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Miércoles, 27 Julio 2022 11:26

La pelea con el BID o el costo de meter la ideología todo el tiempo - Por Ricardo Roa

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Después de una pelea de Alberto Fernández con el jefe del banco, se cayó un crédito ya acordado a la Argentina.

Lo único que nos faltaba era pelearnos con el presidente del BID, una de las poquísimas fuentes de crédito internacional que nos quedan. Y, obviamente, nos peleamos. ¿Qué acaba de decir Mauricio Claver-Carone? Que nuestro país no reúne las condiciones para merecer un préstamo. Hay que aclarar: cuando decimos nuestro país decimos, en realidad, el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner y viceversa. 

Normalmente los organismos internacionales, sobre todo el BID, no hacen estas cosas. Ni andan sancionando a los gobiernos. Todo lo contrario. Dice Claver-Carone: “El éxito de Argentina es el éxito del BID, pero el tumultuoso historial financiero de Argentina afecta singularmente los costos del banco”. La primera línea puede sonar falsa. Pero sólo la primera: el costo de los préstamos a la Argentina le sale al banco cuatro veces más caro que el promedio de los que otorga.

Esperábamos ahora un crédito automático de US$ 500 millones y otros por US$ 300 millones, atados al acuerdo con el Fondo. Es poca plata en el mundo financiero, pero estamos tan mal que para nosotros es muchísima. No vendrán y todos entendemos lo que esto significa. Claver-Carone, con un nombre maldito para el kirchnerismo, Mauricio, es un abogado de padre español y madre cubana que nació en Miami y que Trump puso al frente del BID, quebrando una tradición de 60 años que reservaba ese sillón para un latinoamericano.

Siempre listo, Fernández le peleó la candidatura con Gustavo Béliz, que había sido funcionario del banco y que debió bajarse dos días antes de la elección por falta de votos. Error de cálculo. Entonces, Fernández se empecinó en bloquear de cualquier modo la llegada de Carone: intentó voltear la asamblea y dejarla sin quórum.

Otro error de cálculo: su llamando a la abstención también fracasó. Los votos en el BID son nominales, pero se corresponden con el capital que aporta cada país. Estados Unidos, con el 30%, es el que más tiene; le siguen Brasil y la Argentina con el 11,3; los de la Unión Europea juntan el 9,3; México el 7,2 y otros, como Colombia y Chile, el 3,1.

Carone circuló sin patente con Trump. Fue su director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y director del FMI por Estados Unidos. Dos puestos bien pesados. Por eso, Fernández almorzó con él en México, en los días previos a asumir la presidencia. La Argentina necesitaba apoyo para renegociar con los acreedores privados y llegar a un nuevo acuerdo con el Fondo: las relaciones con Estados Unidos y con Trump jugaban un papel clave. Pero la relación duró un suspiro: Fernández lo invitó al acto de asunción en la Rosada y Carone se fue antes de que terminara, indignado por la presencia de uno de los jefes de la dictadura chavista.

La escalada del enfrentamiento

Fernández y el kirchnerismo le reprochan a Carone haber ayudado a Macri con el préstamo récord del Fondo. En la reciente Cumbre de las Américas, Fernández reclamó que “sin demoras” el BID volviera a ser gobernado por latinoamericanos. Un golpe directo a Carone. Y dicen que cuando se vio con Biden le pidió, con óptica argentina, que echara a Carone, al que llama un soldado de Trump. Raro pero no increíble viniendo de quien viene. Si fuese cierto, sería lo que menos esperaba Biden de un presidente.

Más creíble, y comprensible, es el enojo de Carone por la última movida con olor argentino para derrocarlo. La cosa es más o menos como sigue. Al directorio del BID llegó un mail con una denuncia anónima o más o menos anónima contra Carone. Decía que se acostaba con una funcionaria del banco y que se había quedado con viáticos. Amoríos y corruptelas. El denunciante anónimo revelaba que se lo había escuchado decir a la ex mujer de Carone, que desmintió todo en otro mail.

A pedido de la Argentina y de otros países, el directorio del BID, en reunión abreviada, decidió investigar el caso y contrató a un estudio de abogados. La propuesta fue de Guillermo Francos, director del banco por nuestro país, nombrado por su íntimo amigo Béliz. Francos fue diputado del partido de Béliz y de Cavallo, presidente del Banco Provincia con Scioli y ejecutivo de primera línea del grupo Eurnekian. Carone le adjudica la maniobra del carpetazo.

Las relaciones exteriores y los intereses de los países se tocan inevitablemente todo el tiempo. Y la prueba de que lo que se haga no sale gratis es el fallido crédito del BID y su contrapartida: salir de raje a aprobarle un dólar especial a la soja, para que el campo liquide lo que le queda de la cosecha. 

Ricardo Roa

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