Carlos Fara

 

Vacuna es una deidad que los romanos adoraban, sobre todo, los habitantes del campo. Le ofrecían sacrificios, principalmente, en el tiempo en que se habían concluido las labores. Según una versión esta diosa es la misma que la diosa Victoria. En todo caso, parece tratarse de celebrar un logro, un triunfo. Curiosa asociación, pero la etimología de nuestra palabra “vacuna” es bien distinta.

 

Cuando más de un posible cliente nos pregunta cómo arrancar un proyecto político o una candidatura en particular, muchas veces nuestra respuesta es: dígale a la política y la sociedad a dónde quiere ir. Esto es: haga un manifiesto, “plante una pica en Flandes”, haga algo que llame la atención sobre su intención de arrancar con algo. Es como levantar la mano en clase y pedir la palabra.

 

Desde que apareció la pandemia del COVID-19, los oficialismos de turno en la región están electoralmente en problemas. No todo se debe al impacto del virus, pero está claro que la aparición del bicho y sus consecuencias socio económicas limitaron la capacidad de maniobra para mandatarios que ya venían navegando con dificultades.

 

 

En cualquier otro momento de la historia estos primeros días del año hubiesen sido un tiempo apacible, sereno, casi como un objeto suspendido en el aire, que lentamente iba acelerando su movimiento en la segunda quincena de enero, tomaba ritmo normal hacia febrero, y decididamente se aceleraba de marzo en adelante. Los primeros quince días de enero eran como el interior de una nave espacial, donde no se registra la gravedad. Era normal, luego de la intensidad de las fiestas de fin año, los seres humanos entrábamos en una etapa de recuperación de energía y el necesario sosiego.

 

 

¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! reza una de las estrofas de nuestro himno nacional. Después de estar muchos meses encerrados era lógica que “estallaron las fiestas clandestinas”, titularía placa roja de Crónica. “Pero qué irresponsable que es la gente” comentan algunos.

 

 

Literalmente significa “reunión de demonios” en su primera acepción. En la segunda se refiere a “lugar en el que hay gran confusión, ruido y griterío”. No importa si él o la lector/a es creyente. Seguro se sentirá comprendid@ por cualquiera de las dos acepciones, o por ambas. Pandemia y pandemónium significan cosas totalmente distintas y sin embargo hoy se nos parecen tanto. Diría Les Luthiers en “El rey enamorado”: “caramba, qué coincidencia!”.

 

El sistema de primarias abiertas necesita tres reformas básicas para recuperar legitimidad: que 1) el voto no sea obligatorio, y así evitar fastidio de la ciudadanía, 2) los partidos o alianzas que no posean primaria no deban tener boletas en los recintos, y 3) cambiar el sistema de votación por boleta papel única, modelo Córdoba o Santa Fe, ahorrándole a los partidos una cantidad de dinero sideral.

 

Cuando se cumplieron los primeros 6 meses del mandato de Alberto, en la columna “6 Meses Tormentosos”, hicimos la siguiente reflexión:

 

 

Primero fue la carta pública de CFK. Ahora es la carta del bloque de senadores del Frente de Todos sobre la negociación con el FMI. No queda claro si lo que predomina es una gran vocación epistolar o una lúdica, ya que todo el tiempo baja una carta del mazo. Lo que no caben dudas es que siempre impactan en el escenario político, sean de uno u otro tipo.

 

 

No, no estamos hablando de algún nuevo tipo de cotización del dólar. Estamos refiriéndonos al nombre del disco de jazz más vendido de la historia, y el que posee el puesto 12 en la lista de los 500 mejores álbumes de todos los tiempos (según la revista Rolling Stone). Su título es sugerente: una especie de tristeza. Habría que preguntarle a Miles Davis en el panteón de los inmortales por qué le puso ese título.

 

 

Mientras en EE.UU. seguirán contando votos y judicializando la elección lo máximo posible, el ministro Guzmán trata de calmar el valor del dólar blue, que es como tratar de bajar la fiebre de un paciente con paños fríos, sin que quede claro que está administrándole antibióticos para que la baja de la temperatura sea consistente. Pero hasta que el enfermo acepte tomar los antibióticos, bajar la línea de mercurio con analgésicos no está mal.

