Domingo, 23 Octubre 2022 02:27

Operación Gran Hermano: desvaríos oficiales, la voz que habló en la casa y la marcha atrás del Presidente - Por Nicolás Wiñazki

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En la Casa Rosada se afirma que por ese papelón con Walter "Alfa" Santiago terminaría renunciando la vocera, Gabriela Cerruti. 

Después de estudiar causas, respuestas posibles, costos y beneficios, el presidente Alberto Fernández le pidió a su vocera, Gabriela Cerruti, que informara de modo oficial que existía un nuevo “enemigo” para la Casa Rosada.

Walter “Alfa” Santiago, competidor del reality show Gran Hermano. Este singular personaje había comentado dentro de la casa en la que todo se graba y se transmite al público, que conoce al Jefe de Estado desde treinta y cinco años, que le había pagado coimas, y que su nexo con él era uno de sus mejores amigos del mandatario, el legislador

Claudio Ferreño. “Alfa” también criticó a las fiestas privadas que abrieron la Residencia Presidencial Olivos (RPO) durante otro confinamiento, esta vez obligatorio, impulsado en los meses más duros de la pandemia del Covid-19. 

Cerruti generó estrépito en la opinión pública y el funcionariado oficialista cuando usó su cuenta de Twitter para difundir la novedad: primero negó lo dicho por “Alfa”, después anunció que Fernández exigía que su “denunciante” se retractara, algo que también le pidió que hiciera el canal que emite el programa de la discordia, Telefé.

No pasó. Y el escándalo creció aún más al día siguiente. Terminó por involucrar incluso a dirigentes de la oposición. Y a periodistas K indignados con la sorpresiva reacción presidencial. Hasta que, según cálculos de consultoras privadas, el affaire “Alfa-Fernández” fue debatido por alrededor del noventa por ciento de los argentinos que se expresan en las redes sociales.

Para buena parte del Gobierno el enredo pasó de ser un yerro difícil de defender a una cuestión de Estado ridícula de mencionar.

El impacto generó una primera novedad en el reality.

En secreto, y sin que se transmitiera nada al respecto, la voz de Gran Hermano les habló el martes 19 a los competidores que conviven intramuros desconociendo lo que pasa paredes afuera de su nuevo hogar televisado.

Clarín pudo saber, en base a fuentes inobjetables que conocen la trastienda del reality, que se apeló a la voz omnipresente de “Gran Hermano” para advertirles a los jugadores que sus dichos podían tener consecuencias y que serían ellos quienes pagarían por cualquier reacción desmedida.

Cuidando no romper el hechizo que significa mantener aislados de toda novedad del “afuera”, los parlantes de la casa se encendieron en un horario desconocido y el “Big Brother” habló: “Hola, les recordamos a las jugadoras y jugadores que, antes de ingresar a la casa, cada uno de ustedes firmó un documento con el que se hicieron responsables de las consecuencias que pueden generar las cosas que dicen sobre otras personas, con nombres propios”, advirtió la voz que todo lo puede allí dentro.

Las fuentes consultadas por este diario aseguraron que “Alfa”, igual que el resto de los jugadores de GH, no se dieron por aludidos ante el recordatorio sorpresivo de esa voz que los guía en su nueva aventura en las que no habrá secretos para esconder.

El mensaje de Gran Hermano a los jugadores habría sido un consejo que el departamento de legales de la emisora del show sugirió que podía transmitirse para intentar demostrarle al Presidente de la Nación que no había animadversión contra él, que nada de lo dicho por “Alfa” estuvo “preparado”, ni “operado” para dañar su imagen.

El Jefe de Estado, gracias a la verborragia tuitera de su portavoz, estaba el miércoles 20 en el centro de una polémica que cautivó a buena parte de la opinión pública, y que desconcertó al funcionariado.

¿Por qué el Presidente había decidido que Cerruti pidiera una retractación pública sobre sus dichos a un integrante de un reality show, un personaje pintoresco, de sesenta años, vendedor de autos de colección, que efectivamente sí conocía al legislador porteño del PJ, Ferreño, amigo a su vez de Fernández? ¿“Alfa” podía estar diciendo una verdad incómoda?

Cerruti, en lugar de aplacar o intentar minimizar el caso, siguió tuiteando sobre el tema, sobre todo contestándole a sus críticos más notorios en las redes, como la ex gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, o al periodista con afinidad K, Diego Brancatelli, que expresó su incredulidad frente a la intensidad con que se trataba el tema “Alfa” en medio de una crisis económica, social y política de dimensiones y consecuencias aun imposibles de mensurar.

Cerruti se había comunicado durante el día anterior, en el que todo empezó, al menos en público y en las redes del Gobierno, con las autoridades a cargo de la emisión de GH por Telefé.

Fernández se había indignado con los dichos de “Alfa”. Primero consultó a Ferreño para saber si efectivamente conocía a este personaje que ahora tiene un alto nivel de conocimiento público. Lo conocía. Fue su amigo durante años, sobre todo debido a que su hermano compartió colegio con el más novedoso de los opositores a la Casa Rosada, que desconoce por completo lo que provocó con su mención al Jefe de Estado.

El Presidente, a través de su abogado, Gregorio Dalbón, informó que le iniciaría una querella civil a “Alfa”.

Para cumplimentar ese paso procesal, se debería romper el aislamiento de Gran Hermano.

Es el único modo de notificar a uno de sus integrantes de una cita con quien quiera demandarlo en medio del proceso de transmisión del show.

