En la Argentina vuelan. 

Es una Letra del Banco Central que cubrirá el costo fiscal del dólar-soja. Una más de una larga serie de bonos a diez años que alumbró el cristinismo en 2012 y continúa ahora. 

Las reservas ya están bajo cero y el Banco Central hace malabares con la caja. Hay promesas que a Massa le cuesta cumplir, anticipos de nuevas restricciones y una realidad cada vez más difícil de encubrir 

Según informes de especialistas, entre 2017 y 2021 y sobre todo en 2021 la pérdida de ingresos de los asalariados sumó 22 puntos porcentuales. El bajón golpea a 15 millones de trabajadores y el cristinismo mira para otro lado. 

El costo de vida avanza hacia el 90 o el 100% anual, esto es, 40 puntos por encima del índice del año pasado. Hay precios que en los últimos doce meses han subido 105% o 96% y otros 39% o 41%.

Un embrollo de reservas escasas, inflación al 90%, de subsidios que se caen y tarifas que suben y déficit fiscal que manda ajuste acosa al ministro. Además, todo apura definiciones. 

El dato común es la velocidad, peligrosa en varios sentidos, a la que escala la crisis económica. Pasa con el agotamiento de las reservas y la pérdida de poder de fuego del Banco Central, con la descontrolada trepada de los precios, con el déficit fiscal y la emisión. 

La pelea de Cristina Kirchner contra Alberto Fernández ya manda sobre todas las decisiones. Y ha llevado las cosas demasiado al límite, incluido al propio gobierno. 

Los precios corren cada vez más rápido y cantan, ya, una inflación que casi triplica a la de los primeros meses de 2020. Cruje la estructura social, de abajo para arriba, las paritarias se llenan de parches y crece el costo político 

Representan ya un agujero fiscal grande y peligroso que deja picando algo más que una sospecha. Esto es, que hacia allí apunta el operativo retenciones del Gobierno y que el desacople de los precios es una pantalla 

El país vuelve a ser favorecido por el viento que empuja los precios de la agroindustria. La contracara son importaciones en niveles récords, que comen divisas. Y la perspectiva, nuevas restricciones que le pegarán a la actividad. 

Fue lo que gastó el Gobierno para sostener un congelamiento de tarifas carísimo que no frena nada. Empujadas por el desorden económico y la fractura expuesta del oficialismo, las remarcaciones mandan 

Busca tomar el control de las decisiones económicas, lo cual es igual a manejar resortes clave que tocan intereses y a administrar recursos clave que avanzan sobre la política. La Provincia está en el centro del operativo 

Ese monto es el saldo final, la diferencia entre la energía que se importa y la que se exporta. 

El PBI por habitante es igual al de hace 16 años y el consumo, al de hace 17. El sector privado no genera empleo desde 2012 y las inversiones que hay son importaciones alimentadas por el dólar oficial barato. 

La vicepresidenta tiene funcionarios por todos lados. Entre ellos, los responsables de no frenar la inflación. Y también quienes le piden al FMI cosas que no figuran en sus estatutos. Si hay fracaso, no será solo de Fernández. 

Aumento de la presión impositiva, suba de tarifas a todo trance y recortes en los fondos a provincias, más fernandistas vs. cristinistas. Lo que viene detrás del arreglo con el Fondo. 

Los exigentes desafíos que enfrenta el Gobierno: un fuerte recorte del déficit y frenar la emisión. Son parte de una receta clásica contra los desajustes de la economía. Falta conocer de qué manera se repartirán los costos del ajuste. 

Con las reservas del Central agotadas, el blue desatado y brecha cambiaria ya en un 100% cómodo, el Gobierno juega a las escondidas con un plan que no tiene. ¿Es posible un vamos viendo hasta diciembre de 2023? 

En Buenos Aires, se sabe, anidan la fuente del poder de Cristina Kirchner y su gran capital político. Eso explica la montaña de plata que recibe de la Casa Rosada. Del otro lado, el costo de los alimentos habla de una historia de bolsillos flacos. 

El FMI exige bajar a cero en cuatro años un déficit fiscal que calcula en US$ 20.100 millones. El Gobierno dice seis años y US$ 12.300 millones. A falta de un plan económico, Guzmán usa la palabra sendero. 

Ya en tiempo de descuento, los directores fuertes del Fondo le exigen más ajuste fiscal, definiciones cambiarias y un plan económico de verdad. Acá, la pérdida de reservas anticipa nuevos aprietes al torniquete y la inflación pinta para más 

Crece el peso en la estadística oficial del programa Precios Cuidados que el secretario de Comercio regula. Y crece, sobre todo, en rubros clave como los alimentos. 

