Daniel Artana

El bochorno del Vacunagate nos permite reflexionar sobre otros casos donde el accionar del Estado pueda llevar a favores y asignaciones ineficientes de los recursos que son escasos.

Falta algo menos de nueve meses para las elecciones de octubre y se especula con que el Gobierno podría aprovechar la bonanza en los precios de exportación para postergar las correcciones en la economía que tengan alto costo político. Esto plantea varias preguntas: ¿Lo intentará? ¿Si lo intenta, ganará las elecciones? ¿Qué variables incluirá? ¿Qué pasará después de las elecciones?

El Covid 19 ha generado una crisis económica en el mundo entero que puso presión sobre las cuentas fiscales. Los ingresos se resintieron por la recesión y los gastos subieron por la ayuda estatal a familias y empresas. Sin embargo, las creencias de cada gobierno parecen haber afectado el peso relativo de cada una.

El año 2020 estará marcado por la pandemia y sus consecuencias sobre la salud y la actividad económica de la población mundial. Sin embargo, hay notorias diferencias entre países y la Argentina aparece mal posicionada en las variables que se pueden observar.

El presupuesto para 2021 prevé un déficit fiscal primario de algo más de 8% del PIB en 2020 y de 4,2% del PIB en 2021. Al momento de confeccionarlo, se proyectaba que 40% del déficit del año próximo se financiaría con colocación de deuda en el mercado local, en tanto el resto con emisión monetaria.

A pesar de la exitosa reestructuración de la deuda pública y de presentar un presupuesto para 2021 que pretende reducir el déficit primario del gobierno nacional a la mitad del proyectado para este año, la crisis de confianza se agudiza cada semana. Hay razones políticas y económicas que explican este fenómeno.

A pesar de una incipiente recuperación luego del colapso de actividad observado en el segundo trimestre del año, la economía argentina transita días complicados. Hay varios factores a señalar.

El BCRA ha perdido algo más del 20% de las reservas internacionales netas desde fines de noviembre de 2019 aun cuando la cuenta corriente del balance de pagos ha sido superavitaria. La brecha cambiaria elevada alienta a cancelar deuda privada comercial y financiera y a los minoristas a demandar dólar ahorro. Y la tensión cambiaria continúa a pesar de los exitosos canjes de deuda en moneda extranjera.

Al momento de escribirse esta nota había fuertes rumores acerca de que finalmente el Gobierno habría alcanzado un acuerdo con los grupos de acreedores grandes respecto de la negociación de la deuda bajo legislación extranjera.

 

Han empezado a trascender algunos lineamientos de lo que sería el programa económico post pandemia.

 

En un contexto de alta incertidumbre se complica el normal funcionamiento de la economía. Las causas más obvias en la Argentina son la pandemia y el resultado de la negociación por la deuda; pero hay varias más y tan importantes como estas dos.

 

En el segundo semestre de 1979 cursé la materia Moneda, Crédito y Bancos en la Universidad Nacional de La Plata con Mario Teijeiro, que hacía poco había regresado de la Universidad de Chicago. Una de las enseñanzas básicas fue que en una economía cerrada la emisión de dinero, por encima de lo que la demanda de dinero quiere, se traslada a los precios.

 

La respuesta del Gobierno el día después de varios acontecimientos que tenemos por delante empieza a cobrar una relevancia singular.

 

En base a la última información oficial disponible, el Gobierno nacional tenía obligaciones en moneda extranjera con acreedores privados por alrededor de US$90.000 millones.

 

A nivel mundial la pandemia se encamina a generar la peor crisis económica que hayamos vivido. Sabemos que será un shock transitorio pero intenso con efecto sobre la oferta y la demanda agregada, y de duración incierta dependiendo de los avances de la ciencia para desarrollar la vacuna y/o los tratamientos eficaces.

 

Según el cronograma anunciado por el gobierno nacional entramos en la etapa final de la negociación de la deuda pública con escasas novedades y pocas precisiones.

 

La negociación de la deuda nacional no depende de lo que ocurra con la negociación de las deudas provinciales. En otros países hay ejemplos de gobiernos subnacionales en default que conviven con un gobierno nacional solvente y viceversa, aunque esto es menos probable.

 

La economía argentina transita desde inicios de 2018 un proceso recesivo con inflación en ascenso: el corte abrupto de financiamiento externo privado que sólo pudo ser compensado parcialmente por los fondos aportados por organismos multilaterales, impulsó una caída en el nivel de actividad que permitió "generar" dólares comerciales por medio de una caída drástica en importaciones.

 

Antes de las elecciones, la administración Macri no tiene chances de hacer cambios estructurales. La herencia del próximo gobierno.

A raíz del deterioro de la economía argentina durante el 2018 y a pesar de los esfuerzos del gobierno nacional por mejorar los números fiscales y del acuerdo firmado con el FMI, ha vuelto a aparecer en el debate público la posibilidad de un default del soberano.

 

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