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Viernes, 28 Enero 2022 13:21

La banda sonora de la historia argentina - Por Loris Zanatta

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¿Firmará el Gobierno un acuerdo con el Fondo Monetario? Seguro que el culebrón durará un rato más, en un crescendo teatral, entre indiscreciones y escándalos, frases grandilocuentes y gestos para la platea.

¿Firmará el Gobierno un acuerdo con el Fondo Monetario? Seguro que el culebrón durará un rato más, en un crescendo teatral, entre indiscreciones y escándalos, frases grandilocuentes y gestos para la platea. Estamos acostumbrados, es la banda sonora de la historia argentina. 

Por supuesto, desconozco la respuesta a la fatídica pregunta, pero intentaré, historia en mano, ponerme en los zapatos peronistas para imaginar qué podría pasar.

El primer escenario es el más lógico y probable: el Gobierno firma, el Fondo le dora la pastilla lo suficiente para que intente negar haberse bajado los pantalones. No sé cómo, pero no importa, no es el punto.

Viene el ajuste, lágrimas y sangre. Vendrá de todos modos, lo exigen los datos económicos, más parecidos a los análisis de sangre de un alcohólico empedernido que de un joven deportista. Pero, la culpa será del Fondo, ¿qué duda cabe? Hasta ahí, todo normal, fisiología peronista: nunca asumir responsabilidades, negar hasta la evidencia, como el marido pillado con la amante.

Este será el desenlace porque el peronismo puede ser pragmático y racional, se nos recuerda a menudo. ¿Acaso Perón no dio el ejemplo? ¿No impuso un ajuste en su segundo mandato? Dijo palabras fuertes, dignas de un “gorila”: hay que trabajar, producir, ahorrar, invertir. No más ausentismo, no más holgazanes. Bienvenido sea el capital extranjero. ¡Una especie de neoliberal!

Pero es contar la historia a medias. Un gobierno peronista no puede tomar esas medidas, pedir crédito a Estados Unidos entonces o firmar acuerdos con el Fondo hoy, así no más. ¿Qué quedaría de sus credenciales “revolucionarias”, de su credibilidad a los ojos del “pueblo”? No lo digo yo, era el propio Perón quien así lo explicaba a los diplomáticos.

¿Entonces? No es casualidad que los años del ajuste fueran también aquellos en los que el régimen consolidó sus rasgos totalitarios: monopolio de los medios, doctrina justicialista en las escuelas, nuevas circunscripciones electorales para cancelar la oposición, verticalismo y veinte verdades, comunidad organizada, represión. Me detengo, podría seguir.

Mutatis mutandi, es lo que se vislumbra hoy. Porque lo que muchos argentinos viven como un vía crucis, el peronismo lo celebra como una marcha triunfal. Y está dispuesto a repetirlo, no conoce otro guión. ¿Debe tragarse el acuerdo con el Fondo? ¿Hacer de la necesidad virtud?

De acuerdo. Pero no sin levantar un gran alboroto, crear un clima de aquelarre, arremeter contra el chivo expiatorio de turno. Si tiene que aflojar, mejor cubrir la retirada disparando balas de gran calibre: táctica militar para principiantes.

El asalto a la Corte es una. La alianza con los dictadores de medio mundo es otra. Supongo llegará pronto una nueva ofensiva contra los “medios hegemónicos”, el campo, los chetos y los cipayos, otra ola más de pan y circo, “futbol para todos” y cosas por el estilo. Dios no quiera que la debilidad ideológica les haga perder el poder.

Este, decía, es el primer y más probable escenario, en caso de que prevalezca el sentido común del “peronismo de Perón”: un eufemismo. Pero hay un segundo, no sabría decir si mejor o peor, Ustedes lo dirán. Es el caso en que se imponga el “peronismo de Eva” y decida romper con el Fondo: ¡allá ellos! Suena absurdo, fuera del mundo, casi suicida.

No así para quienes adoran a quien alababa y practicaba el fanatismo. Su forma de razonar es: ¡Muera Sansón con todos los filisteos! Culpa de Macri, del Imperio, del Capital, gritarían desatando la cacería humana, felices por el beau geste que calienta los corazones, aunque vacíe las billeteras.

La vicepresidenta coqueteó siempre con el evitismo y la tentación de tirar la toalla debe ser fuerte. Erigirse en heroína anticapitalista mientras el capitalismo goza de tan mala reputación, debe atraerla mucho. Dios no quiera que la debilidad del poder le contamine la ideología. Ya saborea el cálido aplauso de los intelectuales europeos, se prepara para recibir a los cineastas estadounidenses, capaz que se vea protagonista de una serie épica en Netflix.

Obnubilado, el Gobierno podría invocar la geopolítica. China avanza y Estados Unidos retrocede. El siglo americano ha terminado. El orden liberal también. América Latina marcha unida hacia la Patria Grande. Los gobiernos pro-occidentales caen como alfileres, desde México hasta Perú, desde Macri hasta Chile, pronto será el turno de Colombia y Brasil.

¿Cuba, Venezuela, Nicaragua? Tienen la puerta abierta, se la abre la CELAC. Y en Roma, un Papa amigo vela por la cristiandad: ¿no acaba de nombrar a Martín Guzmán para la Academia de Ciencias Sociales, a costa de carcomer su prestigio?

¡Qué gran señal para un gobierno que acaba de ser derrotado en las urnas! ¿Un reproche a los argentinos por cómo votaron? En definitiva, de romper con el Fondo, tendría las espaldas cubiertas.

Ahora permítanme quitarme los zapatos peronistas, en los que no me siento muy cómodo, para evaluar con serenidad ambos escenarios. Sin duda, el Gobierno tiene sus cartas para jugar y una larga experiencia peronista para aprovechar.

Pero ni uno ni otro pueden funcionar. El primero porque la mayoría de los argentinos ya no pica el anzuelo de la “conspiración externa”, está harta del antiimperialismo de opereta, no se conforma con el paternalismo circense. Las elecciones lo demuestran. El segundo porque confunde los sueños con la realidad, la fe con la razón, un crónico vicio peronista.

Ni Estados Unidos es tan débil, ni China es un aventurero altruista, ni la nueva “marea rosa” que se levanta en América Latina rema al unísono en la misma dirección. Incluso la ayuda del Papa tiene límites. Poco antes de caer, Perón se creía en la cima de la gloria. Cayó solo y aislado.

Loris Zanatta

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