Domingo, 11 Diciembre 2016 10:23

Fin de la luna de miel y la ilusión de la pata peronista

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Habrá que ver qué ocurre la semana que viene en la Cámara de Senadores con el proyecto de impuesto a las Ganancias propuesto por la oposición peronista.

 

 

Puede que los gobernadores, principales afectados por el recorte de una recaudación coparticipable, presionen a sus senadores y permitan, por lo menos, una negociación sobre el proyecto definitivo.

 

En lo personal no soy muy optimista, pero hay que dejar que los hechos hablen. Por lo pronto ya se puede decir, sin riesgo de ser acusado de prejuicioso o algo peor, que el peronismo se está uniendo y el principal factor que alienta esa unidad son las elecciones previstas para el año que viene. Como se dice en estos casos: los muchachos ya olieron sangre y si hay algo difícil de contener es la secreción de las glándulas.

 

Es cierto que aún no están del todo claros los términos de la unidad y, sobre todo, quién será el nuevo líder. En principio, queda claro por si alguna duda anda dando vueltas, que el peronismo a la hora de pelear el poder es idéntico a sí mismo y las diferencias existentes son sólo diferencias acerca de las expectativas y ambiciones de poder.

 

Sergio Massa, por supuesto, se sale de la vaina por ser el nuevo rostro del peronismo y no sólo del Frente Renovador, aunque atendiendo a los ataques que ha recibido en los últimos días, la conquista de ese objetivo no le resultará fácil. Massa sabe que para ganar la presidencia en 2019 necesita al peronismo, a todo el peronismo, pero también sabe que según las circunstancias eso no alcanza o exige algunas operaciones y maniobras políticas consistentes en seducir a grupos y corrientes no peronistas.

 

El Frente Renovador en ese sentido se presentará como una propuesta abierta a la participación de no peronistas. Nada nuevo en el peronismo desde 1945 -basta recordar la oferta de Perón en 1944 a Sabattini, a los socialistas e incluso a los comunistas. En la cultura peronista las convocatorias son amplias y generosas, siempre y cuando quede claro quién talla y reparte el naipe. Perón a esto lo sabía y todo peronista que se precie de tal debe saberlo.

 

De acá a 2019 Massa deberá ganar el liderazgo peronista y, al mismo tiempo, dejar las puertas abiertas a la incorporación de otros sectores. En este país donde la máquina de picar carne política es implacable, no resulta fácil conquistar estos objetivos, entre otras cosas porque los dientes más filosos de esa máquina de picar carne tienen identidad peronista y no suelen ser piadosos con la astilla del mismo palo.

 

Lo que sí parece obvio es que la luna de miel entre el gobierno y la oposición en estas semanas ha llegado a su fin. La Ley de Emergencia Social, el bloqueo a la reforma política, los piquetes como una gimnasia, un hábito y hasta una manera de divertirse, dan cuenta de que los compañeros ya escucharon la voz de “aura” y se preparan para ir por todo.

 

Ir por todo en la Argentina que vivimos significa esmerilar al gobierno, ganarle las elecciones sin que nadie se ruborice si en el camino hay que recurrir a la solución helicóptero para probar de una vez por todas que en esta Argentina del Gauchito Gil, Maradona y Gilda, los únicos capaces de gobernar son los peronistas, y cualquier otro que pretenda hacer algo parecido estará condenado al fracaso y a correr la suerte de todos los intrusos y usurpadores. ¿Podrán hacerlo? No lo sé, pero sí sé que quieren hacerlo porque no saben hacer otra cosa.

 

Se dirá que el peronismo hace lo que le corresponde a una oposición que merece ese nombre. El impuesto a las Ganancias después de todo fue una promesa electoral de todos y en principio no estaría mal exigir que se cumpla aquello que se dijo en la campaña, aunque al resto habría que advertirle como “detalle” que cumplir o no las promesas de campaña es una evaluación que se le debería hacer al final del mandato y no en los primeros meses. Pero bueno, así son las cosas y paciencia.

