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Lunes, 31 Enero 2022 12:49

El “trastorno límite de la personalidad” (TLP) - Por Carlos Berro Madero

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Con la curiosidad propia de quienes no logramos entender el sentido de las habituales acrobacias y extravagancias de Cristina Fernández, e interpretar mejor qué podemos esperar de ella luego del reciente pre acuerdo celebrado con el FMI, hemos consultado diversos trabajos de psiquiatras y psicólogos clínicos sobre los procesos mentales inconscientes de las personas.

Entre otros, Dolf Zillmannn, Gloria León, Stephen Doher, Eric Shaps, Carl Jung, Wayne Dyer, Enrique Rojas, Daniel Goleman, como así también artículos del “Journal of the American Medical Association” de los Estados Unidos. 

Nuestra conclusión, es que solo hay un modo de entender al personaje de marras: recorrer su historia y la relación de la misma con determinaciones que definen cierto tipo de inestabilidades emocionales como un “trastorno límite de la personalidad” (TLP).

Algunos indicios, por su reiteración y abundancia, permiten clasificarla dentro de este cuadro clínico: a) enojos que culminan en “embestidas” discursivas altisonantes; b) descarte de seguidores que no le demuestren fidelidad sin cortapisas; c) incapacidad por sentir placer más allá de lo que rodee el culto a su persona; d) sarcasmo y desdén cuando se refiere despectivamente a sus contradictores (a quienes “pinta” como diablos maléficos); e) cambio constante de metas y valores según convenga a sus intereses; f) fuerte impulsividad acompañada por expresiones airadas; g) rechazo violento de cualquier crítica que siente la desvaloriza; h) reclusión hermética respecto de acontecimientos que salen de la esfera de sus obsesiones; i) ambición por ser tratada como alguien intelectualmente superior; j) imposibilidad de proponer nada orgánico ni ordenado conceptualmente (lo cual la hizo trastabillar reiteradamente durante sus dos períodos presidenciales).

El trastorno límite de la personalidad, (“borderline”), tiene dos orígenes principales según los expertos: ciertas predisposiciones genéticas, y conflictos vinculados con el abandono y la soledad sufridos durante la infancia.

En su caso, referidos seguramente a los años de estrechez habitacional y económica vividos en Tolosa, donde nació (lo que explicaría de alguna manera su particular relación con el dinero) y el haber sido adoptada por un señor Fernández, que intentó reemplazar el rechazo de paternidad por parte de su padre biológico, por razones de las que existen versiones contrapuestas; algunas de ellas descriptas por Gabriela Brunetti, compañera de colegio de Cristina, quien se explaya con pelos y señales en su libro “Arréglate como Puedas”.

Brunetti relata, entre otras cuestiones, los pormenores del noviazgo adolescente de Cristina con un joven de la sociedad platense, Raúl Caferatta, durante unos cinco años, para terminar, finalmente corriendo (sin recibirse de abogada, de acuerdo a las fechas que analiza minuciosamente), detrás de Néstor Kirchner, a quien conoció en la universidad, un joven desenfadado capaz de “dar vuelta una media”, por decirlo de alguna manera, quien la fascinó por su desparpajo.

Otro antecedente bastante peculiar, proporcionado por algunos periodistas del diario OPI Santa Cruz, se sumó a estas referencias de juventud, al exhibir imágenes del analítico del título profesional de Cristina (quien nunca ejerció ni se registró en el Colegio Público de Abogados según constancias habidas), que está inscripto sobre uno borroneado, eventualmente de otro estudiante, algo absolutamente extraño para quienes conocen la técnica con la que se registran los títulos a fin de que resulten inviolables.

Nadie desmintió ni aclaró nunca esta información. Y es posible que a la fecha se hayan “enmendado” estos rastros eventualmente irregulares.

La estrechez que ya mencionamos debe haber despertado en ella una avidez por obtener una suerte de “reparación”, explicando en alguna medida su pasión por el dinero, la ropa de lujo y las alhajas, como así también ciertos actos “avariciosos” de los que fuera protagonista con su esposo Néstor; sumado a su reciente petición al ANSES –por dar un ejemplo al azar-, sobre el supuesto derecho a cobrar jubilaciones y pensiones “acumulativas”, contraviniendo disposiciones legales.

Unas “selfies” recientes de su hija Florencia –supuestamente “curada” en Cuba de una extraña enfermedad-, exhibiendo una delgadez espeluznante y haciendo manifestaciones algo incomprensibles, y las intempestivas apariciones del tipo “patrón de estancia” de Máximo, en las que suele despotricar contra los organismos internacionales de crédito abogando enérgicamente por los pobres, mientras se ve obligado a pagar la tasa máxima del impuesto a la riqueza en la AFIP, hacen pensar que algo no anduvo nunca demasiado bien en la familia Kirchner-Fernández.

Creemos pues que cualquier especulación de tipo político - sobre el FMI o sobre cualquier otra cuestión-, que excluya el análisis psicológico de quien parece atrapada por sus “demonios interiores”, está destinada al fracaso.

Porque como ha ocurrido a través de la historia con megalómanos y demagogos, no tendremos paz hasta que Cristina Fernández  termine cayendo por sus propias inconsistencias conceptuales.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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