Hay tres puntos clave en la discusión con el FMI: el fuerte atraso que acumula el dólar oficial, la brecha cambiaria del 100% y una crítica pérdida de reservas. En el medio retumba la palabra devaluación. 

El Gobierno está lanzado a pegarle al Fondo, pensando en un viejo filón político ya muy gastado. Y EE.UU., la potencia que manda en el organismo, se metió en la pelea. ¿Mucho humo o mucho riesgo?

Los precios vuelan 50% anual, sin que el Gobierno acierte con alguna medida. Ahora va con un torniquete sobre los alimentos, otro que será difícil y costoso sacar.

El Gobierno está consiguiendo el gran objetivo de llegar a la elección sin un colapso cambiario, pero amontonando problemas sin resolver.

La recaudación alcanza registros que pasan de largo a la inflación, apuntalada precisamente por la inflación. Así, nuevamente en aumento la presión fiscal sólo es superada por Brasil en América latina.

 

La recaudación alcanza registros que pasan de largo a la inflación, apuntalada precisamente por la inflación. Así, nuevamente en aumento la presión fiscal sólo es superada por Brasil en América latina.

El gobernador recibió muchos más fondos de la Nación que cualquier otro, para planes sociales, laborales y obras. Pero perdió en las PASO y él también debió meter mano en el Gabinete.

 

El gobernador recibió muchos más fondos de la Nación que cualquier otro, para planes sociales, laborales y obras. Pero perdió en las PASO y él también debió meter mano en el Gabinete.

Más del 40% de todo el gasto de Desarrollo Social y otro paquete grande para obras públicas van a la Provincia y, sobre todo, al GBA. Hay plata que llega directa a los intendentes, sin pasar por la gobernación

 

Más del 40% de todo el gasto de Desarrollo Social y otro paquete grande para obras públicas van a la Provincia y, sobre todo, al GBA. Hay plata que llega directa a los intendentes, sin pasar por la gobernación

Entre enero y julio, el Gobierno pisó un paquete de gastos enorme que le pegó, entre otras cosas, a jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares.

El espectáculo que protagonizan el Presidente y la Vice explica, por si mismo, por qué el Gobierno no tiene plan económico.

La suba de precios sacude los salarios, empobrece y no hay manera de ocultarla. Fernández apura un paquete con mucho de asistencialismo y poco de inclusión social.

Enfrentado a brechas cambiarias insostenibles y al riesgo de seguir perdiendo reservas escasas, el Banco Central testea qué precio del mercado puede servir para parar la pelota. Mientras tanto, el cuento de la reactivación ya cansa y se agota.

“Tranquilos, al dólar lo tenemos bajo control”, dijo el ministro delante de Cristina y Máximo Kirchner y de Kicillof. Evidente: el mercado no compra ese discurso y el blue sube y sube. Y las ventas del campo, que sostuvieron las reservas, están en retirada.

La poda en jubilaciones, salarios estatales y transferencias a provincias y la inflación son parte de un ajuste millonario que financia el paquete electoral del Gobierno.

Los índices dicen que el costo de los alimentos subió menos del 5% anual en Chile y Uruguay, contra el 50% de la Argentina. Obvio: o no tenemos plan o si había uno, fue un desastre.

En 2003, Néstor Kirchner le pagó al Fondo los US$ 9.800 que se le debían. Creyó que se lo había sacado de encima para siempre: hoy aparece por todos lados.

No hay lugar en que no salte el fracaso del Gobierno en su pelea contra la inflación. Sobre todo, en el costo de los alimentos. ¿Y qué salida propone el cristinismo?: cambiar el índice de precios.

La pelea por los subsidios, los cruces por el FMI y el propio Alberto F. vs. Cristina K. hablan de un acuerdo si no imposible, cuanto menos bloqueado. Y corren el foco puesto en el ministro de Economía.

Son fondos que la Casa Rosada maneja discrecionalmente, por fuera de la coparticipación. Desde enero de 2020, la cuenta dice $ 178.000 millones para Buenos Aires contra $ 17.900 de la Ciudad Autónoma.

 

Son fondos que la Casa Rosada maneja discrecionalmente, por fuera de la coparticipación. Desde enero de 2020, la cuenta dice $ 178.000 millones para Buenos Aires contra $ 17.900 de la Ciudad Autónoma.

Conviven con 660 precios cuidados, la gran mayoría son alimentos, donde las remarcaciones no se frenan.

 

Conviven con 660 precios cuidados, la gran mayoría son alimentos, donde las remarcaciones no se frenan.

Frente a un gasto público histórico, hay fallas en la conducción, ineficiencia, falta de planes y una estructura administrativa muy politizada y poco profesional.

Los últimos indicadores económicos y sociales son los peores en años y la muestra de una decadencia que en muchos sentidos se agudiza.

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