Sábado, 14 Marzo 2020 21:00

Coronavirus: la prueba de liderazgo que marcará el destino de Alberto Fernández - Por Martín Rodríguez Yebra

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El Presidente reaccionó, se puso al frente de la gestión de la crisis del coronavirus y analiza medidas más extremas, desde el cierre total de fronteras hasta disponer confinamientos temporales

 

El vértigo y la incertidumbre se mezclan con una inconfesable sensación de alivio en la cima del Gobierno. Alberto Fernández contó con una ventana de tiempo valiosísima para reaccionar ante el avance inquietante del coronavirus. El espejo apocalíptico de Italia le reveló definitivamente que está ante una prueba de liderazgo irrenunciable y prioritaria, que marcará su destino político.

Hay consenso interno de que existió una subestimación de la crisis hasta la primera semana de marzo. Ginés González García casi lo admitió en público y sufre un desgaste fuerte de su imagen e influencia, a pesar del aprecio que le tiene el Presidente. No se sabe cuánto influyó en su ánimo, pero cuentan en la Casa Rosada que el domingo pasado Fernández quedó impactado por las respuestas angustiantes que recibió en mensajes que cruzó con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, y con el líder español, Pedro Sánchez.

No hay margen para atender otras emergencias, por mucho que la renegociación de la deuda signifique una obsesión de primera clase. Con la ventaja de la experiencia ajena, el Presidente resolvió ponerse al frente de la gestión de la crisis. Le toca tomar decisiones difíciles y comunicarlas. Cuando el jueves decretó la suspensión de los vuelos a Europa, Estados Unidos y otros países con alta circulación del virus, estuvo a punto de ir más allá. Él se inclinaba por cerrar el país.

¿Estamos ya en situación de pasar a las medidas más extremas? En el debate interno del comité de emergencia -un espacio donde el albertismo puro manda sin intromisiones- se resolvió ir paso a paso. Esperar y ver. La gestión del tiempo es agobiante.

El cierre de fronteras será gradual. Ayer se resolvió regular el ingreso de extranjeros por los pasos de Mendoza y de Misiones. La hipótesis de ampliar el cerrojo está en carpeta. "El plan de acción se evalúa minuto a minuto", señala una fuente que participa de las deliberaciones.

Se busca no agigantar la alarma en la sociedad hasta un punto en que empiece a causar estrés en el sistema de salud. Toda la clase política se hace en voz baja una pregunta: ¿estamos preparados para dar respuesta a una crisis sanitaria de miles de casos, si se produjera? Los relatos que llegan desde Madrid -cuya infraestructura de salud pública suele considerarse de nivel ejemplar- provocan escalofríos.

Según cree el Ministerio de Salud, el corte de los vuelos de Italia, España y Estados Unidos ayudará a limitar el riesgo de una curva acelerada de contagios. Por ahora. El ojo está puesto sobre lo que pasa en Brasil. Una señal de que el virus empieza a acelerarse allí podría disparar el cierre de todos los ingresos desde el exterior durante al menos un mes.

Demoras

Hay científicos que consideran que las respuestas llegaron tarde. Pero en el Gobierno replican que la suspensión de vuelos y las cuarentenas obligatorias se dispusieron con unas pocas decenas de casos diagnosticados, mientras que muchos países con más contagios siguen con los aeropuertos operativos. "Todavía estamos en la fase de contención, no de mitigación", insisten.

Pero lo que transmite la Casa Rosada es que cuando Fernández prometió en cadena nacional que iba a "tomar las medidas que haga falta", lo dijo en serio. En las próximas horas habrá un fuerte énfasis en alertar sobre la obligación de cumplir las cuarentenas, a riesgo de ser acusado de un delito. "Hay que ser implacables con el que viole esa directiva", dijo el Presidente en la última reunión del comité de crisis.

En carpeta sigue la posibilidad de limitar la circulación de personas en las calles. El distanciamiento social resulta prioritario. Al Ministerio de Transporte nacional y también a las autoridades porteñas los desvela el riesgo de contagio que implica un colectivo (o un vagón) lleno de pasajeros.