El Jefe de Estado había hecho una ronda de consultas con amigos que no trabajan en el Gobierno para preguntarles qué opinaban al respecto. De acuerdo a las fuentes oficiales consultadas por Clarín, todos, de modo unánime, le pidieron que no se involucrara peleando con el señor “Alfa”, un total desconocido al menos hasta los tuitazos de su vocera.

Fernández decidió actuar remarcando que no puede permitir que se pusiera en duda su honorabilidad y su compromiso con la ética pública.

La paranoia, mientras tanto, alteró a varios de sus funcionarios de confianza.

Cerruti se había enterado de los dichos de “Alfa” no porque el programa Gran Hermano los retransmitió en su emisión de los martes en televisión abierta.

“Alfa” había dicho lo que dijo durante una madrugada que solo se pudo ver y oír a través de la plataforma de streaming de GH.

Nadie nunca oyó a la “denuncia” de Walter Santiago.

Ocurre que las atentas fuentes de Jorge Rial sí grabaron esos pocos segundos de verborragia de “Alfa”, y fue él quien primero los difundió de modo masivo en su programa “Argenzuela”.

Cerruti escuchó esa explicación no solo de parte de los responsables del programa Gran Hermano sino de autoridades de Telefé. También se lo hicieron saber funcionarios que están muy en desacuerdo con sus modos de “comunicar”: “Esto solo se pasó por streaming y no hay regulaciones para esas plataformas, Gabriela”.

Cerruti no paró con su Twitter, igual que Dalbón.

Mientras tanto, quienes volvieron a poner al aire al exitoso Gran Hermano, tras seis años sin que estuviera en las pantallas de la televisión argentina, estudiaron “jurisprudencia” mundial al respecto. GH es un formato de éxito en varios países del mundo hace mucho tiempo. ¿En algún otro había ocurrido alguna situación similar a lo que estaba escalando sin límites en la Argentina?

No.

Las críticas a Cerruti son cada vez más intensas en la Casa Rosada. El episodio GH es el último de una larga serie de acciones suyas que el Gabinete considera muy problemáticas.

Respecto a la polémica GH, la portavoz incluso polemizó con un periodista de la cadena de noticias CNN que, en conferencia de prensa le preguntó por sus veintisiete tuits sobre el reality en los días en los que el Gobierno, por ejemplo, intenta votar un Presupuesto para el año próximo con fuertes recortes en áreas sensibles de la administración. Cerruti replicó siempre redoblando la apuesta y descalificando a periodistas.

Cerruti no continuará por mucho tiempo más en su cargo.

Los ministros no toleran sus modos ni nada de lo que hace.

Varios de ellos le pidieron al Jefe de Estado que la despidiera.

La portavoz intentó generar consenso con el resto de los voceros gubernamentales. Casi ninguno acepta reunirse con ella.

Fuentes que conocen la trastienda de la gestión contaron además que intentó emitir una resolución oficial para que los medios de prensa que “impulsan discursos de odio” dejen de recibir publicidad gubernamental. Los abogados expertos en el tema la estudiaron y opinaron que era una aberración legal.

En los viajes junto al Presidente provocó varios problemas: en la gira por Rusia y China terminó peleada con los embajadores de ambos países.

El viernes pasado, fue el propio Presidente el que decidió hablar de “Alfa”.

Como si se estuviera dirigiendo al encerrado en el show televisivo, el mandatario dijo en una entrevista que “no me voy a quedar callado cuando me agredan”. Y agregó que no le importaba si quien emitía una declaración que ponía en duda su honorabilidad era “Un energúmeno o una persona importante”: “Es lo mismo”.

Antes explicó que el tema era grave porque se hablaba “de la investidura presidencial y de mi persona”.

Un dato que señalaron varios funcionarios a Clarín es que solo Cerruti acompañó a Fernández en su defensa contra “Alfa”.

Ningún otro integrante del Gabinete o vocero informal de la Casa Rosada se involucró en la polémica.

Cerruti continuó con sus diatribas sobre el tema y argumentó que se buscó sentar posición respecto a la “acusación” del señor Walter Santiago porque “en estos programas se crea mucho sentido común colectivo”.

En el mundo judicial llamó la atención que sea el abogado Dalbón el elegido por el Presidente para iniciar la supuesta querella civil contra Walter Santiago por sus supuestas difamaciones.

Ocurre que el 22 de septiembre pasado la Corte Suprema de Justicia ratificó una condena contra Dalbón en una causa que investigó si había injuriado a dos juezas a las que trató de corruptas. Las magistradas Beatriz Alicia Verón y Zulema Delia Wilde deben ser indemnizadas por el abogado del Presidente que injurió y calumnió sin poder probar sus dichos, algo con lo que amenazó litigar contra “Alfa”.

Más allá de toda la polémica y la insistencia del propio Presidente en declarar en contra de “Alfa”, las fuentes oficiales y del mercado privado al tanto de trastienda de esta historia aseguraron que desde la Casa Rosada hicieron llegar un mensaje al programa Gran Hermano: finalmente no habrá juicio civil contra “Alfa”. Al menos no cuando el show esté al aire y una acción de ese estilo cortara la esencia del reality.

El Gran Hermano es un programa basado en la gran novela 1984, de George Orwell, que imaginó una sociedad regida bajo un gobierno totalitario que todo lo ve, todo lo escucha, y difunde verdades como mentiras y mentiras como verdades con el único objetivo de que ese se mantenga en el poder.

Para eso, dicen sus protagonistas, se debe controlar el lenguaje.

Uno de lo policías del pensamiento resume el poder de lo dicho de este modo: “La destrucción de palabras es muy hermosa”.

No lo es jamás.

Menos para mantener o aumentar la credibilidad de un Presidente.

Nicolás Wiñazki

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