Coronavirus: cifras y rankings que muestran cómo la economía argentina profundiza las desventajas con la región y el resto del mundo - Por Sergio Serrichio

26 Julio 2020 Author :  

El país transita la cuarentena más larga y una de las más astringentes del mundo, pero aún no contuvo el avance del COVID-19, el índice de mortalidad está en suba y el desempeño de la actividad está entre las peores

 

A más de 125 días del inicio de las políticas de “Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio”, la evaluación de los resultados de las medidas oficiales de contención del coronavirus y de sus costos económicos y sociales se hace cada vez más ardua.

Al 20 de julio pasado, el Oxford Stringency Index (OSI), una medida de cuán extensas y limitativas de las libertades han sido las cuarentenas dispuestas por los gobiernos, ubicaba a la Argentina al tope mundial, por encima de países que, como Italia y China, aplicaron medidas durísimas para controlar sus respectivos brotes virales.

El OSI argentino también superaba el de vecinos que, como Chile y Perú, registran un alto número de infecciones y muertes, y claramente al de Suecia, uno de los países que aplicó medidas más laxas y apeló a la responsabilidad individual, pero al inicio tuvo una altísima cantidad de muertes en dos grupos vulnerables: ancianos en geriátricos e inmigrantes, muy expuestos en sectores de servicios y menos receptivos de los mensajes oficiales, incluso por cuestiones de idioma. Y era también muy superior al de países de alta población que, a partir de políticas erráticas y líderes con mensajes contradictorios, registraron gran número de contagios y muertes, como EEUU, Brasil y la India.


Oxford Stringency Index (OSI) es una medida de cuán extensas y limitativas de las libertades han sido las cuarentenas dispuestas por los gobiernos

Siendo el país 32 del mundo en mayor cantidad de población (Worldometer), la Argentina ocupa el puesto 18 en cantidad de casos de coronavirus de los 163 para los que a diario actualiza datos el “Coronavirus Resource Center” de la Universidad Johns Hopkins. Sólo dos de los países con mayor número de contagios que la Argentina (Perú y Chile) tienen menos población.

A su vez, al sábado 25 de julio, la Argentina figura en la posición 50 de los registros de muertes por COVID-19 en relación al número de habitantes, y asciende al 44 si del ranking se excluyen países de población exigua (San Marino, que con 42 muertos lo lidera, más Andorra, Mónaco, Luxemburgo, Santo Tomé & Príncipe y Montenegro).

Lejos quedaron la seguridad del ministro de Salud, Ginés González García, de que no había “ninguna posibilidad que el coronavirus llegue a la Argentina”, las predicciones sobre cuándo sería el pico de la pandemia, las críticas a otros países e incluso continentes (”los europeos cometieron dos errores: largar tarde, y largar escalonadamente, tal vez por exceso de respeto a la democracia y el libre albedrío de la gente”, dijo el ministro el 20 de marzo, primer día de la cuarentena) y las filminas presidenciales apuntando, por caso, a Suecia, que tiene una tasa de mortalidad por Covid muy superior a la Argentina, pero parece haber estabilizado el número de contagios, al punto de que hoy es la mitad del que se registra en la Argentina.

A la opción “Salud” vs “Economía” que planteó al inicio el gobierno habrá que cargar los sobrecostos económicos inmediatos y futuros (PBI, desempleo, déficit fiscal, caída de productividad y del salario) y su arrastre social en forma de aumento de pobreza, inseguridad y, de vuelta, costos sanitarios, incluidas más muertes.

Un primer indicador a tener en cuenta es el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec, el dato más cercano al cálculo del PBI, que cayó en abril un 26,4% y en mayo un 20,4% interanual. Más abismales aún son los cálculos de la consultora Invecq sobre la caída en los primeros cinco meses del año, mucho más aguda que cualquiera de los episodios previos de crisis.


Fuente: Invecq Consultores

Por cierto, 2018 y 2019 ya habían sido años recesivos. “El PBI per cápita de la región latinoamericana cayó en la mayoría de los países, tanto por problemas económicos de carácter endógeno como por tensiones sociales y políticas. Uno de los países que más cayó, excluyendo Venezuela, fue la Argentina, que en 2019 tuvo una caída del PBI per cápita de 3,1%”, dijo Natalia Motyl, de la Fundación Libertad y Progreso, basada en datos a valores “constantes” del Banco Mundial. “En 1960 nos encontrábamos en el puesto 21 del ranking mundial de PBI per cápita, en 1970 bajamos al 32, en los 80 bajamos al puesto 43, en 1990 al puesto 52, en el 2000 ya estábamos en el puesto 60 y en 2010 en el 62″, reseñó Motyl a Infobae, en un descenso que parece no concluir.

Una compilación de datos de un grupo más variado de países, de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s para el decenio 2010-2019, ubica a la Argentina como el país de mayor pérdida del PBI per cápita (con China en el extremo opuesto). Y si se tiene en cuenta la proyección del PBI 2020, la caída del PBI per capita rozará el 20%, según calculó el consultor Miguel Ángel Broda.


Fuente: Standard & Poor´s

Ya en junio pasado el Observatorio de Deuda Social de la UCA había estimado que por la pandemia y la cuarentena, unas 900.000 personas habían perdido su empleo, principalmente en el sector informal, lo que a su vez presiona, al igual que la recesión y la caída de la productividad, sobre el nivel de salarios e ingresos.