 

Los peronistas piden que se haga en tiempo récord lo que ellos no hicieron en doce años. Como se dice en estos casos, pedir no cuesta nada y, además, en el camino se conquista el aplauso fácil de la tribuna. Los reclamos van desde la creación de un millón de puestos de trabajo, proeza que ni Mandrake el Mago podría realizar. O reducir el impuesto a las Ganancias sin decir de dónde va a salir la plata porque, seamos sinceros, el argumento de que la plata saldrá del impuesto al juego, la renta financiera o a las mineras, es verso, cuentos para la gilada.

 

Con suerte y viento a favor esa recaudación apenas alcanza a cubrir un diez por ciento de las cuentas, pero además significará romper lanzas con algunos aliados estratégicos de la causa nacional y popular. ¿Con quiénes? Los zares de la timba cuyos carnés de afiliación partidaria tienen nombre y apellido y los gobernadores peronistas con Gioja, presidente del PJ, a la cabeza, todos beneficiarios de los negocios con las detestables empresas mineras.

 

El gobierno nacional, por su parte, sabe que en este salón ha llegado el momento de bailar con la más fea. Tal como se presentan los hechos no le auguro una buena noche.

 

La situación económica y social no es buena; con suerte y viento a favor las mejoras previstas para el año que viene serán muy modestas y en el contexto de un país donde nadie quiere ceder un tranco de pollo, el escenario que se presenta está muy lejos de ser el óptimo.

 

Para colmo de males, la situación internacional no juega a favor y, en algún punto, juega abiertamente en contra. Brasil no mejora y la llegada de Trump al poder no parece ser una buena noticia, sino todo lo contrario. A ello se suman los errores del gobierno, pero al respecto importa advertir que se equivoca menos de lo que sus contrincantes desearían, mientras que su capacidad de maniobra política es alta, afirmación a contramano de quienes con aires de superioridad dicen, con tono canchero, que este gobierno no sabe hacer política, afirmación temeraria que no incluye datos como que no se llega a la presidencia de la Nación sin saber hacer política y, mucho menos, se gobierna en minoría durante un año y en situaciones económicas adversas. Por el contrario, yo digo que este gobierno, que no da en la tecla económica, si en algo se ha destacado en estos meses fue en desempeñarse con una inusual habilidad política.

 

La otra interpelación que recibe Macri en estos días es la de arreglar con el peronismo. Lo más lindo es que quienes postulan esta hipótesis se creen unos piolas bárbaros, eufóricos inventores de la piedra filosofal, personajes que suponen que planteando las soluciones que los no peronistas intentan practicar con resultados deplorables desde hace sesenta años, esta vez puede salir bien.

 

Advertencia para los más desaforados: no se trata de no hablar con el peronismo, de negociar todo lo que se pueda o se debe negociar, de lo que se trata es de advertir sobre una presunta alternativa que significa lisa y llanamente la capitulación y el sometimiento sin pena ni gloria a los perdedores del año pasado.

 

Propuesta que, dicho sea de paso, significa una traición a quienes lo votaron con la certeza de que se iba a gobernar sin los depredadores que asolaron al país los últimos doce años. La propuesta no sólo es derrotista, sino inviable. El peronismo se prepara para ganar el poder no para cogobernar con quienes los quieren derrotar dentro de unos meses. Los únicos que se sumarían a integrar la inefable pata peronista son los buscas, los medradores de cargos, los mismos que los peronistas por un motivo u otro dejaron afuera de los negocios, motivo por el cual ofrecen sus servicios al mejor postor invocando una representación peronista que no tienen.

 

En esta Argentina del cuento del tío, una de las estafas políticas más frecuentes es la de esos peronistas que ofrecen servicios a cambios de cargos presentándose como genuinos representantes del pueblo y encarnación viva y palpitante de las masas peronistas, oferta que funciona porque -como sucede con el cuento del tío- siempre existen los giles decididos a comprarla con la ilusión de que con ese trámite resolvieron su relación con las multitudes que, según ellos, son y serán peronistas hasta el fin de los tiempos.

 

Rogelio Alaniz

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