Axel Kicillof ya avanzó en ordenar el teletrabajo en el sector público de la provincia. El gobierno nacional trabaja en acciones similares, que puedan extenderse al ámbito privado, con regulaciones que establezcan límites a la cantidad de empleados en condiciones de trabajar a la vez en un mismo espacio. Muchas empresas ya lo están haciendo por su cuenta.

El debate sobre qué hacer con las clases se saldó el viernes con un punto intermedio entre quienes promueven suspenderlas ya y quienes ven contraproducente confinar a los chicos en las casas. El protocolo aprobado -indica que se cerrará un colegio ante la confirmación de un contagio entre sus alumnos o el personal- se revelaría efímero. "No hay que descartar que el lunes o martes ya estemos con colegios cerrados", señalaba el sábado al mediodía una fuente de la ciudad. Antes de la medianoche el Presidente convocó una reunión para resolver hoy mismo el parate educativo.

También se vislumbra como muy probable la suspensión por completo de los espectáculos y que se pongan limitaciones al funcionamiento de determinados comercios.

Ante la duda, sobreactuar

La lección que deja el desastre que viven Italia y España es lo temerario de subestimar el impacto del coronavirus. Se puede arreglar el fiasco comunicacional de González García -"hay muy baja probabilidad de que llegue al país", dijo un mes antes de que se dispusiera la mayor disrupción en la vida cotidiana en lo que va del siglo-, pero una acción tardía en la etapa de contención puede poner en peligro de muerte a cientos de personas. Ante la duda, sobreactuar. Esa es la máxima que internalizó el gobierno de Fernández en las últimas 72 horas.

En términos de comunicación, se eligió buscar un equilibrio delicado: alertar sobre la amenaza sin inducir pánico. Hay una presión muy estricta sobre el ministro de Producción, Matías Kulfas, para que monitoree que no haya desabastecimiento de productos básicos, un factor seguro de irritación social.

La Cancillería distribuyó informes sobre cómo actuaron los países que mejor lograron contener el avance del virus. Los casos más emblemáticos son Taiwán, Japón y Corea del Sur -vecinos del epicentro de la enfermedad-, que tomaron medidas drásticas desde muy temprano y sobre todo desplegaron un operativo fenomenal de testeos para detectar casos positivos, confinarlos y tratarlos a tiempo. En ese último aspecto, la Argentina presenta un atraso significativo en tecnología, recursos y capacidad de acción.

Una desventaja adicional que enfrenta el país es el clima. De no conseguir detener la progresión de contagios a tiempo, la Argentina se expone a cuatro o cinco meses de vivir en un estado de excepción. Y a una consecuente parálisis de la ya de por sí golpeada economía. El pico de casos se espera para abril o mayo. De ahí la cautela que algunos miembros del staff presidencial recomiendan a la hora de disponer medidas radicales de confinamiento de la población, que podrían resultar insostenibles si fueran de largo plazo.

La caja flaca del Estado tendrá que hacer un esfuerzo extra. La urgencia mayor ahora mismo es acondicionar y aprovisionar de manera adecuada la sanidad pública. En los países más afectados por el virus quedaron desbordadas las guardias y las salas de terapia intensiva.

El diputado Pablo Yedlin -candidato fallido a ministro de Salud- expuso con crudeza el dilema cuando dijo que el sistema de salud va a poder responder a 100 casos a lo largo de 10 semanas, pero no a 1000 casos todos juntos, como ocurrió en el norte de Italia o en Madrid. De ahí la obsesión con achatar la curva de contagios. La Argentina no está en condiciones de construir hospitales de la noche a la mañana como hizo China en Wuhan.

Fernández suspendió toda su agenda. Seguirá al frente de la comunicación, tal como hizo el jueves en la cadena nacional. Aquel día eligió un mensaje de seis minutos sin estridencias, informativo, con un llamado a la unidad nacional por primera vez desprovisto de doble lectura. Lo que viene es largo y angustioso. La irrupción de lo inesperado le permitirá mostrar qué clase de líder está resuelto a ser.

Martín Rodríguez Yebra

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