Carlos Fara

Cristina acelera el ritmo de la confrontación. Primero fue el famoso discurso en el Chaco, luego el aniversario de YPF y ahora el acto del 20 de junio. Entre el primer capítulo de esta nueva temporada y el del lunes pasado, transcurrieron solo 47 días. ¿Por qué acelera? Existen varias razones:

Este es el quinto slogan que utiliza la gestión del presidente Alberto Fernández. No parece ninguna genialidad, pero ese no es el punto: un slogan sirve en tanto y en cuanto le sirve a un emisor para transmitir el concepto estratégico. Los más trillados pueden ser geniales en cierta coyuntura.

Cristina inauguró una nueva modalidad: aislar a Alberto para que se quede solo con la responsabilidad de lo mal que anda su gobierno. Cuando todo se caiga contraatacará. Por eso se fue Feletti y se iría Bernal tras el anuncio del tarifazo. ¿Sería como desangrarlo de a poco? Relativamente, porque es difícil que se vayan Wado, Raverta o Volnovich. Las grandes cajas seguirán al servicio del proyecto.

Mientras esperamos que nos confirmen que somos alrededor de 46 millones de habitantes, el fastidio social con la política sube sin prisa, pero sin pausa. Eso afecta no solo al oficialismo de turno, sino al statu quo político, que en este caso lo compone también Juntos por el Cambio. Ambos han sido los protagonistas de los últimos 7 años de la historia nacional, con los resultados a la vista.

Y como si tuviéramos pocos conflictos, le sumamos el choque de trenes institucional por el control del Consejo de la Magistratura, lo cual deslumbra con una creatividad estratégica fuera de serie. Es uno de los pocos consensos a los cuales se arribó por estos días dentro del Frente de Todos.

Y como si tuviéramos pocos conflictos, le sumamos el choque de trenes institucional por el control del Consejo de la Magistratura, lo cual deslumbra con una creatividad estratégica fuera de serie. Es uno de los pocos consensos a los cuales se arribó por estos días dentro del Frente de Todos.

Tantas semanas hablando sobre qué pasaba en el oficialismo, se le dedicó mucho menos tiempo a analizar qué estaba pasando en Juntos por el Cambio (JxC). Pero más allá de las partidas de bridge de Macri, también hay mucha tela para cortar (o cartas para barajar).

 

Las estrofas de Quédate conmigo sintetizan el mensaje de Alberto F y Guzmán para el FMI.

 

No se trata de una persona que tiene de nombre Máximo y de apellido Conflicto. Pero se le parece bastante. ¿Es esta la “máxima” crisis del gobierno de Alberto? Aún no lo sabemos. Primero parecía que era la famosa carta de Cristina del 26 de octubre de 2020 con los funcionarios que no funcionan. Luego la “semana trágica” post PASO. Y ahora esto. Dependerá de cómo lo maneje Alberto, porque esto recién empieza: ya aumentaron las naftas el 9 %, el mundo feliz de los congelamientos no da para más, aún para una estructura que está bajo el radar de La Cámpora.

 

Así titulaban en 1984 su famoso tema las “Viudas e Hijas de Roque Enroll”, y en donde hacían referencia tangencial a uno de los temas de agenda del momento: las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Pasaron 38 años –toda la etapa democrática- y seguimos con titulares catástrofe sobre si acordamos o no. Un deja vu para un presidente que dice sentirse identificado con Raúl Alfonsín.

 

El Presidente y su vice se siguen marcando la cancha. ¿Contradicción sin remedio o disenso acordado? La oposición no escapa a esa lógica.

Demasiado calor. Demasiados cortes de luz. Demasiado déficit fiscal. Demasiado dólar blue. Demasiadas idas y vuelta con el FMI. Demasiada inflación. Demasiados espías sueltos. Demasiadas diferencias en la oposición. Demasiados contagiados por COVID. Visto así, parecería más un país de abundancia que de escasez. Claro, abundancia de lo negativo, pero abundancia al fin. 

 

Expectativas sobre cómo se resolverá la crisis del país. Veinte años después, el mismo problema.

