Domingo, 15 Agosto 2021 10:49

Fernández, en su hora más difícil, con aliados mirando a otro lado - Por Ricardo Kirschbaum

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Este grave error del Presidente no fue el primero, pero sí el de mayor repercusión y alcance popular.

 

Por si se necesitaba otra muestra contundente, esta prueba fue brutal para desnudar la verdadera naturaleza de un gobierno que se obstinaba con un esfuerzo permanente, hasta patético, en simular lo que no era. Finalmente, ese maquillaje, esa impostura retórica, se ha derrumbado con estrépito para confirmar aún las más injustas percepciones que se tienen de quienes ocupan el poder. Por eso estas imágenes, el desesperado escamoteo de la verdad, el ejercicio obsceno de la doble moral, hasta la vergonzosa admisión poniendo como siempre la culpa en otro lado, han mortificado tanto a una sociedad que en carne viva. 

Si Alberto Fernández barruntaba que estas elecciones podían ser el punto de partida para otra época y para su proyecto de reelección, es hora que recalcule porque está en un pantano en el que se metió solo. Este grave error no fue claramente el primero pero sí el de mayor repercusión y alcance popular porque ejemplificó que las penurias y restricciones de todo tipo impuestas para la pandemia solo eran válidas para la gente. No hubo esta vez que acusar a agentes extranjeros, ni la larga mano del FMI, ni Bolsonaro, Trump, o Macri, abanico de conspiraciones siempre a la carta para justificar desde la corrupción hasta una fiesta de cumpleaños clandestina en la residencia del Presidente.

El segundo efecto es sobre su credibilidad, que venía escorada y que ahora ya ha naufragado. Debe enfrentar una elección en una situación que era difícil por la inflación, la crisis económica que no se atenúa con módicos rebotes y la pandemia que sigue golpeando, con una nueva ola agazapada. Las dos preocupaciones electorales del oficialismo son la recuperación del voto “blando”, aquel que creyó que Fernández haría algo distinto al último kirchnerismo o que huyó espantado por la torpeza política y económica de Macri, y recuperar a los jóvenes. En ambos casos, este episodio de Olivos convierte a esa empresa en algo imposible.

El tercer efecto es aún más deletéreo porque ha quedado claro que el kirchnerismo está mostrando cada vez más indiferencia por esta hemorragia política del Presidente. Los últimos gestos han sido elocuentes: las críticas al equipo que rodea a Fernández son furiosas desde las huestes de Cristina. Finalmente, los cambios que Alberto había logrado postergar para salvar a su jefe de Gabinete han vuelto a ser puestos sobre la mesa.

Esta debilidad objetiva –“hay olor a cala”, dicen en el peronismo- es una desventaja demasiado grande en una alianza donde ya hay movimientos para ubicarse en la grilla del poder, con Massa en operaciones pensando en ser el Alberto de 2023. Desde la oposición, además, la desmesura de pedir un juicio político pour la galerie es también una contribución a la confusión general.

Fernández no tiene otra salida que jugar sus cartas para tratar de revertir esta situación. El plan de recuperar terreno con las vacunas ha quedado manchado por estos testimonios de lo que pasaba en Olivos mientras todos los demás estaban encerrados.

Hay una sensación de defraudación y estafa que para disiparla será necesario algo más que retórica vacía.

Ricardo Kirschbaum

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