Dardo Gasparre

 

Aunque luzca imposible, la justicia es la única que puede empezar a soldar y cicatrizar la brecha de mil tajos que separa a los argentinos.

 

La tendencia generalizada a concentrarse en el desmadre económico que está creando el Gobierno saca el foco del objetivo principal del peronismo de Cristina: el control de la sociedad.

 

La sociedad agotada y dolorida, se vuelve hacia el gobierno y sólo encuentra la mirada gélida del desinterés, un presidente contradictorio y ningún liderazgo ni empatía en qué apoyarse.

 

Hay que cambiar con urgencia el foco de la discusión. Para empezar, hay que llamar a las cosas por su nombre. Partir por reconocer, como un hecho incontrastable, que ésta es la tercera presidencia de Cristina Kirchner.

 

 

 

El Gobierno se enfrenta a la peor pesadilla del populismo: el momento en que debe decirles a las masas que se acabó la plata que repartía

 

 

El gobierno se empeña en usar y vender el relato de un proyecto económico-social que no tiene modo de llegar a buen puerto, que implosionará hacia un agujero negro colosal

 

 

Seriamente dañados los principios republicanos y con un futuro económico penoso y sin esperanzas, el país también necesita un remedio providencial drástico que el gobierno no aplicará

 

La imposibilidad de hacer cambios en serio hace desear que la cuarentena sea eterna, para no tener que enfrentar el caos económico.

 

 

La humanidad presa, pobre y aterrorizada, en una lucha que nadie entiende y que pocos ganarán.

 

 

El problema no empezó en las pasadas elecciones primarias argentinas. Algunos lo retrotraen a Perón en 1946, a Farrell en 1943 o al golpe militar de 1930 del que ambos fueron entenados. Otros llegan a Irigoyen en 1917. Lo cierto es que hace un siglo, ¿o dos?, que Argentina vive con su cuerpo y su alma surcados cada vez más de tajos, grietas, brechas o como se llamen. Sobran ejemplos que por vergüenza la columna no enumerará. Hoy otra vez el país aparece partido.

 

Los políticos del oficialismo y la oposición, el periodismo local e internacional, los bancos americanos y gerenciadores de fondos globales, los entes burocráticos supranacionales, las quasieconomistas estrella de la TV, los empresarios y tuiteros en general, parecen sorprendidos por la dureza que se avizora como consecuencia del programa recientemente implementado por el Gobierno y el FMI para tratar de salir del grave atolladero en que deliberadamente se metió el país.

 

 

Cabe preguntarse cómo un grupo de políticos experimentados, seguramente los más representativos de su sector y de su ideología, terminaron aprobando una ley que en varios casos iba contra sus propios intereses distritales y aun contra sus provincias; que incumplía y despanzurraba una ley de leyes, el presupuesto, que muchos de ellos habían aprobado; que invadía las atribuciones constitucionales del Ejecutivo y pasaba por sobre lo determinado por la Corte Suprema cuando obligó a cumplir los requisitos de la audiencia pública; y que les quitaría peso de negociación con el Gobierno nacional, gravitación que necesitaban para seguir manteniendo la olla de corrupción, clientelismo y negocios que tienen montada en sus pobres provincias.

 

Encerrado en la trampa del sistema electoral de la partidocracia, el Gobierno no ha reducido las prácticas populistas, ni trata de persuadir a la ciudadanía de la importancia de abandonar esa trampa mortal

 

¿Cuántos otros aspectos vitales de la vida nacional están al borde del colapso y sólo se advertirán cuando sobrevenga la catástrofe y sea ya tarde? Demasiados, lamentablemente

 

¿Quiero excluir del voto a una enorme masa de la población argentina? No necesariamente. Pero no quiero que una masa ignorante y sin capacidad de discernir me manosee mis derechos, invente derechos que no tiene, o simplemente condene a mi país a la quiebra

 

Con este nivel de gasto se está afectando el consumo, la actividad privada, la inversión y el crecimiento

 

Mirando los números, o la realidad, queda claro que Perón y sus sucesores desanduvieron el camino de Roca. Tal vez por eso el kirchnerismo odiaba tanto al tucumano

 

Paulatinamente, se va aceitando el mecanismo de paros, piquetes simultáneos diseminados, marchas, reclamos y huelgas sectoriales y generales que tienden a sabotear y demorar cualquier plan o decisión que procure resolver el envenenado crucigrama infinito y caótico que el peronismo le legó el país

 

Hace un año, el triunfo de Cambiemos era sólo un sueño imposible. El kirchnerismo metía miedo con la pérdida de las supuestas conquistas sociales que devendría de un triunfo de la coalición, y Mauricio Macri respondía que nadie perdería sus beneficios y que no privatizaría ninguna empresa del Estado.

 

Más allá del enfoque que cada uno tenga sobre las políticas que se están llevando a cabo, es indiscutible que el Gobierno de Cambiemos está enfrentando todos los problemas que componían la larga herencia kirchnerista y acaso otras más antiguas.

Los norteamericanos no eligieron entre dos proyectos o dos programas, ni tampoco ideológicamente. Un punto a analizar cuidadosamente, porque la mayor democracia de la historia no se puede permitir el lujo de debatir la nada y no representar a nadie

 

La idea de aceptar peronistas “buenos” aleja todavía más a Macri de cualquier cambio de fondo en el modelo

 

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