 

 

Los resultados electorales de este año operaron algunas consecuencias curiosas. La primera de ellas son los conflictos internos dentro del bando ganador, ya que se supone que el perdedor es el que debe estar en ebullición, mientras que el triunfante debe cerrar filas en pos del gran objetivo, mirando desde el ring side cómo el adversario se desangra con sus ajustes de cuentas. Pues aquí está sucediendo algo inverso.

 

 

La semana pasada dimos por muy probable un acuerdo de Argentina con el FMI, dadas las voluntades y necesidades estratégicas de las partes. A las pocas horas de escribir mi nota, se anunció el envío de una misión técnica a Washington. En uno de los 6 factores dijimos que “Biden no quiere un problema más [en la región]”.

 

 

Las frases tienen sentidos diferentes dependiendo del contexto. En la lógica cultural local, el título de esta nota puede significar crisis irremediable. Pero si lo ponemos en el contexto noticioso de estos días puede implicar que la Argentina llegará a algún tipo de acuerdo con el nunca bien ponderado Fondo Monetario Internacional. Hasta Milei y Grabois coinciden en que el FMI no es una institución útil y/o loable.

 

Hay funcionarios que no funcionan, y precios máximos que tampoco funcionan. Al menos eso cree el 55 % de los bonaerenses. Solo el 17 % piensa que eran necesarios y el 28 % está en una posición intermedia: “no sé si sirven, pero algo había que hacer”.

Queda una sola semana de campaña. Pero curiosamente las campañas han casi desaparecido de las noticias porque ¿a quién le interesan? Obviamente no son ninguna prioridad para los votantes, ergo los medios las reflejan poco.

Hace un año CFK emitía su famosa carta sobre los “funcionarios que no funcionan”, entre otras “marcadas de cancha” a Alberto, lo que fue el comienzo de una permanente tensión indisimulable, aunque en la intimidad Ella ya venía sintiendo desazón respecto a la tarea del presidente.

¿Pasan cosas? ¿O las cosas pasan? En este caso, el orden de los factores altera el producto. Si pasan cosas, entonces hay sucesos relevantes, que dejan huella. Si las cosas pasan da la impresión de que es un “todo pasa”, como dijo el filósofo Grondona.

 

Es el nuevo mantra oficialista, que busca salir de la inercia y pasar a lo propositivo.

 

Llevamos 10 días con nuevo gabinete. Hasta acá han seguido el manual al pie de la letra: anuncios por doquier para mostrar reacción, aflojar tensiones innecesarias, insuflar optimismo, ordenar las fuerzas y el discurso, al mismo tiempo que le piden al ministro Guzmán que sea más “manosuelta”. Eso no evitó que después de firmar una tregua siga habiendo algunos tiroteos aislados.

Llegó Superman… zur. ¿Será el hombre de acero que nos salvará de todos los males que nos acechan? Al menos lo intentará. Por lo pronto vino a dar buenas noticias, que es lo único que nunca puede faltar en el manual de un gobierno en crisis. ¿Servirán? Vamos a ver.

 

La Cristina silenciosa y cabizbaja que apenas aplaudió el domingo a la noche daba la impresión de ser la esposa de un marido a quien todo el mundo mira con vergüenza ajena, y que le estaría transmitiendo “ya vamos a hablar cuando lleguemos a casa”. Alberto sobreactuando entusiasmo en su acto del martes. Como siempre dice el filósofo contemporáneo Tati Vernet, “el problema de perder es la cara de boludo que te queda”.

 

 

A partir de principios de junio de 2020 Alberto perdió el rumbo y el estilo estratégicos, empezando a romper el contrato que había firmado con la mayoría de los votantes.

 

 

Estamos transitando las últimas horas de campaña entre cumbias, traps, videos sugerentes sobre que estamos todos calientes, cartas astrológicas, etc. Era de esperar que hubiera más de un desatino dando vuelta: el médico se para frente al paciente; le golpea una rodilla con el martillo para ver sus reacciones vitales; el paciente no reacciona; el médico vuelve a golpear más fuerte; y así sucesivamente.

 

 

Lo imaginado se está cumpliendo: para todos los campamentos políticos están resultando las campañas más difíciles desde que se tenga memoria.

