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Martes, 05 Enero 2021 13:10

Máximo, la primera mutación del virus “K” - Por Carlos Berro Madero

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Ha comenzado el intento del kirchnerismo “cristinista” para lograr que un Máximo (“mínimo”) con un curriculum vidrioso, escale a la presidencia del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires, para librar desde allí la madre de las batallas en las elecciones de 2021.

 

 

Sin duda alguna, se trata del emplazamiento de una suerte de cañón antiaéreo del “cristinismo”, para fulminar por elevación a quienes todavía están afincados, a piedra y lodo, en las trincheras del peronismo bonaerense.

 

Si llegaran a consumar sus propósitos, es posible que vayan por más y tengamos que vivir la siguiente etapa de su promoción: la presidencia de la república para el ex administrador inmobiliario de la fortuna K.

Los tradicionales cultores de la liturgia del dogma “justicialista” se ven amenazados de tal modo, y comienzan a temer por su eventual desaparición u opacidad, convertidos en testimonios “virtuales” de los postulados del General Perón, a cuya figura siguen abrazados aún, en tanto y cuanto convenga a sus intereses políticos personales.

Pero el cartero viene hoy con un sobre cerrado e inquietante: una comunicación que huele a declaración de guerra, la que irá provocando el acaloramiento de quienes serán atacados a mansalva por una maquinaria que avanza -por distracción o suicida aquiescencia de sus antiguos “asociados”, que puede empujarlos a una banquina inundada de líquidos pestilentes donde pueden perecer ahogados.

¿Lograrán los “camporistas” que los díscolos pejotistas “borocoteen”?

Peronismo y kirchnerismo habían cumplido hasta ahora con una regla de oro de un Frente amplio: mostrarse siempre como una síntesis de pensamientos identificados sin fisuras. Comienza a dirimirse pues la mayor debilidad y/o fortaleza interna de combatientes supuestamente unificados, pero que no formaban parte en realidad del mismo “equipo” en cuerpo y alma.

¿Cómo se reconocerán estos dos socios cuando comiencen a disputar entre sí para retener el poder, acosados por las urgencias de la misma “grieta” que exportaron “hacia afuera” del movimiento y comienza a alcanzarlos a ellos mismos?

Cuando Balmes hablaba de una “definición”, solía decir que es “la explicación de la cosa. Si explica la esencia, se llama esencial; si se contenta con darla a conocer, sin penetrar en su naturaleza, se apellida descriptiva”.

El peronismo considerado “racional” ha sido siempre “descriptivo”. Sin cambio alguno de sus atributos fascistas y autoritarios, y ha comenzado a ver con espanto que, por sus mosquiteros mal cerrados, comienzan a entrar a su habitación confiable y segura los insectos que prohijó por distracción, o por exceso de confianza en sí mismo.

La nueva vertiente nacida en el 2001, el kirchnerismo (hoy cristinismo en estado más puro aún), que sostuvo siempre que un papel es blanco o es negro, por decirlo de alguna manera, está evidenciando que su proposición era falsa y ahora muestra sus garras, evidenciando que sabían de antemano que puede ser de cualquier otro color que a ellos les convenga para usar como estandarte ocasional.

Y comienzan a avanzar con su nueva “cabecera de playa”.

Montado sobre su precariedad discursiva, el PJ Provincial comienza a enfrentarse así con sus descuidos y su creencia acerca de que “todo estaba dicho”: enfrente le han “plantado” una variante del virus “K” original, con los efluvios que emanan de un muchacho sin mayores escrúpulos y bastante elemental. Pero que goza del apoyo de Mamá.

Y eso parece ser suficiente para convertirlo en un enemigo muy peligroso.

Los intendentes de Gran Buenos Aires han fallado en sus intuiciones. Porque éstas suelen depender siempre de una aguda labor conceptual previa - aún en el caso de los genios-, y fatales a veces, si no están acompañadas por la luz que ilumine hasta las imperfecciones más pequeñas del camino trasegado.

Máximo está donde está por si fallase el virus “madre” de la cepa: “CFK1”.

Para esto ha trabajado La Cámpora desde su advenimiento, para cercar la capacidad de maniobra de cualquier liderazgo que proviniese de la historia “consagrada” históricamente por sus asociados temporales: los que se llaman a sí mismos, “peronistas de Perón” (sic).

Han demostrado ser, a través del tiempo, mucho más disciplinados que sus “consocios” y tienen el grado de fanatismo necesario para conseguir sus objetivos de mediano y largo plazo.

Son los insectos que avanzan con la ayuda simbólica del párvulo devenido diputado, para penetrar por los agujereados mosquiteros peronistas tradicionales para lograr finalmente que la figura del extinto General sea algún día una pieza de museo.

Hasta Alberto Fernández cree que Máximo es un buen candidato (aunque nadie le lleve mayormente al apunte hoy en día).

No es extraño. Porque el otrora administrador de la inmensa fortuna “K” es quien de alguna manera le asegura los favores “regios” de Cristina Fernández, para culminar indemne su dorado “sueño del pibe”.

Como decía en otros tiempos un conocido locutor de radio: “habrá más noticias para este boletín” (sic).

Por ahora, solo agregamos: ¡qué bochornoso capítulo de nuestra historia!

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero 

Carlos Berro Madero

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