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Viernes, 13 Mayo 2022 11:11

Entre Yira y Yira y el Martín Fierro - Por Jorge Raventos

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Durante su vertiginosa gira europea, el Presidente Fernández intentó tejer convergencias cooperativas con los estados que visitó, y subrayó las oportunidades que puede ofrecer Argentina, con su rico potencial energético, a un continente amenazado por la escasez de gas y petróleo que se deriva de la invasión del Kremlin a Ucrania y, fundamentalmente, de las sanciones que las potencias occidentales han dispuesto para castigar a Rusia: dejar de comprarle petróleo y, eventualmente (el tema se discute acaloradamente en la Unión Europea) cortar también la provisión rusa de gas (equivalente al 45 por ciento del gas que importa la UE).  

El Viejo Continente tiene que encontrar proveedores alternativos de energía y Fernández fue a recordarles (a españoles, alemanes y franceses) que se abre la oportunidad para una asociación virtuosa: Argentina tiene lo que Europa requiere (recursos energéticos) pero necesita lo que de allá pueden aportar (inversiones para extraerlos, transformarlos y exportarlos). Fue una iniciativa repentina pero oportuna. Sus interlocutores lo escucharon con interés, pero por cierto no hubo respuestas: esos gobiernos sólo improvisan después de estudiar a fondo sus posibilidades y oportunidades. 

A juzgar por las declaraciones periodísticas que produjo durante su viaje, Fernández eligió la distancia para responder a los ataques que ha sufrido recientemente desde la trinchera K. El Presidente se siente más bien "torazo en rodeo ajeno" que toro en cancha propia.

La operación especial de CFK

La última semana, su vicepresidenta había pronunciado un discurso enjundioso al recibir en Resistencia una distinción honoris causa de la Universidad del Chaco Austral. La señora de Kirchner no se privó allí de clavar algunas banderillas en el lomo presidencial, pero, si bien se mira, defraudó las expectativas creadas por la prensa, que esperó en vano una declaración de guerra abierta. Su conferencia (titulada "Estado, Poder y Sociedad: la insatisfacción democrática") no tuvo la belicosidad que muchos pronosticaban, no empardó otras intervenciones suyas ni fue congruente con la áspera prosa que venía deletreando su principal telonero, Andrés El Cuervo Larroque, el "látigo" de La Cámpora, a raíz de cuyas declaraciones el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, sospechó que "el objetivo que persigue es inconfesable. no sé si la intención es bajar al Presidente".

La vice interpretó el viernes 6 un papel menos notoriamente belicoso, disimulando el filo de su faca con la fría envoltura, presuntamente objetiva, de una presentación académica. No se privó de describir la estatura política de Fernández antes de que ella lo apuntara como candidato presidencial ("alguien que no representaba ninguna fuerza política") como argumento para explicar por qué ella no puede disputar poder con él, como sí podría hacerlo con quienes sí representan y ejercen cuotas de poder, como Sergio Massa, el jefe cegetista Héctor Daer o el líder del Movimiento Evita, Emilio Pérsico. Un elegante giro retórico para pintar simultáneamente la impotencia que atribuye al Presidente y el lugar de rivalidad (no siempre hipotética) en el que ubica a los otros tres personajes, Massa incluido.

En su cuestionamiento más directo al gobierno de Fernández, la señora afirmó que su "mayor preocupación y también mayor sensación de amargura es por la confianza que nos depositaron. Los anhelos, las esperanzas. La verdad es que creo que no le estamos haciendo honor a tanta confianza, tanto amor y tanta esperanza". Pero se empeñó, apelando al diccionario etimológico, en rechazar la idea de que esté luchando con el gobierno y con el Presidente. Parafraseando a Vladimir Putin, podría decirse que lo que sus muchachos de La Cámpora y sus escuderos del Instituto Patria están desarrollando en relación a la Casa Rosada no es una guerra, sino una "operación especial". Un debate de ideas, lo llamó ella, que se libra "en el seno del Poder Ejecutivo. Porque es obvio que la vicepresidenta integra el Poder Ejecutivo; preside el Senado pero, es parte del Ejecutivo".

