Martes, 14 Junio 2016 06:00

Buen momento para acordar el futuro social

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A poco de iniciada su gestión trascendió que el gobierno llamaría a una concertación en enero. No lo hizo y no era sencillo hacerlo a pocos días de la eliminación del cepo, con el dólar flotando, sin retenciones y con aumentos de tarifas por venir.

Después pasó todo lo que sabemos, con sufrimientos en muchos casos inevitables por la herencia recibida. Ellos se atenuaron con la extensión de la AUH, las tarifas sociales, la prórroga de precios cuidados, el aumento del seguro de desempleo y la reducción del IVA para productos básicos. Hay otras iniciativas en curso de aprobación como el proyecto de primer empleo, el interesante nuevo régimen para las pymes y la inesperada propuesta de pago de juicios de los jubilados, el aumento de sus remuneraciones y un subsidio a los adultos mayores sin ingresos que haría de la Argentina el primer país de América Latina con cien por ciento de algún tipo de cobertura para las personas mayores.

En el campo económico se logró la crucial salida del default y se conocieron el plan fiscal y financiero y el programa monetario del BCRA. Ahora, casi en la puerta de un semestre famoso antes de empezar, hay buenas chances de una baja significativa de la inflación en cuyo marco el BCRA anunciaría su política de metas de inflación. Estas son mucho más exigentes que meros objetivos porque obligan a la institución a actuar si se producen desvíos por exceso o por defecto. Es un sistema que aplican una treintena de países, mitad desarrollados y mitad emergentes, incluyendo a Brasil, Chile, Colombia y Perú.

A la corta o a la larga, dependiendo del financiamiento disponible, la reducción del déficit fiscal es crucial para bajar la inflación. El gobierno eligió hacerlo gradualmente, a mi juicio el único camino posible. Dados los anuncios de pagos a jubilados sería muy aconsejable dar a conocer un nuevo plan fiscal-financiero, con distintas variantes según lo que se recaude con el blanqueo.

Mientras tanto, la combinación de gradualismo fiscal y ausencia de concertación hace recaer la parte del león del plan de estabilización en la política monetaria, sobre todo en las tasas de interés del BCRA. Su éxito está en parte condicionado por las expectativas de inflación –hoy menores al 30% según la Universidad Torcuato Di Tella- dado su efecto en la demanda de pesos, en la formación de precios y en la cotización de las divisas.

A la incertidumbre generada por doce años de predominio estatal y por el actual cambio de régimen se agrega la originada en el régimen de flotación cambiaria. Las experiencias de la Argentina de estabilizar con tipo de cambio fijo no han sido buenas. En parte por su inconsistencia con la política fiscal condujeron a un atraso cambiario explosivo. Es correcta, pues, la opción por un cambio flotante, no sólo para evitar estas malas experiencias sino, más aun, porque sólo así puede aspirarse al premio mayor: desdolarizar la mente de los argentinos. Esto permitiría aumentar la demanda de pesos transaccionales y, gradualmente, también el ahorro en pesos –la UVI es una indudable ayuda en tal sentido. También daría lugar a algo muy importante que es lograr –como la mayoría nuestros vecinos sudamericanos- que las variaciones del tipo de cambio no se pasen a los precios sino por su real incidencia. Las disparadas de muchos precios a principios de año, demostradas en la inédita generosidad de los descuentos posteriores, aportaron evidencia de que el reflejo dolarizador está muy vivo.

Una vez conocidos el nuevo plan fiscal-financiero y las metas de inflación del Banco Central, una conversación social sobre precios, salarios y productividad –ésta tan crucial como olvidada- entre el gobierno, los sindicatos y las empresas podría ayudar a reducir la incertidumbre, aumentar la demanda de pesos y reducir así, también, los reflejos dolarizadores.

El sólo hecho de juntarse y acordar algunos puntos ayudaría a una más rápida reactivación de la economía al dar más espacio a una baja de las tasas de interés y, eventualmente, a lograr que eventuales episodios de desvalorización del peso fueran más bien expansivos que contractivos de la actividad económica.

Dicho sea de paso, ante la proximidad de un blanqueo de capitales probablemente exitoso y de una clara y bienvenida recuperación del precio de los commodities, todo lo cual aumentará la oferta de dólares, sería muy importante incentivar la demanda genuina de divisas, sobre todo la inversión en bienes de capital.

El gobierno ha recientemente diseñado un espacio de conversación social mediante el decreto 720 de creación del “Programa Argentina 2030: Pensando Nuestro Futuro”. Bienvenida toda iniciativa que aclare el horizonte al cual se apunta. Más aún si, como se lee allí, se propone generar un espacio de debate de calidad, pluralidad y enfoques multidisciplinarios, a partir de la participación de referentes que representen diversidad de intereses y orientaciones, para elaborar una visión de la República Argentina a largo plazo que contribuya a orientar y articular la programación de políticas públicas. Si se lo hace para el horizonte futuro no se ven claras las razones para no hacerlo también para el corto plazo de una transición que es, necesariamente, el primer puente que hay que atravesar hoy.

Juan J. Llach

Economista

Profesor de la Universidad del IAE-Austral

Fue ministro de Educación de la Nación

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