Domingo, 30 Octubre 2016 07:21

Minimizar el tropiezo de una semana negra

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Hay funcionarios del gobierno que en las últimas horas hacían un control de daños y al mismo tiempo buscaban minimizar el alcance de los contratiempos de una semana verdaderamente negra.

 

 

En especial por los reveses impensados que Cambiemos sufrió en el Congreso. Esos mismos hombres encuentran consuelo en una sensación que ha comenzado a campear en otros despachos del poder: la escena se va a poner cada vez más difícil en la medida en que los fragores de la campaña electoral vayan tomando la verdadera temperatura de lo que viene y por lo que está en juego.

 

Es cierto que a veces hay distintas miradas y opuestos estados de ánimo o de temple a la hora de hacer aquel repaso. Lo que para algunos pareciera un maremoto que les cayó encima, para otros más fogueados y con mayor experiencia se trató apenas de un rio de aguas encrespadas.

 

La síntesis de esas cavilaciones dice que el gobierno sintió el golpe de la jugada de Elisa Carrió que tiro para atrás el proyecto para reformar el Ministerio Público Fiscal, que buscaba el modo de forzar una salida anticipada del cargo de Alejandra Gils Carbó.

 

También que ahora mismo ni siquiera en los sectores más duros del macrismo, tras el nuevo revés que les propinó la diputada, hay ánimo de insistir por la vía del juicio político. Un objetivo inalcanzable porque se necesitan mayorías especiales que Cambiemos no tiene ni de lejos.

 

Otro impacto se produjo tras el fallido intento por avanzar en Diputados con el proyecto de ley de Participación Público-Privada en la obra pública. Una iniciativa cara a los sentimientos del presidente. Hay que decirlo: en despachos de la Casa Rosada se reconoce que más que una derrota del oficialismo se trató de una torpeza de la propia tropa que en todo caso, se enojan los confidentes, no debió pasar. La verdad es que si hubo falta de coordinación entre los jefes de bloques de Cambiemos y Emilio Monzó se notó. Igual en el Ministerio del Interior reducen el tema a una simple vuelta del texto a comisión, y descuentan que seguramente esta semana el proyecto será aprobado.

 

Hasta justifican la euforia del kirchnerismo que comanda Héctor Recalde. "Ellos celebran el daño que le pueden hacer al gobierno, es lo que les ordenan hacer".

 

Todo hace más ruido que el acostumbrado porque se suma el traqueteo con el Presupuesto 2017 y la sospecha del macrismo de que en el Senado el peronismo le hará naufragar la reforma electoral que introduce la boleta electrónica. Dice Carrió, que cada tantas paladas de cal le tira una de arena al gobierno, que el rechazo profundizará la vieja política del fraude electoral.

 

Por si faltase algo para completar una semana negra, distintos bloques de la oposición con el FpV a la cabeza lograron sacar en comisión dictamen para un proyecto que dispone la declaración de la Emergencia Social Nacional, con un costo fiscal de 150 millones de pesos que no figuran en el proyecto de Presupuesto.

 

Un capítulo aparte de esos análisis mereció el rol de Sergio Massa. Fue un hueso duro de roer para Cambiemos la comunión entre el bloque del Frente Renovador y los kirchneristas que comanda Recalde para frenar el tratamiento de la ley de PPP y devolverla a comisión.

 

"Sergio también entró en campaña", dicen con ironía en el gobierno. Creen de todos modos que no hay razones para sorprenderse. El tigrense hace más o menos lo que se sospechaba de él en la medida que se profundice la campaña electoral. Suponen que Massa va a tomar distancias justamente porque también lee el escenario en el que presuntamente el gobierno aparecería polarizando con el kirchnerismo para dejarlo al costado de la escena o, al menos, restarle influencia. En rigor el hombre que tumbó el sueño de la reelección eterna de Cristina Fernández sigue apostando a la gobernabilidad, y acaba de dar un claro ejemplo en su acuerdo con María Eugenia Vidal para que la gobernadora tenga su Presupuesto en tiempo y forma.

 

Tampoco dio para festejos la foto del lanzamiento de la Mesa Nacional de Cambiemos. Una postal sombría que no alcanzó a disimular las tensiones internas que atacan a la coalición gobernante. Carrió apenas si abrió la boca para avisar que no se va a bajar del caballo. Y el discurso de Sanz no consiguió tapar los ruidos del pataleo del radicalismo por la resistencia del macrismo a darle más cargos o a tomarlo en cuenta en la toma de decisiones.

 

Por el costado sindical, la CGT parecía haber bajado la cortina tras desechar el paro nacional y aceptar discutir el piso de un pago extra a fin de año. Pero esta semana reapareció para adherir a la marcha del 18 de noviembre de los movimientos sociales que reclaman aquella ley de Emergencia Social. Además decidió quedar en sesión permanente para monitorear los gremios cuyas empresas se nieguen a pagar el bono de fin de año. Todos están en campaña.

 

Sobre el cierre, un dato que sin dudas no necesitaba Macri: el enojo de la comunidad científica por un posible recorte de fondos para el sector, y la sutil amenaza de Lino Barañao de renunciar si efectivamente el presupuesto no prevé un aumento. Investigadores del CONICET denuncian que el año que viene, sobre cada 100 pesos que fueron en 2016 a Ciencia y Tecnología, la mejora de partidas será de algo más de 55 centavos. 

 

Eugenio Paillet

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