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Sábado, 31 Julio 2021 23:46

Perú, a las puertas del infierno - Por Karina Mariani

Escrito por Karina Mariani

Finalmente, luego de una larga y, sabidamente, inútil batalla por un puñado de votos y unos cuantos cruces de denuncias, ocurrió lo esperable: Pedro Castillo es el nuevo presidente de Perú. Su asunción fue lo más parecido a una mala comedia de enredos. Todo, desorganización, peleas intestinas, retrasos, banderas manchadas, los posibles ministros huyendo por la puerta de atrás, el vestuario, el discurso. 

La ceremonia que se convocó en el Gran Teatro Nacional de Lima comenzó muchas horas más tarde. Ante la presencia de la crema y nata del socialismo del Siglo XXI la asunción de Castillo fue una muestra gratis de lo que será este oscuro e insólito gobierno.

José Pedro Castillo Terrones nació en una zona rural muy pobre del norte de Perú. De religión católica, se distingue del modelo de izquierda identitaria en el rechazo al aborto, al matrimonio homosexual y la eutanasia, y a todas las consignas feministas, sustentables e inclusivas, pero esto no mosquea a sus aliados latinoamericanos que, ante todo, son pragmáticos y amoldables: lo que importa es llegar al poder.

A Castillo se lo ve bastante corto de formación, aunque estudió pedagogía y fue maestro por casi 30 años, con una intensa actividad gremial que lo terminó de depositar en las filas de Perú Libre, un partido comunista liderado por Vladimir Cerrón, ex gobernador de la región de Junín, sentenciado por corrupción y abuso de poder. Cerrón es el artífice, la cabeza pensante y el jefe de Castillo. Es quien manejó los hilos de la candidatura y quien manejará a futuro la presidencia de Perú, cueste lo que cueste, cosa que quedó claro en la hecatombe de la asunción y posterior caída de los mercados.

En Latinoamérica se viene repitiendo la receta que ahora va a acontecer en Perú, o mejor dicho, el drama. El éxodo de millones de venezolanos huidos de la miseria y la dictadura no parecen ser suficiente para convencer al resto de los habitantes de la región de lo que significa el chavismo. En realidad, con renovados bríos, el azote bolivariano vuelve con fuerza en países que creyeron estar inmunizados. Toda la región ha escuchado a sesudos analistas decir que su país no es como Venezuela y que el proceso chavista no tendría lugar aquí o allá. Sin embargo, esta semana Perú sacó un boleto en primera clase hacia el comunismo más torticero.

DE MANUAL

Pedro Castillo se autodenomina marxista-leninista y expuso diáfanamente en la campaña lo que va a hacer ahora que ha llegado al poder: nacionalizar la minería, el gas, el petróleo, la hidroenergía y las comunicaciones; una reforma agraria (no podía faltar) con la consabida expropiación de tierras y redistribución de las mismas; la eliminación de la jubilación privada; la anulación de los contratos con empresas privadas que gestionan aeropuertos, ferrocarriles, puertos y rutas. Castillo ha dicho que controlará y meterá en un corset a la inversión privada y reducirá las importaciones para que el 80% de las utilidades de las compañías extranjeras queden en manos del Estado. De manual.

Un tema fundamental para entender la catástrofe ideológica latinoamericana, es separar los datos duros de lo que los políticos dicen. Pero sobre todo es entender que no es el afán de crecimiento sino el resentimiento más profundo lo que prima en estas tierras. De 1993 a 2019 la economía peruana logró un crecimiento promedio de 4,8% y en los últimos cinco años se expandió a un promedio de 3,2%.

De forma tal que, si bien Perú ha presentado un importante crecimiento, siendo uno de los países de mayor dinamismo de la región, el flamante presidente Castillo dijo: "Actualmente vivimos en un sistema capitalista aparentemente renovado, en un neoliberalismo económico, llamado Economía social de mercado, impuesto desde 1993 y desde entonces ha ido en contra de los intereses de las grandes mayorías del país. Para cambiar esta triste realidad, es necesario plantear ajustes, la mayoría de manera drástica''. Realismo mágico de la peor calidad.

Las propuestas de Castillo copian la obsesión de toda la izquierda alineada con el Foro de San Pablo, que es la reivindicación del pasado terrorista y de sus miembros. El señor del sombrerito también se reconoce confeso enemigo de Estados Unidos y del imperialismo, y considera que la "verdadera la libertad de prensa es que exista una prensa comprometida con la educación y la cohesión de su pueblo''. Y como no podía faltar en la lista, apenas investido anunció una reforma constitucional.

Pero acá hay un problema: la Constitución vigente establece que se debe aprobar por mayoría absoluta toda enmienda y que luego se debe someter a referéndum. Esto es largo y engorroso, no son los tiempos que manejan los muchachos senderistas que tienen que resolver todo en este mandato, están apurados.

A Hugo Chávez le pasó algo parecido respecto del proceso de reformas y la problemática de la reelección limitada así que convocó un referéndum para que se decidiese si se convocaba una asamblea constituyente. El camino que va a iniciar Perú se ejecutó ya en Venezuela y se va a seguir expandiendo por el continente. Sube un chavista que encuentra obstáculos para su reelección infinita y comienza un coordinado sistema de manifestaciones populares que demonizan la Carta Magna y convierten al tema en una prioridad política.

El resto de la estructura política no se atreve a cuestionar la necesidad de la reforma y voilá, el tema está ya instalado. Siguiendo los pasos del difunto, en su primer momentum presidencial Castillo va a buscar la convocatoria a una asamblea constituyente que redacte una nueva Constitución.