 

 

Uno debería imaginar que suizos respetables como Federer o Úrsula Andress no hacen el amor y son terriblemente aburridos. Sobre todo, ella que fue la primera “chica Bond” en Dr. No. Menos mal que ahora existe el streaming para ver dramas (de los demás, porque como dice De Niro en el famoso spot publicitario: “en Suiza no hay drama”). Por suerte en Argentina no nos aburrimos y se g…a. ¿Acaso en estas elecciones esos son dos ejes relevantes? Divertidos y se g…. vs. aburridos y que no g…? Los devotos del TikTok se quedaron cortos en su creatividad.

 

 

Al no tener depredadores naturales que los ataquen, se han ido reproduciendo y amenazando la comodidad de seres más grandes que ellos. No nos referimos a los carpinchos de Nordelta, sino a las fuerzas que puedan roerle votos a las dos coaliciones grandes.

 

Cristina se dispuso a darle lecciones de conducción política a Alberto en vivo y en directo. Ella puede tener muchos defectos, pero definitivamente sabe conducir. Le dio un buen consejo: que ponga orden. Una palabra clave en el diccionario kirchnerista desde siempre.

 

Largaron y ya se puso caliente la discusión. Los dos jockeys se empezaron a dar con la fusta antes de entrar a la primera curva. Dirían los fanáticos de “lo que impacta”: “¡pero así ganamos rating! Si no, la gente no le presta atención a la pelea”. Respondería el estratega: “siempre y cuando no se desposicionen en los candidatos…”.

 

Con el oficialismo sin definir cabeza de lista en el distrito más grande del país, la primera fase de la danza electoral ya está en marcha. ¿Habrá sorpresa para el sábado a la noche cuando expire el plazo de inscripción? Puede ser. En política, cuando algo suena demasiado en los medios de comunicación, no siempre se concreta. De todos modos, cabe aclarar que la sorpresa puede ser política, pero no de opinión pública, con lo cual el juego pasa por otro lado.

 

 

2021 no es una elección de medio término, sino la prueba de clasificación para 2023. Esto significa que ya empezó la futura elección presidencial. Alguien podría decir: “pero eso sucede siempre”. No siempre es así. Cuando el liderazgo está consolidado (las previas de 1995, 2007 y 2011) el foco político es otro: se trata para muchos de posicionarse a futuro, pero el juego es mucho más acotado. Pero cuando reina la incertidumbre (las previas de 2001, 2015 y 2019) toda la estructura cruje.

 

 

Tanto viento tormentoso… Al final el mar se iba a agitar más de la cuenta. Es la primera legislativa del gobierno desde su regreso al poder. Con los malos antecedentes de 2009 y 2013, se suman las tensiones internas. La principal oposición, protagonizando una comedia de enredos, con un equilibrio tan inestable que pasó de ser la interna del PRO a “Adelante radicales” en cuestión de días. Y como si eso fuera poco, se sumó un actor con expectativas a la oferta nada menos que en el principal distrito del país.

 

 

Aunque recién ahora se aprobará en el Congreso la postergación del cronograma electoral, en 40 días habrá que inscribir alianzas y en 50 las listas de candidatos para los comicios de este año. ¿Ya? Algún día iba a llegar…

 

¿Argentina está peor que el mundo en materia de pandemia? Depende cómo se lo observe. En muertos respecto a la cantidad de contagios, el mundo tiene 2 %, nosotros 2.1. En curados respecto a los contagios, el mundo tiene 88 %, nosotros 89.

 


Empezamos esta nota parafraseando al “filósofo contemporáneo” Roberto Giordano, autor de la famosa máxima: “No me peguen, soy Giordano”, en una situación desgraciada. Distintas son las desgracias por las que está pasando Alberto en estos días. No importa si tiene o no razón política o legal.

La pregunta hasta el final de la carrera electoral será si es menos malo que se pare la economía o que se desborde el sistema de salud.

 

 

Una situación de alta tensión bien manejada no evita costos, pero los amortigua. Una situación de positiva mal manejada se pierde de maximizar sus beneficios. Una situación de complejidad superlativa mal manejada puede terminar en desastre, aunque no automáticamente. Siempre se disparan reacciones frente al espanto que aminoran las tragedias. En el medio de la locura no se ven, pero existen.

