Domingo, 06 Noviembre 2016 09:19

Entre desánimos y entusiasmos

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Inusuales miradas conviven en el gobierno, repartidas entre análisis de mesas chicas, o muy chicas, y observadores del propio poder que suelen tomarse un par de minutos para reflexionar, antes de responder.

 

 

Se resumen esas percepciones en las que se mezclan el inveterado optimismo macrista con algunos pies puestos sobre la tierra en algunos conceptos. Por ejemplo el que sostiene que si no fuese porque la economía definitivamente tarda en arrancar, y no hay señales que permitan entusiasmarse hasta abril o mayo, según los propios cálculos que entregan desde el poder, todo estaría más o menos bien.

 

Esos datos, o esas miradas, no solo provienen de analistas y observadores. También figuran en los datos oficiales que muestran que los números de octubre mal que pese vuelven a parecerse más a los del fallido segundo trimestre. Caída de la actividad industrial, otra vez para atrás los números del despacho de cemento, leve repunte de la inflación, recalentamiento de los reclamos salariales y sociales. Todo sazonado con la inacabable pelea entre Prat-Gay y Sturzenegger por enfriar o calentar la economía. Un entrevero que ya tiene harto a Mauricio Macri.

 

A propósito, ese panorama en el que se mezclan estados de ánimo encontrados ha sido materia de conversación al menos dos veces en los últimos días entre el presidente y su equipo más cerrado: Peña, los Ceos Quintana y Lopetegui, Frigerio y no mucho más. Conclusión que no es textual: todo bien, pero si la economía no termina de arrancar, el gobierno estará en problemas. Y no siempre por errores ajenos. Impera una constante que irrita a todos por igual: la actitud de los empresarios que dicen que "todavía no confían".

 

No son todos pelotazos en contra. Se sostiene en el gobierno que a aquella semana negra, la anterior, desde la política le siguió esta semana una fuerte señal de gobernabilidad que recibió Macri de parte del Congreso con la media sanción en Diputados del Presupuesto 2017. Ahí estuvo Sergio Massa mostrando ahora el lado bueno de la cara de su luna, con frases como "aprobar un Presupuesto es señal de gobernabilidad". O como ya se ha visto a través del sólido lazo que tejió con Vidal en Buenos Aires para facilitarle su propia ley de leyes.

 

Se comprobó además en Diputados el lento pero paulatino desangre del bloque de Cristina. Dicen los especialistas que no son sólo los 12 que le votaron a favor el Presupuesto al gobierno sino por lo menos otros cinco de los ocho que no estuvieron. Sirve además para marcar la debacle de La Cámpora y refuerza la idea del compromiso de los gobernadores peronistas con Macri, siempre proclives a facilitarle la gestión al gobierno porque a fin de cuenta ellos o sus ministros pasan por el despacho de Frigerio para arreglar fondos para obra pública.

 

Macri, rescatan, mostró en esas horas un síntoma de fortaleza de su gestión. Si bien casi se duplicó la suma en subsidios y partidas extras que se enviará a las provincias, no soltó uno de los principales reclamos que era coparticipar el fondo de los ATN, que queda integro en manos de Frigerio. La vieja historia del palo y la zanahoria.

 

El presidente quiere insistir con la reforma electoral porque le obsesiona modernizar el sistema. Pero esconde una jugada, que es poner en evidencia que el peronismo, en especial el kirchnerismo duro (aunque se verá cómo juegan los senadores con Pichetto a la cabeza en el Senado), lo único que le importa es correrle siempre el arco y de paso mantenerse atados al viejo sistema de las boletas tan proclive al fraude electoral.

 

El gobierno retomó el discurso según el cual nadie quiere a Cristina presa sino compitiendo el año que viene. Lo dijo el propio Macri en una de aquellas reuniones: "nadie la persigue ni hay ningún plan para proscribirla, queremos que compita y poder ganarle". Claro que en el gobierno reconocen que hoy no tienen un candidato de peso en la provincia. Carrió está más cerca de no competir o hacerlo en Capital.

 

Enarbolan, optimistas, dos escenarios. Por un lado, que los beneficiará que el peronismo vaya partido en tres pedazos. El cristinismo duro detrás de Cristina o de Scioli; el massismo con Margarita Stolbizer, y el peronismo disidente en especial con la tropa de los intendentes detrás de Florencio Randazzo, al que también se sumaría Julián Domínguez. En segundo lugar porque dicen que "nuestra candidata es Vidal". Sostienen que sea Jorge Macri o Esteban Bullrich el que encabece la boleta, la gente en octubre va plebiscitar la gestión de Mariú y no el perfil de un candidato.

 

Un dato a tener en cuenta cuando los pingos salgan a la cancha es que hoy, en el grueso de las encuestas, Cristina, si fuese candidata, tiene una intención de voto que va del 22 al 30% según el encuestador. Y nadie la iguala, ni Stolbizer, que casi ha descotado que irá con Massa pese a los mensajes ocultos y desesperados del macrismo. Ni Carrió, que tiene muy buena imagen positiva pero que en ningún sondeo se traslada a la intención de voto.

 

La doctora siempre ayuda: si la revolución inconclusa que planea terminar una vez que se desembarace de Macri la hará con Boudou, D´Elía, Quebracho, Mariotto, Depetri y Moreau, o negando ser socia y amiga de Lázaro Báez, el kirchnerismo está definitivamente liquidado. 

 

Eugenio Paillet

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