Motyl analizó la evolución del salario mínimo en dólares en distintos países de América Latina. “Desde 2010 el salario de la Argentina cayó más del 40%, superado por Venezuela que cayó un 99%. En 2010 el salario mínimo medido en dólares era de USD 393, hoy es de USD 235, un 40% menos. Es más, comparando con diciembre de 2019, el salario en dólares cayó 12,0%; la Argentina cayó dos puestos en el ranking de salarios, pasando del sexto lugar al octavo lugar en lo que va del año”, dijo a Infobae la economista, que elaboró el cuadro adjunto.


Fuente: Fundación Libertad y Progreso

Hasta ahora, el gobierno trató de contener el colapso económico con programas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y otros subsidios a los sectores más pobres, y con el ATP (pago parcial de salarios formales y créditos a monotributistas y autónomos) a los emprendimientos privados, medidas que, con diferencias de volumen y diseño, usaron la mayoría de los países.

El problema es que esas medidas, montadas sobre un ya alto nivel de gasto público, profundizan el déficit fiscal y se financian con emisión monetaria, que en la Argentina cargan con un historial de defaults e inflación, por falta de conducta macroeconómica y de una moneda fiable, coinciden los economistas.


Fuente: MArcelo Elizondo, director de DNI, en base a datos del FMI

El gráfico de arriba, elaborado por el especialista en negocios internacionales y director de DNI Marcelo Elizondo con la base de datos del FMI, muestra que, en una muestra de 18 países de América Latina, la Argentina es el segundo con más alto gasto público en relación al PBI, sólo superada por Venezuela.

Con la caída de la recaudación y el aumento del gasto, el déficit fiscal no podía sino explotar. De hecho, en junio fue de $253.000 millones, 37 veces más alto que el mismo mes de 2019, y estimaciones de la consultora Eco Go lo proyectan en 7,5% del PBI.

La inflación fue relativamente anestesiada por la pandemia, pero sigue siendo alta contra cualquier registro de normalidad y carga un historial que también destaca a la Argentina respecto de los países de la región. En su último informe mensual, Broda precisó, por ejemplo, que en el decenio 2010-2019 la Argentina acumuló una inflación de 1.571% y fue el único país de un grupo de cinco economías latinoamericanas cuyo promedio anual fue de dos dígitos, bien por encima de las demás. En América Latina, sólo Venezuela superó en los últimos años los guarismos argentinos, contracara de la progresiva desaparición de la moneda como unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor.


Las cifras de inflación de Argentina y otros países de la región, compiladas por el Estudio Broda

Con el PBI, el empleo y los ingresos y salarios en caída, sin márgenes fiscal y monetario y con una deuda pública que no se termina de renegociar, hasta los líderes de la CGT acordaron, en un encuentro virtual con los empresarios nucleados en la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que la recuperación de la economía dependerá del sector privado.

Pero, de vuelta, también aquí la Argentina muestra un cuadro comparativo desalentador. La última edición del “Doing Business”, un exhaustivo informe del Banco Mundial sobre la facilidad (o dificultad) del sector privado para emprender actividades, muestra que sobre un total de 190 países evaluados la Argentina aparece, con un puntaje de 59 puntos sobre 100, en la posición 126. Esto es, en 125 países del mundo es más fácil hacer negocios que en la Argentina.


Cinco posiciones detrás de Eswatini (ex Swazilandia) y cinco delante de Nigeria aparece la Argentina en el ranking del Banco Mundial sobre la "facilidad" para hacer negocios.

En base a diferentes medidas, el Banco Mundial construye 12 indicadores (trámites para comenzar un negocio, permisos de construcción, acceso eléctrico, registros de propiedad, acceso al crédito, protección de los inversores minoritarios, impuestos, comercio exterior, cumplimiento de contratos, resolución de insolvencias, facilitad de contratación de empleo y contratación con el gobierno) y concluye, por ejemplo, que es más sencillo emprender una actividad privada en Lesotho, Senegal, Brasil y Paraguay (que ocupan los puestos 122 a 125), que en la Argentina. Al tope de la lista, como los países más amigables a la iniciativa privada, aparecen Nueva Zelanda, Singapur, Hong Kong, Dinamarca y Corea del Sur. Y abajo de todos Libia, Yemen, Venezuela, Eritrea y Somalía. Los países latinoamericanos mejor rankeados son Chile (59) y México (60).

La peor calificación de la Argentina es la relación entre el “total de impuestos y contribuciones” que según la ley las empresas deberían hacer al fisco, en relación a sus utilidades efectivas, indicador en el que aparece como el segundo peor, sólo superado por las Islas Comoros. De hecho, según el informe son los únicos dos países en que si las empresas pagaran todos los impuestos, perderían dinero. Para Comoros, el índice es 220%, para la Argentina, 106% (de impuestos formales en relación a las utilidades), bien por delante de los países que le siguen: Eritrea y Bolivia (84%) y Guinea Ecuatorial (79%).


El peso de los impuestos sobre la utilidad de las empresas, si todos pagaran lo que marca la ley. La Argentina, "aventajada" regional

Con todo, las comparaciones más relevantes son con los vecinos latinoamericanos, en los que la mochila fiscal sobre las eventuales ganancias empresarias son sustancialmente menores que en la Argentina.

Se trata, precisamente, de los países con los que en los próximos años deberá competir la Argentina por la inversión, local o extranjera, en busca de la economía post-pandemia.

Sergio Serrichio

478 Views

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…