Andrés Oppenheimer

 

Lo que pasó ayer en Washington D.C., cuando el presidente Donald Trump alentó tácitamente a sus seguidores a tomar las calles para revertir los resultados de las elecciones de noviembre de 2020 antes de dar marcha atrás y pedirles que se vuelvan a sus casas, fue un ejemplo clásico de un intento de "autogolpe" latinoamericano.

 

El 9 de enero se cumplirán 20 años de la decisión de Ecuador de dolarizar su economía para tratar de terminar con el populismo económico y las crisis económicas recurrentes. Tarde o temprano, Venezuela y Argentina tendrán que hacer lo mismo, o algo similar.

 

 

Durante una visita de una semana a la Argentina, hablé con varios altos funcionarios del Gobierno y figuras de la oposición, pero el comentario que más me dejó pensando fue el que escuché de un taxista venezolano, uno de los 170.000 venezolanos que han llegado últimamente a ese país.

 

 

El candidato favorito en las encuestas para ganar las elecciones de octubre en la Argentina, Alberto Fernández, está tratando de presentarse como mucho más moderado que su compañera de fórmula, la expresidenta Cristina Kirchner. Pero lo que ha dicho el candidato sobre Venezuela debería estar haciendo sonar las alarmas en todas partes.

 

A juzgar por el desempeño mejor que el esperado del partido del presidente Mauricio Macri en las elecciones primarias del 13 de agosto y por lo que me dijo el mandatario en una entrevista, hay razones para ser moderadamente optimista sobre la Argentina.

 

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