Domingo, 02 Enero 2022 08:13

No se puede vivir con estos políticos y con estos jueces, pero se vive - Por Ricardo Roa

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Fin de año con cosas de la peor Argentina. La oposición se las arregla sola para derrotarse.

 

Si es por algunas cosas que pasaron esta semana, bien se le puede dar por una vez la razón a Fernández, que mandó celebrar como triunfo en las plazas la derrota en los votos. ¿Qué pasó? Es la Argentina. O mejor: una de las argentinas que tenemos. 

A horas de rechazar el presupuesto de Guzmán, un mamarracho, la oposición perdió la votación siguiente, que ella misma propuso. Otro mamarracho: sin liderazgo, contaron mal los votos, especialmente el de una legisladora que se fue de vacaciones a Disney. Eso sí, después de jurar. La ventaja con Juntos por el Cambio es que ofrece nuevos personajes de la tragicomedia de la política.

Un día después, el republicanismo de la oposición se fue al tacho cuando tiraron al tacho la ley de Vidal, que había sepultado el mandato indefinido de los intendentes bonaerenses. Ninguna grieta con el kirchnerismo. Todos juntos por la reelección.

Todos tendrán un período más. Intendentes, senadores, diputados, concejales y hasta consejeros escolares. Un vagón de gente en puestos bien pagos y de poder. Sin chances de seguir estaban los caciques de Gran Buenos Aires, que por las dudas habían empezado a ejecutar un plan B: pedir licencia para esquivar la ley. En total, cerca de 20. Casi todos consiguieron otros cargos para disimular. Casi todos salvo uno, el de Merlo, que no lo pensó dos veces: se fue a la casa.

La licencia era una vía de escape que les había dejado la reglamentación de la ley. ¿Error o picardía de los pícaros de siempre? A cargo de esa redacción estuvo Joaquín De la Torre, ex intendente y ex ministro de Vidal y pegado como un velcro a Vidal. Como senador, encabezó ahora la movida contra ley que él mismo había impulsado. Ellos podrán ser reelectos y nosotros no, repetía con Néstor Grindetti, el jefe de Lanús. Traducido: no debían dejar esa ventaja electoral al kirchnerismo. Hay argumentos que conviene no tragar, como el humo de un puro.

La política muestra tanta incapacidad para construir consensos que la sociedad demanda como capacidad para lograr acuerdos que resuelven sus intereses particulares. Negociaron bajar la ley con otro intendente, Martín Insaurralde, antiguo referente del juego en la Provincia y hoy intérprete oficial de los libretos de Máximo en el gabinete de Kicillof. Insaurralde prometió plata para los municipios en manos de la oposición. No convenció a vidalistas y un representante de Lousteau. Pero los intendentes radicales de Abad alzaron no una, sino las dos manos.

La oposición se las arregla sola para derrotarse y el kirchnerismo consigue robarle legisladores, como la tránsfuga Sánchez Jauregui, que le dio en Buenos Aires la primera minoría. O la senadora riojana Clara Vega, que le dio quórum para tratar Bienes Personales. Vega viene del peronismo. Se trepó al carro de Cambiemos en 2017 por un asiento de senadora suplente. Entraron por su lista Julio Martínez e Inés Brizuela. Y entró Carlos Menem, por la minoría. Brizuela se pasó a la intendencia de la Capital y Vega reclamó el cupo femenino para reemplazarla. Los radicales se opusieron, pero Vega les ganó en la Justicia, con ayuda de Cristina y de Malena Massa. Y se volvió cuentapropista: a veces vota con el Gobierno o se borra cuando le conviene al Gobierno. Hizo campaña contra el aborto y no apareció en la sesión. Tiene sus principios, pero puede cambiarlos.

También el miércoles se borró de la discusión del presupuesto en Santa Fe el diputado Rubeo, hijo de un sindicalista de la Carne. Partió con su novia de vacaciones a las Islas Maldivas, en el Indico. Otra prueba de que el peronismo auspicia el ascenso social. Al menos de sus dirigentes. Y por una gestión humanitaria, dos camaristas le dieron permiso a Boudou para que también pueda gozar de vacaciones en el Caribe. Eso sí: hasta el 31 de enero. No había podido viajar en Navidad por orden de otro juez. Pero Mariano Borinsky y Angela Ledesma dijeron que el ex vice, condenado a cinco años y diez meses por corrupción y que tendría que estar preso, puede cumplir la prisión domiciliaria en playas mexicanas. Un gesto conmovedor, comparable al del juez Obligado, que en la pandemia lo sacó de la cárcel porque dijo que su mujer precisaba ayuda para cuidar a sus dos hijos.

En fin, un fin de año muy de argentinos que hacen cosas como estas. No de todos los argentinos. Ningún brindis por este lado. Muchos creen que esto no va a cambiar. Otros creemos que se pueden cambiar, que es necesario que cambien pero que depende de nosotros. Tenemos una hoja en blanco para escribir algo mejor en el 2022. Un deseo: que el virus se vaya pronto y que el año que empieza traiga más alegrías y menos indignaciones. Que no sea peor que el que se va. No parece muy difícil teniendo cuenta cómo fue el 2021. Pero acá nunca se sabe. 

Ricardo Roa

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