En rigor, el artículo 87 de la Constitución señala taxativamente que "El Poder Ejecutivo de la Nación será desempeñado por un ciudadano con el título de Presidente de la Nación Argentina". En cuanto a el/la vicepresidente, el artículo 88 estipula que ejercerá el Poder Ejecutivo solo "en caso de enfermedad, ausencia de la Capital, muerte, renuncia o destitución del presidente".

De modo que el debate no se está dando "en el seno del Poder Ejecutivo", sino más bien contra el Poder Ejecutivo.

En ese debate -puesto que la vice no quiso hablar de lucha- , ella reclama "que nadie se haga la víctima", si bien se queja de que hay golpes por debajo del cinturón (por ejemplo: "hacer declaraciones en off y hablar de la función pública como cajas").

Dejando de lado ese tipo de pullas y equívocos, el discurso de la vice no tomó como blanco principal la figura del Presidente, sino sus obsesiones favoritos: la Justicia, la oposición neoliberal, el FMI (como expresión de políticas que determinan injusticia social y en última instancia, siembran la "insatisfacción con la democracia", tema de título de la ponencia. Nada demasiado nuevo en ese sentido.

Sin embargo, hay algunos puntos del discurso que lucieron novedosos, aunque hayan quedado eclipsados por la atención que se suele poner en los temas repetidos. Como el público de los músicos masivos, seguidores y adversarios de la señora de Kirchner prefieren los hits cuya letra conocen por sobre las piezas más o menos nuevas, por interesantes que sean.

Por caso, al mencionar a "la economía bimonetaria" que impera en el país como "el problema económico principal", la señora mencionó la necesidad de "abordar un acuerdo de todas las fuerzas políticas argentinas" para resolverlo. No es habitual en el repertorio de la vicepresidenta aludir a acuerdos políticos amplios.

Otro punto interesante: la vice destacó el papel del capitalismo como sistema que permite impulsar la producción, el crecimiento y el trabajo. Lo hizo al señalar el formidable desarrollo de China: "En términos de eficiencia de un sistema capitalista para incluir trabajadores, o sea para incluir a la gente en el sistema de producción capitalista, diría que hoy el más exitoso es el de China. A ver, en 70 años no se registra en la historia del capitalismo mundial alguien que haya incorporado la cantidad de hombres y mujeres a un proceso de producción capitalista de bienes y servicios de la entidad que la ha llevado China adelante". Acuerdos amplios, capitalismo a la china: el discurso de la señora de Kirchner, sin bajar decididamente combatividad de su sector en la relación con el Ejecutivo, pareció moderar el tono, como si la visión del vacío que produciría un colapso del gobierno suscitado por la pelea interna y sus consecuencias la hubiera refrenado. Retroceder ante el abismo suele indicar, más que el temor a caerse, el miedo a tirarse.

Un paso atrás, dos adelante

Con todo, un pasito atrás de la prosa vicepresidencial no debería suscitar ilusiones: la operación especial del cristinismo -"el debate"- está lejos de haber concluido. La impotencia que la señora le adjudica al Presidente hace juego con la de ella misma: él no puede obedecer los reclamos de su valedora sin aniquilar los restos de autoridad que le proporciona la figura constitucional que encarna; y ella no puede permitir que él se resista sin desgastar su propia autoridad política sobre sus seguidores; por lo menos tiene que diferenciarse nítidamente de un rumbo que, a su juicio, dañará gravemente a sus bases electorales.

En la crucial discusión sobre las tarifas energéticas que se inició el miércoles, el ministro de Economía desplazó de esas audiencias que determinarán un incremento funcional a los acuerdos alcanzados con el FMI al cristinista Federico Basualdo, opositor a esos aumentos, y envió en su lugar al subsecretario de Planeamiento Energético, Santiago López Osornio, que acompaña la postura de Guzmán. El ministro comenzó así a aplicar la máxima "seguiremos con los que estén de acuerdo".