 

¡3, 2, 1, al colegio no va ninguno! Con estas rimas jugábamos cuando éramos chicos (cuando la única forma de ver el mundo era a través de los ojos de los mayores). Pues nos hemos metido en un terrible berenjenal jurídico que tiene una sola gran explicación: los posicionamientos hacia 2023. ¿Tan brutal?

 

 

 

A mediados de diciembre, hace casi 4 meses, publicamos en este espacio la columna “¿Pasan las PASO?”. Ahí comentábamos la curiosa situación de coincidencia política entre la visión de La Cámpora y la de la mayoría de Juntos por el Cambio respecto a implementar el sistema de primarias, aunque estaba abierta la puerta para un eventual corrimiento del cronograma. ¿Qué se está discutiendo hoy en la política argentina? El mismo tema…

 

Hace un año atrás Alberto era Gardel, con altos niveles aprobación, imagen positiva y consenso. Había alumbrado algo parecido a un líder. Cristina estaba atenta desde el Senado. Horacio Rodríguez Larreta era el jefe del gobierno de la CABA, sin carisma, pero hábil gestor, obligado a ser muy prudente después de la derrota electoral de Macri en la presidencial. El ex mandatario se había retirado con el 40 % de los votos, premio superlativo para alguien con mucha imagen negativa.

 

 

Cristina deberá estar pensando con la renuncia de la ex ministra Losardo, “se hizo justicia”. Losardo y Alberto pensarán que fue “injusto” que se deba ir “agobiada”. Pero el poder es el poder. Qué es “lo justo” lo juzgará cada un@. El punto es qué confluencia de factores hace que se vaya una persona íntima y fiel del presidente. La respuesta más simplista es que Ella presiona según sus intereses hasta que El cede. Pero la trastienda es bastante más compleja.

 

 

El escándalo reveló que el problema del Gobierno no es la comunicación, sino el modelo de liderazgo.

 

Vacuna es una deidad que los romanos adoraban, sobre todo, los habitantes del campo. Le ofrecían sacrificios, principalmente, en el tiempo en que se habían concluido las labores. Según una versión esta diosa es la misma que la diosa Victoria. En todo caso, parece tratarse de celebrar un logro, un triunfo. Curiosa asociación, pero la etimología de nuestra palabra “vacuna” es bien distinta.

 

Cuando más de un posible cliente nos pregunta cómo arrancar un proyecto político o una candidatura en particular, muchas veces nuestra respuesta es: dígale a la política y la sociedad a dónde quiere ir. Esto es: haga un manifiesto, “plante una pica en Flandes”, haga algo que llame la atención sobre su intención de arrancar con algo. Es como levantar la mano en clase y pedir la palabra.

 

Desde que apareció la pandemia del COVID-19, los oficialismos de turno en la región están electoralmente en problemas. No todo se debe al impacto del virus, pero está claro que la aparición del bicho y sus consecuencias socio económicas limitaron la capacidad de maniobra para mandatarios que ya venían navegando con dificultades.

 

 

En cualquier otro momento de la historia estos primeros días del año hubiesen sido un tiempo apacible, sereno, casi como un objeto suspendido en el aire, que lentamente iba acelerando su movimiento en la segunda quincena de enero, tomaba ritmo normal hacia febrero, y decididamente se aceleraba de marzo en adelante. Los primeros quince días de enero eran como el interior de una nave espacial, donde no se registra la gravedad. Era normal, luego de la intensidad de las fiestas de fin año, los seres humanos entrábamos en una etapa de recuperación de energía y el necesario sosiego.

 

 

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! reza una de las estrofas de nuestro himno nacional. Después de estar muchos meses encerrados era lógica que “estallaron las fiestas clandestinas”, titularía placa roja de Crónica. “Pero qué irresponsable que es la gente” comentan algunos.

 

 

Literalmente significa “reunión de demonios” en su primera acepción. En la segunda se refiere a “lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío”. No importa si él o la lector/a es creyente. Seguro se sentirá comprendid@ por cualquiera de las dos acepciones, o por ambas. Pandemia y pandemónium significan cosas totalmente distintas y sin embargo hoy se nos parecen tanto. Diría Les Luthiers en “El rey enamorado”: “caramba, qué coincidencia!”.

 

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