Si el desplome hacia el comunismo en Perú a esta altura resulta inexorable, es bueno entender cómo fue que Castillo se situó a la cabeza de las preferencias presidenciales. Logró imponerse en segunda vuelta contra Keiko Fujimori con una diferencia pequeña aglutinando el voto rural, pero antes de la primera vuelta no superaba el 5% de intención. Una sobreoferta de candidatos viables sumado al rechazo al statu quo político generaron un cóctel molotov que el chavismo supo aprovechar. El problema en Latinoamérica es que el chavismo no es el único problema.

LIQUI-LIQUI

­Curiosamente, Pedro Castillo que se llenó la boca hablando de soberanía, recibió la banda presidencial vestido con un Liqui liqui, que es un traje tradicional venezolano. Copiando otras simbologías de Chávez, se niega a gobernar desde la sede del Gobierno nacional, y parece repetir una característica mayor: la satanización de la figura del empresario.

Uno de los grandes problemas que se vieron en la organización de la asunción fue la falta de ministros y las desavenencias en la asunción de otros. El problema es que a Castillo no le alcanzan los codos para borrar los cargos que prometió con la mano y todo el esfuerzo por tranquilizar a empresarios e inversores, que se vio en la segunda vuelta, se desintegró en 48hs.

Su principal asesor económico, Pedro Francke, se la pasó pregonando en campaña que su modelo no tenía "nada que ver con la propuesta de Venezuela''. Era uno de los principales candidatos para el Ministerio de Economía debido a su discurso que intentaba dar tranquilidad a los mercados. Pero conforme se iban conociendo las designaciones, el economista hizo un berrinche y declinó acompañar a Castillo. De hecho, se lo vio salir raudo del acto.

La razón era la escandalosa designación como Presidente del Consejo de Ministros de Guido Bellido Ugarte, congresista electo y encumbrado apologista de la organización guerrillera maoísta Sendero Luminoso, que a finales del siglo XX provocó casi 70.000 muertes. Fue Bellido quien, a raíz de las movilizaciones contra la dictadura cubana, dijo que en Cuba existe democracia ya que "los pueblos son los que determinan el modelo de gobierno. Eso es lo que han determinado y por eso están 60 años''.

Lo de Bellido Ugarte fue una afrenta para la decencia mundial. El mundo se hizo eco del atropello. A la postre, y luego de una brutal caída de los mercados, Castillo trató de calmar la cosa convenciendo a último momento para que se incorporaran al gabinete el susodicho Pedro Francke en Economía y el jurista Aníbal Torres en Justicia.

A cambio, Bellido hizo público un comunicado escenográfico en el que ratificó su ``compromiso con la democracia, la gobernabilidad y los derechos humanos'', y parece que con eso Francke que quedó contento, lo que demuestra que no era un señor de convicciones muy sólidas.

La radicalización acelerada de Castillo cuenta también con las declaraciones del congresista y procesado por terrorismo, Guillermo Bermejo que anunció que va a impulsar la ley de hoja de coca para "industrializar el cultivo en el país''. Ya en marzo de 2021 aseguró que la agenda de Perú Libre incluye la despenalización del cultivo de coca. "Sabemos que necesitan una ley de hoja de coca, similar a la del hermano Evo Morales'', dijo Bermejo quien hace días confesó en declaraciones radiales que si tomaban el poder "no lo iban a dejar''.

Para llevar adelante el manual de tiranía chavista que Cedrón (moviendo los hilos de Castillo) tiene planeado ejecutar a toda velocidad, se incluye también la conformación de un nuevo Tribunal Constitucional, vale decir la Corte Suprema peruana. La idea es que sea elegido por el pueblo en consulta popular, en lugar de por el Congreso. Para Cedrón esto asegura que los magistrados "defiendan una Constitución que ha terminado con todos los derechos y con el saqueo del país''.

LAS RONDAS

­Este desembarco y desmembramiento de la justicia se completa con otra institución chavista de la que Castillo ha sido un fiel exponente: La ronda campesina que es el nombre de un tipo de organización comunal de defensa surgido en las zonas rurales de Perú a mediados de los 70:

"La Policía Nacional es el pilar sobre el cual la actividad pública lucha contra este mal, pero eso no es suficiente. Nosotros creemos que debemos expandir el sistema de las Rondas, que no es otra cosa que la población organizada para dar seguridad a toda la población'', expresó Castillo. La expansión del sistema de ronderos es idéntica al armado de milicias parapoliciales que Chávez organizó para "defender la revolución''.

Comprender los lugares comunes que tiene el fracaso de la política peruana con los sucesivos fracasos de Chile, Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, etc., es entender que el neoterrorismo tiene un manual cristalinamente editado y que se expone claramente a quien quiera oírlo.

Es cierto que todo proyecto tiene particularidades, avances y retrocesos, pero no es menos cierto que las crisis de representación, las estructuras burocráticas anquilosadas y endogámicas de la política tradicional han desenterrado monstruos que hasta hace pocos años parecían terminados y lo más grave es que han dejado a la región casi sin anticuerpos para resistir el embate de un modelo descaradamente chavista.

Justamente Perú es uno de los países que más venezolanos ha recibido huyendo de la catástrofe y estos representan casi el 3 % de la población del país, resulta imposible que los ciudadanos peruanos desconozcan los resultados de la transformación chavista.

Sólo con una enquistada desconfianza en la democracia y una letal aprensión a la política puede comprenderse que muchos latinoamericanos hastiados, hartos y desanimados hayan permitido el asalto a sus repúblicas de una manera tan fácil e impúdica.

Los peruanos no pueden decir que los engañaron, que esto fue una trampa y que no sabían a qué atenerse. Latinoamérica tampoco. Uno a uno, los países de la región están entregándose voluntariamente a sus verdugos.

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