 

 

Mauricio Macri decidió explayarse sobre sus visiones el lunes 12 de octubre en el programa nocturno de Joaquín Morales Solá. Habló de casi todo, pero fundamentalmente fue un regreso al centro del ring. No era su primera aparición mediática, pero sí resultó clave por lo amplio del espectro de opiniones.


Esta no es una frase del Papa, pero perfectamente podría serla, teniendo en cuenta el sin fin de rumores que giran alrededor del primer mandatario. Desde cambios de gabinete hasta su reemplazo institucional, pasando por un estado de ánimo personal desgastado.

Hace dos semanas dijimos que se instalaba una sensación de “esto se va a la mierda”. Ahora empezó a crecer la cantidad de gente que espontáneamente dice “por primera vez estoy pensando en irme a la mierda”. ¿Es una encuesta? ¡No! ¿Es la mayoría? En absoluto. Es solamente un indicador de un clima.

 

Como si la Argentina estuviera atravesada por pocos debates, el diputado Ameri sumo uno más a partir de su grave distracción de los asuntos que se estaban tratando. Por suerte duró muy poco: casi inmediatamente recibió el repudio de sus pares propios y ajenos, los medios lo condenaron toda la tarde / noche, y a la mañana siguiente la cuestión casi había expirado. Resultado: el sistema político se sacó un peso de encima.

La semana pasada titulamos nuestra columna “Se terminó la cuarentena” y el presidente nos dio la razón. Al día siguiente dijo “¿de qué cuarentena me hablan?”, entre otras cosas influido por los expertos que le aconsejaron no seguir mencionando el término. Esa redefinición no desalentó la movilización del 17A de todos modos. Vamos a tratar de despejar algunos elementos de lo que ocurrió el lunes pasado.

 

Señores lectores: no, no se pongan contentos, ni salgan a festejar. Las reuniones masivas, los espectáculos con público, las clases, los encuentros familiares, los viajes, etc. etc. siguen prohibidos por efecto de la pandemia. Solo que, consciente o inconscientemente, la mayoría de la sociedad dio por terminada la cuarentena. ¿Cómo es eso?

Si la reforma judicial se aprueba y se incrementa el número de integrantes de la Corte Suprema, la Cámara Alta puede ser la clave del futuro de Alberto, Cristina, el cristinismo y la oposición. Para eso tenemos que volver a hablar de elecciones, guste o no.

 

Alberto llegó a la presidencia firmando un contrato simbólico con la mayoría social en el que se comprometía a ser moderado, tanto en el estilo de liderazgo como en lo ideológico. De eso se trataba el “volver para ser mejores”. Si lo logra o no el tiempo lo dirá.

La política es un juego de efectividades y percepciones. Esto permite pensar que siempre se desarrollan 4 situaciones:

 

Falta mucho para las próximas elecciones. Trece meses si hay PASO, y 16 meses si no las hay. Una eternidad.

 

Si el pasado no es en la actualidad un buen predictor del futuro, entonces leer a los clásicos sería una pérdida de tiempo. Como todo en la vida, es relativo. No es que los clásicos hayan dichos cosas que ya no sirven, pero tampoco se los debe tomar como un texto sagrado.

 

 

Entre la pandemia y Vicentin seguramente va a quedar un poco escondida la fecha, pero se cumplen 6 meses del mandato de Alberto Fernández.

 

La política universal tiene un clásico: palomas y halcones. Las primeras propenden a cierto nivel de moderación en el estilo y los mensajes, que eventualmente podría generar grados de acuerdo y colaboración. Los halcones son confrontativos por naturaleza, devotos del “cuanto peor, mejor”, y andan con panes de trotyl volando puentes (de entendimiento) por doquier.

 

 

Mientras solo el 11 % de los municipios argentinos registra casos de coronavirus según (https://mercadoyempresas.com/web/aporte-tecnico.php?id=118) el último relevamiento del sitio Mercado y Empresas, las provincias y las localidades sin riesgo van flexibilizando de hecho, y la propia Ciudad de Buenos Aires registra un tránsito de ingreso a la ciudad del 79 % comparado con la pre cuarentena.

