James Neilson

 

El Presidente se las ingenió para dotarse de una imagen que, a ojos de quienes llevan la voz de los países occidentales, es racista.

 

 

Afirmar que “el capitalismo no dio buenos resultados” es francamente ridículo; hizo posible un grado de abundancia mayor al soñado por cualquier utopista.

 

Muchos opositores al Gobierno están más interesados en el rol que debería desempeñar Macri en la interna que en formular propuestas para el país.

 


La grieta que tanta angustia está ocasionando aquí atraviesa el mundo. Mientras que Cristina Kirchner y sus soldados se sienten afines a los regímenes de Venezuela, Cuba, Rusia, China y, en algunos casos, a los teócratas furibundos de Irán y los yihadistas de Hamas que sueñan en voz alta con un segundo holocausto, los líderes de Juntos por el Cambio son defensores ardientes del capitalismo democrático occidental que privilegian las relaciones con Estados Unidos, los países europeos, el Japón e Israel.

 

 

Nunca existe lo suficiente de algo para satisfacer las necesidades de todos.

 

 

El verdadero virus que siembra calamidades a lo ancho y largo del planeta.

 

 

Después de meses de escaramuzas que cambiaron muy poco, Cristina Kirchner cree que ha llegado la hora de emprender una ofensiva general.

 

 

Cristina Kirchner habló por muchos políticos, comenzando por ella misma, cuando aprovechó la oportunidad que le brindó una de las causas más flojas que afronta.

 

 

Si bien ha resultado ser capaz de remodelar el gobierno formalmente encabezado por el hombre que eligió, a pesar de todos sus esfuerzos, aún no ha podido reformar la Justicia.

 

 

Aunque las vacunas consigan frenar la propagación del coronavirus, no podrán eliminarlo por completo. Lo más probable es que sea necesario modificarlas todos los años.

 

 

La omnipresencia de la vice complica al Presidente. El factor judicial que mantiene al país en vilo.

 

 

 

Las diferencias entre el Presidente y su vice ya e ventilan en público. Lo peor puede estar por venir.

 

 

El mensaje fue claro; aquí manda la política y sería mejor que buscaran otro oficio aquellos magistrados que fantasean con subordinarla a la Constitución.

 

 

 

La serie de cataclismos que debe enfrentar el Gobierno, del coronaviris al dólar y las tomas de tierras.

 

 

 

Las diferencias entre Alberto y CFK hacen que no haya un proyecto claro. La crisis el dólar en medio de la pandemia.

 

 

Muchos llegaron al poder proclamándose resueltos a poner fin a la decadencia nacional pero solo lograron prolongarla. ¿Será éste el destino del gobierno de Alberto?

 

 

Claves del enfrentamiento entre la Corte Suprema y el Gobierno. El avance del cristinismo.


 

Cristina y sus soldados están tan resueltos a ver el lado positivo de la revolución bolivariana del esperpéntico Maduro que pasan por alto las hambrunas y la violación de DD. HH.

 

 

 

La polémica por un sistema político que no premia a los más capaces. Crisis y darwinismo.

 

 

El avance del cristinismo durante la cuarentena y la crisis del dólar complican a Alberto Fernández.

 

Puede que en Argentina hoy, el imbécil de familia rica tenga más chances que un pobre genial, pero en países desarrollados un joven intelectualmente dotado lo superaría con rapidez.

 

 

El avance bonaerense sobre el resto del país. Pauperización y conflictos sociales.

 

Generaciones de dirigentes peronistas optaron por aprovechar las necesidades de los más pobres sin estimularlos a incorporarse a la sociedad formal.

 

La Vicepresidenta irá al extremo para mantenerse fuera del alcance de la ley y el país se precipita hacia un futuro oscuro bajo el mando de una señora obsesionada por sus problemas personales.

 

 

Alberto Fernández sabe que a la larga no habrá más alternativa a una mayor disciplina fiscal, pero también que serían excesivos los costos sociales y políticos de un “ajuste” feroz.

 

 

Fuera del “campo popular” que se supone ocupado por las huestes kirchneristas, el consenso es que Alberto ha lanzado la reforma con el propósito de frenar las causas que más incomodan a su benefactora.

 

 

Desde mediados del año pasado, la política nacional se mueve al compás del tango que está bailando la pareja presidencial.

 

 

El gobierno de Alberto Fernández y el estigma opositor de la pandemia como un modo de hacer política.

 

 

El avance del Gobierno para expropiar a la empresa Vicentin alarma a los mercados.

 

 

Los más golpeados por los encierros motivados por la cercanía de la covid-19 han sido los que, para sobrevivir, dependen de trabajos que requieren cierta proximidad física.

 

 

No extrañaría del todo que Alberto Fernández ya sintiera nostalgia por los días en que la gente lo aplaudía por su presunta negativa a tomar en cuenta el impacto económico del encierro.

 

 

Covid-19 no es más mortífero que otros virus. Algunos han sido decididamente peores. Lo que lo hace diferente es la voluntad ecuménica de frenarlo a virtualmente cualquier costo.

 

 

Los científicos son tan proclives como cualquiera a dejarse cautivar por ideologías despiadadas. Esta comunidad incluye a activistas políticos que tienden a favorecer esquemas autoritarios.

 

 

Es tanto el miedo al Covid-19 que la metodología china para enfrentarlo ha sido adoptada por casi todos los países democráticos, a veces de mala gana, pero en otras con entusiasmo.

 

 

Mal que nos pese, todos dependemos de un modo u otro del estado de la economía tanto local como internacional.

 

 

A veces el remedio es peor que la enfermedad. ¿Es tan peligroso el virus que sería mejor empujar la economía mundial hacia una depresión que tratarlo como un patógeno parecido al de la gripe común al cual tendremos que acostumbrarnos?

 

 

Tarde o temprano los contrarios a las reformas podrían estar en condiciones de una contraofensiva encaminada a restaurar lo que en su opinión es la normalidad.

 

 

En su discurso ante el Congreso, el Presidente se mostró más conciliador que los K.

 

 

Los resueltos a apoderarse del lenguaje y, esperan, de lo que piensa la mayoría, han montado una serie de ofensivas contra aquellos que, a pesar de todo, insisten en reivindicar la libertad de expresión.

 

 

Por qué en algunos temas Alberto Fernández se parece más a Mauricio Macri que a Cristina Kirchner.

 

Las claves de las dos primeras visitas internacionales del Presidente a Medio Oriente y Europa. El factor FMI.

 

Las contradicciones de un gobierno atrapado en sus múltiples relatos.

 

Como Macri, Fernández, cuyas ideas son más “ortodoxas” que las de Cristina, ha apostado a una estrategia gradualista por entender que otra sería políticamente suicida.

 

Mauricio Macri aún no consigue hacer pie en el llano.

 

El ministro de Economía Martín Guzmán lanzó un paquete de medidas que genera resistencia.

 

 

El nuevo mandatario arrancó con un discurso tranquilizador que tuvo buena recepción.

 

 

El nuevo presidente deberá demostrar que puede gobernar con autonomía.

 

 

Hay una cultura política argentina que se basa en la nostalgia por épocas en que, merced a una coyuntura internacional favorable, el país pudo prosperar conforme a las pautas vigentes.

 

 

Él elige a los ministros (no a todos) y ella manda en el Congreso y la Justicia. Doble comando.

 

 

Alberto Fernández deberá encontrar soluciones rápidas para que no lo devore la crisis.

 

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