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Miércoles, 09 Marzo 2022 12:17

No hay nada nuevo bajo el sol - Por Carlos Berro Madero

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Bien decía el poeta estadounidense Henry W. Longfellow -con humor y cierta resignación-, que lo mejor que podemos hacer cuando llueve es dejar que llueva sin rezongar inútilmente, porque en algún momento parará.

En el caso de las “precipitaciones” conceptuales de Alberto y Cristina, solo resta preguntamos entonces al respecto: ¿cuándo terminará un relato que tutela la supuesta excelencia del cambio político que promueven? 

Un cambio que solo representa en realidad la quintaesencia del pensamiento de algunos seres primitivos –como ellos-, sin conocimientos apropiados para la función que desempeñan, mientras invocan un mantra populista ineficiente y mentiroso, pretendiendo hacernos creer en un nuevo “orden” donde todos sus anatemas encontrarían explicación.

El afamado psicólogo alemán Wolfgang Köehler sostenía en su tiempo que la potencia de un intelecto se mide siempre por su capacidad para disociar razonablemente ciertas cosas. Algo que no entienden Alberto y Cristina cuando abrazan su Gobierno con el partido político al que pertenecen, o juegan con sus preferencias alternadas entre Oriente y Occidente como si fuesen piezas de plastilina moldeables “a piacere”.

¿Cómo sacar algún provecho entonces de las futilidades, mentiras y divagaciones a las que nos tienen acostumbrados?

Hay una frase de Ortega y Gasset que les calza como anillo al dedo: “no es fácil de formular la impresión que tiene de sí misma una época que cree ser más lista que las demás, mientras se siente como un comienzo de algo, sin estar segura de no ser una verdadera agonía”.

Es muy posible que los desvaríos del gobierno respondan a la agonía señalada, la cual parece haberse apoderado de “los Fernández” al percibir en su fuero íntimo que no logran conducir nada exitoso, sumergidos en una estupidez que no pueden dominar, que los lleva a abrazarse a otra de inmediato.

Por todo ello, quizás sea bueno seguir en la práctica el consejo de Longfellow con que encabezamos estas reflexiones, y dejar que “lluevan” sus discursos sin inmutarnos demasiado. Porque dedicarnos a analizar el contenido de las paparruchas a que nos someten casi diariamente, solo puede potenciar nuestra indignación de manera insalubre.

Finalmente, deberíamos recordar que la realidad no es tan difícil de ser interpretada, pero es reconocida por aquellas personas que se caracterizan por rendirle culto al sentido común, y se preocupan de hacerla ver a los demás –por su propio bien-, mediante palabras claras y sencillas.

No es el caso de “los Fernández”, que responden a la regla de quienes hacen lo indebido a causa del miedo a quedarse con las manos vacías, mientras luchan desesperados por mantener intactas sus oportunidades para ir “por todo” (Cristina dixit).

Olvidan con seguridad que “la tierra siempre permanece; y sale el sol y se pone el sol, apresurándose a volver al lugar de donde sale” (Eclesiastés).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Carlos Berro Madero

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