El Presidente, desde lejos, dio inclusive una vuelta de tuerca a la consigna: los aumentos son una política oficial, por lo tanto "quien no puede tomar esa decisión no puede seguir en el Gobierno".

En Buenos Aires, Aníbal Fernández se hizo inmediatamente eco de ese cambio: "Es un gesto de autoridad histórico. La política la fija el Presidente. Si alguien mete palos en la rueda, debería correrse e ir a trabajar a otro lugar". Hasta diez días atrás, a los disidentes no se les pedía que se fueran, sino apenas que no estorbaran.

¿Se ha producido, durante el viaje a Europa, un "empoderamiento" del Presidente? Apenas llegó a España, Alberto Fernández empezó a replicar con firmeza, sino a todos los ataques K, sí a varios de los esgrimidos por la señora de Kirchner. Se nota en este compacto de respuestas a la prensa: "Cuando alguien dice que nuestros votantes pueden estar decepcionados con nosotros -señaló, por ejemplo-, creo que nuestros votantes son conscientes de que tuvimos que enfrentar una pandemia. Nuestro votante entiende las dificultades. No he decepcionado a mis votantes". Agregó: "Creo que (la de Cristina) es una mirada parcial, absolutamente económica, que desatiende todo lo que nos tocó pasar. Tengo un enorme respeto por Cristina (...) pero hay cosas en las que no comparto su mirada. Además, he sido públicamente crítico con su gestión de gobierno. Todo el mundo sabe que tengo una mirada diferente. Respeto lo que dice, pero pido que respeten lo que digo yo. El presidente de la nación es quien manda en Argentina. Desde 2019 decían que yo sería un títere de ella. Pero la verdad es que yo tomo las decisiones. Eso no quiere decir que no escuche a Cristina, que desprecie su opinión. Pero la decisión la tomo yo.

No creo que en Argentina nadie esté seriamente pensando en un proceso de desestabilización después de todo lo que hemos vivido. Cristina probablemente estará más convencida de lo que ella hizo en sus tiempos de Gobierno. Yo la respeto. El debate no me preocupa, me preocupa la obstrucción al Gobierno, es que a veces las voces se vuelven tan altisonantes que no dejan ver la realidad".

Del ensueño a la realidad

Es difícil -si no imposible- encontrar en la Argentina un número semejante de definiciones similares concentradas en tres jornadas. Con todo, el tono fue modificándose a medida que se acercaba la hora del retorno. Después de entrevistarse con el canciller alemán Olaf Scholz, ya sobre el avión y ante periodistas argentinos, el Presidente aclaró que "yo no tengo una disputa con Cristina. Tengo diferencias. En el 2023 debemos hacer lo que sea necesario para ganar". Pareció aproximarse a la interpretación K del "debate" y retornar a la idea de que "lo principal es la unidad para ganar".

Pero está claro que levantar una bandera blanca no librará al gobierno de la ofensiva K, dispuesta a demostrar en la práctica que sus pronósticos negativos se cumplen: los proyectos impulsados por el camporismo y sus aliados en el Congreso (pago anticipado del incremento de salario básico, incorporación de más de 700.000 personas sin aportes suficientes a los beneficios previsionales, implantación de un salario básico universal) tienden a chocar de frente con los compromisos adoptados con el FMI y a hacer estallar esa línea de acción. Los aplausos de la señora de Kirchner a los aumentos alcanzados por el gremio bancario en sus discusiones paritarias suenan a una intención de indexar la economía (es decir, una contramedicina a cualquier intento de contener la inflación).

En abril la inflación fue de 6%. Menos que en marzo, pero no lo suficiente para calmar los nervios de los actores económicos. El conjetural "empoderamiento" del Presidente -un bello sueño suscitado durante el viaje a Europa- está puesto a prueba en la turbulenta realidad argentina, entre "debates" envenenados, remarcaciones, un paulatino desplazamiento de los conflictos al control de la calle, lejanas fantasías electorales y aliados que, como en el Yira-Yira de Discépolo, "se prueban la ropa que vas a dejar".

Jorge Raventos

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