 

En la columna de la semana pasada concluimos diciendo que la dinámica política post cuarentena podría modificarse en función de 3 factores. Uno de ellos es cómo terminará la película de la pandemia, ya que la crisis económica va a ser prolongada de todos modos.

 

Algún día la pandemia terminará. La Argentina y el mundo pasarán a ser un gran hospital de posguerra en lo económico y social.

 

Si uno toma los medios gráficos de estos últimos días, verá que la política se ha reducido noticiosamente a su mínima expresión, y que la economía compite con el virus por razones obvias: el tendal que deja la paralización de las actividades productivas y la consecuente incertidumbre.

 

Hubo doble imprevisión en el manejo del "coronavirus gate": ausencia de controles adecuados tempranamente, y falta de coordinación comunicacional para lograr el impacto deseado en la opinión pública

 

Alberto Fernández debe articular dos tensiones: la económica -como fruto de la situación que iba a heredar- y la política -como consecuencia de la génesis de la propia coalición, diversa y con el liderazgo mayor en la vicepresidenta

 

Más allá de lo que ocurre en planeta del gobierno nacional, en casi todos los reportajes surge la pregunta: ¿y la oposición?

 

Para los que no vieron la película “1917” que acaba de competir por el Oscar, se trata de una misión peligrosa que encargan a dos soldados británicos en la Primera Guerra Mundial, para que atraviesen líneas enemigas y transmitan una orden a un coronel que tiene decidido atacar a los alemanes: el supuesto retroceso germano es una trampa, y si se evita el ataque salvarán 1600 vidas.

En una escena de la película “¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?” -de Billy Wilder con Jack Lemmon- el conserje del hotel en Italia donde está alojado el protagonista le informa que unos mafiosos han secuestrado el cuerpo de su padre fallecido, y que exigen un rescate de 2 millones de liras para devolverlo.

 

… mientras Alberto no está. Alberto está? No, se fue a Israel y al Vaticano. Parodiando a la famosa canción infantil, lleva a preguntarse si Alberto es el lobo, y entonces Cristina es el pastor que cuida a las ovejas.

 

Más allá de las diferencias conceptuales y de estilo entre Berni y la ministra Frederic, de debates puntuales sobre el uso de las pistolas Taser, de pelea de egos (¿Berni pensó que sería el ministro nacional?), de sospechas sobre negocios truncos, la pregunta que se hace el mundo politizado es ¿por qué Berni subió tanto la apuesta? ¿por qué se animó a contestarle al presidente hasta quedarse con la última palabra?

Este es el estribillo de un famoso tema de Creedence Clearwater Revival. Y es que cuando uno se mete en la política bonaerense, pareciera que debe prestar atención a lo que cantaba John Fogerty.

Este fue un año en el que la discusión entre el marketing y la política ganó la política. Lo cual es muy significativo para enmarcar lo que vendrá en el futuro. Pero ¿por qué ganó la política y no el Big Data, la microsegmentación, la adicción a las plataformas digitales?

 

 

… por culpa de una pollera, como reza el viejo tema de folclore. Cristina lo hizo de vuelta. Sorprendió a propios y extraños. Como cuando eligió a Amado Boudou como candidato a vicepresidente. ¿Saldrá bien? Bueno, eso ya es diferente. Al menos obligó al resto a revisar sus memos estratégicos. Pasados 4 días, el vino tomó oxígeno y ahora se lo puede degustar mejor. Lector: siéntese y disfrute unos minutos.

 

Por qué el presidente habla de corrupción cuando su principal consultor dice que eso no sirve? Por qué De Vido se convirtió en el centro de la escena entonces? Quizá las respuestas haya que buscarlas fuera de la estrategia de campaña y más cerca de los equilibrios políticos internos de Cambiemos.

 

Como los cambios culturales requieren tiempo y esfuerzo, y salvo que se quiera encarar una gran revolución, las políticas públicas deberán ir interactuando con la matriz existente para asegurar su éxito... o decidirse a enfrentarla cueste lo que cueste.

 

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