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Martes, 15 Diciembre 2020 12:40

Cartas venenosas, venganzas y veletas de campanario - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

 

“La diferencia que media entre un hombre vulgar y otro sobresaliente, consiste en que ÉSTE advierte con claridad, distinción y exactitud, lo que AQUÉL sólo reconoce de manera inexacta, confusa y oscura”
- Jaime Balmes

 

La definición que antecede ayuda a comprender mejor los rasgos distintivos de un nuevo gobierno kirchnerista que ha retomado sus viejas obsesiones, donde cohabitan las “idealizaciones poéticas” de sus milicianos, con los intentos de Cristina para someter a la sociedad a sus caprichos y venganzas; sumados ahora a las promesas de cumplimiento imposible que le formuló Alberto Fernández a su “socia”, que lo exhiben moviéndose como una veleta de campanario.

Estamos viviendo así una época de “corrientes” y “dejarse arrastrar”, y el escenario político se destaca porque nadie parece ofrecer demasiada resistencia a las ideas de sustancia dudosa e inoportuna del Frente Para Todos.

En ese escenario, ha aparecido en estos días una novedad insólita: cartas dirigidas “urbi et orbe” por una Vicepresidente que acosa al Presidente y sus “amigos” desde una posición dominante, para colocarse en el papel de quien tiene la llave para abrir la puerta a una suerte de “verdad revelada”, que nos transportará a una sociedad más justa.

Un escenario donde quienes la juzgan por diversos actos de corrupción deberían aceptar un hecho irrefutable: “a mí ya me ha absuelto la historia” (Cristina dixit) y gracias a eso se coloca más allá del bien y del mal, para beneficiarnos con su excelsa sabiduría.

Este hecho solo contribuye para que la sociedad goce de una pésima salud republicana, al quedar sometida a la aberrante conducta de un gobierno que intenta deshacer con frenesí todo lo regulado hasta hoy en materia de políticas públicas, seguridad, economía, finanzas, justicia y educación, como si se tratara de un follaje inútil, saboteando el precario equilibrio en el que vivimos.

En el escenario montado, trata de convencernos que nada es irrevocable, y aún en el caso de que determinados juicios de valor sobre la realidad puedan resultar desastrosos, deberemos acatar sus dogmas, que nos transportarán “a los pisos inferiores de nuestro destino”, como temía Ortega respecto de las sociedades que se extravían conceptualmente.

Cristina parece ignorar que el primer medio para pensar bien es aplicar los mayores esfuerzos para evitar el “manoseo” de una realidad que, tarde o temprano, la obligará a confrontar sus relatos desfigurados e incompletos por querer disfrazarla, porque el cúmulo de problemas que afronta una sociedad empobrecida y vapuleada por la incertidumbre, hará sonar la hora en que la “troika” gobernante se verá obligada a abandonar el voluntarismo con que pretende sumergirnos hasta las narices, recreando un escenario donde nadie logra discernir con certeza qué es lo esencial y

qué lo accesorio.

Porque no puede imaginarse nada positivo que provenga de un gobierno dirigido por una vicepresidente que piensa en ella y sus problemas con la justicia las 24 horas del día y un presidente que se levanta por las mañanas proclamando lo que a la tarde contradice con el mayor desparpajo.

Mientras tanto, los funcionarios que los rodean se empujan unos a otros tratando de darle jaque mate a la verdad, sin detenerse a reflexionar sobre el daño que provocan con un tráfico de disposiciones que solo pueden ser reconocidas por su aporte a la barbarie, en un país que supo ser alguna vez un ejemplo en materia de cultura cívica.

Ese tiempo donde reinaba el “demonio” (¿) del liberalismo, que nos llevó a los más altos estándares de progreso de toda América latina, acogiendo en su seno a los mejores por mérito propio y no a los que vienen de países limítrofes, como ahora, para conseguir una jubilación “trucha” amañada por funcionarios corruptos que se quedan con el “diezmo” respectivo.

La cerrazón política que están exhibiendo los integrantes del Frente gobernante es asombrosa, y causa pasmo no verlos dudar ni por un instante de las paparruchas que difunden todos los días en los medios de comunicación, para adoctrinarnos sobre un formato ideológico con el que nos invitan a escapar del aturdimiento en el que, supuestamente, nos movemos, ofreciéndonos una “mano amiga” para “modelar” nuestra personalidad extraviada.

Mientras tanto, crecen “en sordina” las necesidades de quienes ya no tienen demasiado tiempo para sumarse a cruzadas épicas que no les ayudan para “llenar la heladera”, y allí puede surgir en algún momento un escollo que ponga contra las cuerdas a quienes solo consiguen adormecer temporalmente las demandas populares repartiendo fondos que pronto dejarán de estar disponibles.

A quienes estamos ubicados en las antípodas del relato kirchnerista, nos queda el recurso de seguir luchando para utilizar los instrumentos cívicos y legales que no han podido ser demolidos aún, porque la pretensión de inocularnos con un discurso de índole claramente fascista no debe constituirse en el preludio de nuestra muerte como nación.

Es bien sabido que la inteligencia nos invita siempre a escapar del aturdimiento y las contradicciones que algunos trasnochados pretenden imponernos, mientras nos recuerda que tenemos la facultad de pensar por cuenta propia.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero  
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Carlos Berro Madero

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