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Miércoles, 16 Febrero 2022 12:23

“La Argentina soy yo” - Por Carlos Mira

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Cuenta la historia que, en un colegio de Inglaterra, William Webb Ellis, cansado ya de perder en los partidos de fútbol, tomó la pelota con la mano y la llevó hasta la meta contraria en abierta contradicción a las reglas del juego. Su objetivo de triunfar en el fútbol no tuvo éxito, pero, sin saberlo dio origen a otro deporte, el rugby.

La voracidad ilimitada de Cristina Fernández de Kirchner, esa misma que la descalifica como una figura democrática y la coloca en el bando de los autócratas, va a forzar un nuevo conflicto en el Senado con la clara intención de desconocer el resultado electoral de noviembre pasado. 

En ese sentido, llama la atención la proverbial inocencia de la oposición, que, ahora, viendo en retrospectiva la campaña de aquellas elecciones, uno no puede menos que recordar a muchos de sus líderes diciendo que con “cinco senadores cambiamos la República”, en referencia a que había que ganar la batalla electoral en el Senado para arrebatarle a la jefa del gobierno el quórum automático allí y con eso frena el avance kirchnerista.

Y, en efecto, hay que admitir que en cualquier democracia normal, integrada por partidos normales y democráticos y por líderes civilizados y respetuosos, es probable que ese razonamiento fuera aplicable (sin dejar de notar que con partidos y dirigentes normales esa advertencia no habría sido necesaria en primer lugar).

Pero en la Argentina existe un “partido” que no es “normal” y el gobierno está en manos de una persona que no es “democráticamente normal” (aunque muchos, de esta última frase, retirarían la palabra “democráticamente” y dirían solo que “no es normal”).

La Argentina funciona hace mucho tiempo ya (mucho más del aconsejable) con lo que es una “mentirita” para cualquier democracia normal. En cualquier democracia normal quienes participan activamente de la política parten de la aceptación de que ellos con sus “partidos” representan una “parte” de la sociedad y no a la sociedad completa. Es decir, desde el origen, hay una admisión de que ese partido tiene enfrente a otros con las mismas aspiraciones y con los mismos derechos democráticos que le asisten a él por lo que, incluso en los momentos de triunfo, aceptarán que no son el todo.

La Argentina, en ese sentido, tiene un problema con el peronismo. El peronismo cree que es el todo; cree que es la Argentina misma y no le reconoce a los demás la capacidad de ser organizaciones políticas con los mismos derechos que él para ejercer el gobierno o, incluso, la oposición. Se trata de una anomalía flagrante al entendimiento de la democracia normal. Algunos llaman a este fenómeno “democracia aluvional” como queriendo transmitir la idea, justamente, de un aluvión de agua y barro que cubre todo a su paso y que no respeta nada más que su propia fuerza.

Pero continuar utilizando la palabra “democracia” para describir ese fenómeno –aun cuando luego se lo aclare con el término “aluvional- es una contradicción, un oxímoron: un partido que aspire a considerarse el todo ya comienza por negar su condición de ser solo una “parte” con lo que todo lo que venga después para disfrazar eso de democracia, es eso, un disfraz.

Ahora, la Sra. de Kirchner, frente al hecho de que la sociedad le notificó en noviembre que, efectivamente, están muy lejos de ser el “todo” recurre a la fuerza del aluvión para desconocer ese resultado y ese hecho.

El grotesco máximo que la historia argentina recuerda (y que hay que ir a buscar en el mundo justamente ejemplos claramente antidemocráticos para empardarlo) fue el episodio de la trasmisión del mando en 2015, en donde la comandante de El Calafate recurrió al simbolismo de no entregar los atributos del mando para enviar un mensaje vívido y directo de que no reconocía la legitimidad del nuevo gobierno por el mero hecho de que no era el suyo, a quien considera, el único legítimo, nacional y popular, aun cuando la voluntad popular le deje expresamente en claro que no es así).

Ahora, en el Senado, estamos en presencia de un hecho de la misma especie pero en su versión legislativa. Aquel eslogan de campaña (“cinco senadores para recuperar la República”) efectivamente dio resultado y la oposición ganó los cinco senadores y con ello le arrebató el quórum propio al peronismo en la cámara, un hecho que nunca había ocurrido desde la recuperación democrática.

Pero la Sra. de Kirchner mandó a su tropa, encabezada por el senador Mayans de Formosa a notificarle a la oposición que el peronismo piensa quedarse con las presidencias de todas las comisiones de la cámara, incluidas aquellas que eran presididas por JxC antes de su victoria en noviembre. Es decir, Cristina Fernández no solo mandó a su gobierno a festejar la derrota, sino que pretende actuar en los hechos y a forzar las instituciones como si de verdad hubiera ganado.

Ya había enviado un mensaje en ese sentido cuando se votó la suba de impuestos a los bienes personales. Allí recurrió a una senadora que teóricamente había sido electa por la oposición para sentarla en el recinto, conseguir quórum y votar la ley que venía de Diputados.

Pero ahora el aluvión de agua y barro quiere ir por más e incluso arrebatarle la titularidad de las comisiones que tenían los que ganaron.

Una democracia republicana no puede funcionar así. En ella hay un elemento camuflado, que no es democrático, que utiliza a su favor todo lo que le conviene de la liturgia republicana pero que desconoce olímpicamente todo cuanto no le agrada y va en contra de sus intereses y, sobre todo, de su poder.

¡Así no se puede jugar! Diría cualquier chico en un campito de fútbol cuando quien disconforme con el resultado, emulando a William Webb Ellis, agarra la pelota con la mano y se la lleva a su casa; o pero aun: agarra la pelota con la mano, marca un gol con ella bajo el brazo, se da por ganador del partido y luego lo declara terminado. Ese es otro deporte en todo caso, pero no fútbol.

Con el sistema argentino ocurre lo mismo: llamamos alegremente democracia a algo que, desde que apareció el peronismo (y ahora con su más fiel reproducción, el kirchnerismo) no es democrático. La sociedad ha aceptado esta extorsión y sigue utilizando palabras de un sistema racional para referirse a lo que es una aspiración de régimen de partido único.

La oposición debe no solo resistir este embate sino denunciarlo todos los días, como si su misión en la Tierra, al menos por ahora, fuera solo esa. Y hacerlo hasta que la anomalía cese.

Carlos Mira
https://thepostarg.com/editoriales/la-argentina-soy-yo/#.Yg0mo-jMI2w

Carlos Mira

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