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Miércoles, 02 Marzo 2022 10:34

¿La geografía comienza a perder relevancia? - Por Carlos Berro Madero

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“La esperanza no consiste en la convicción de que algo saldrá bien necesariamente, sino en la certeza de que sea sensato, de cualquier modo, que resulten las cosas finalmente”
- Václav Havel, ex Presidente de la República Checa

Asistimos en estos tiempos a un escenario mundial donde la importancia del “lugar” ha perdido relevancia, acorde con distintas percepciones subjetivas de la historia conocida, de modo tal que algunas diferencias sociales y políticas no guardan ya una estricta relación con lo que ocurre “fronteras adentro” de cada nación. 

Por otro lado, la nueva tecnología permite que se derrame una suerte de lava hirviente sobre las redes sociales, mientras muchas personas permanecen en un mismo sitio solo temporalmente, debido muchas veces a razones de subsistencia, barriendo en alguna medida algunos conceptos de territorialidad que caracterizaban la vida de antaño, donde la “pertenencia” era el rasgo distintivo de la vida humana en este mundo.

Esto ocurre merced a una explosión demográfica fenomenal, que suma disconformes día a día entre los hombres del común con la porción de torta que les ha tocado en el reparto, expresándolo en forma atomizada y disonante, mediante la ayuda de un pequeño teléfono celular y su acceso a la Internet.

El mundo transita por márgenes estrechos, en los que las decisiones más trascendentes tardan a veces pocas horas en cambiar de sentido y razón de ser; y este impulso acelerador comienza a afectar a todos los seres humanos por igual, creando una zozobra emocional psíquicamente incontrolable.

Porque la temporalidad ha llegado para quedarse, montada sobre una ola donde cosas y lugares que pasan ante nuestros ojos de manera arrolladora, afectando en muchos casos la cordura de algunas decisiones que puedan establecer una convivencia social armónica y permanente.

La invasión de Rusia a Ucrania confirma todo esto, porque además de ser insensata en los términos del sentido común, constituye un “dejà vue” que recuerda el comienzo de la Segunda Guerra por un lado, y una evidencia a gran escala de lo que ocurre en un mundo donde fronteras y “lugares” sufren los vaivenes de las interpretaciones de autócratas que deciden redactar un nuevo contrato social “de facto” que convenga a sus intereses…o a su locura.

Estos hechos, nos han pillado “in fraganti” ante extravagancias inesperadas que lesionan severamente el orden y el apego a la ley internacional, que primaron en la sociedad antes de la irrupción de este nuevo “módulo pendular temerario”.

Mientras esto ocurre, el Frente para Todos y la izquierda de nuestro país, insisten en sostener anacronismos conceptuales que ponen en evidencia su ideología anquilosada, sin advertir las características esenciales de una temporalidad “in crescendo”.

Asistir a las peroratas de algunos de sus dirigentes y sufrir los silencios de quienes demuestran ser tan ignorantes como los que hablan, nos han dejado inermes frente a vientos de cambio que entrarán irremisiblemente por las rendijas de cualquier ventana entreabierta, a pesar de su insistencia en desconocer una nueva realidad que debe resolverse con inteligencia y sin preconceptos ideológicos, rechazando el “abrazo de oso” que nos proponen aquellos que eligen masacrar a sus vecinos para transformar un escenario territorial que consideran injusto para ellos.

Porque si tienen éxito en su gestión, algún día no muy lejano vendrán seguramente por nosotros.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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