Natalio Botana

 

En este año predomina la política electoral con dos condimentos. El primero, novedoso, es la pandemia; el segundo es semejante al mito del eterno retorno: votaremos, como es habitual, padeciendo los efectos de una economía en crisis.

 

El 20 de enero de 1997, el senador John Warner, maestro de ceremonias de la toma de posesión del presidente Clinton, afirmó que los EE.UU. conformaban “la más vieja e ininterrumpida democracia republicana del mundo”. El miércoles pasado, la ceremonia se repitió con la solemnidad debida, en una ciudad de Washington vacía por la pandemia y militarizada para contener la agresión de los violentos.

 

En un pasaje de las Bases…, Alberdi escribió que “una vez elegido, sea quien fuere el desgraciado a quien el voto coloque en la silla difícil de la presidencia, se le debe respetar con la obstinación ciega de la honradez, no como a hombre, sino como a la persona pública del Presidente de la Nación”.

 

 

 

¿Por qué la política está en estos días descentrada? Si nos atenemos al antagonismo que, durante la pandemia, se manifiesta en lenguajes y proyectos parecería que el centro de nuestro sistema político se está desplazando hacia los extremos.

 

 

La coyuntura política despierta la sensación de atravesar un pantano en que, a golpes de efecto, se yuxtaponen impugnaciones y vetos. En ese fondo cenagoso quedan a salvo las convergencias entre Gobierno y oposición para enfrentar la pandemia; lo que resta evoca un contrapunto no resuelto entre dialoguistas y excluyentes.

 

 

Después del 11 de agosto esa vehemencia electoral está creciendo alocadamente impulsada por tres componentes: el pésimo encuadre institucional de las PASO; la torpeza de llevar adelante, a suerte y verdad, una polarización entre posiciones irreductibles; el talento táctico para fraguar la unidad del peronismo a despecho del faccionalismo que estallaba en sus filas.

 

 

Nuestra democracia está entrampada por una grave situación económica, procesos electorales de alta intensidad y un conflicto entre visiones excluyentes.

 

 

La Argentina padece hoy una doble ausencia. Persisten las libertades públicas y el sistema electoral, pero al derrumbe de la constitución económica se ha sumado la endeblez de la constitución moral de la república.

 

 

Si la dirigencia política sigue siendo incapaz de robustecer la moneda y la solvencia fiscal, el país seguirá inmerso en una democracia sin objetivos de largo plazo.

 

 

Las democracias se sostienen en dos constituciones: una política, garante de libertades, y una económica, que con un fisco sustentable debe impulsar la primera, para dar mayores niveles de igualdad. En Argentina, esa segunda "carta magna" carece de pactos y gira en el vacío.

 

La palabra "centro", de antiguo linaje en las democracias, se ha puesto de moda en el lenguaje de protagonistas y observadores.

 

Avanzar en el cambio dependerá de la conformación de un arco moderado capaz de soportar el embate de un sector al que le cuesta admitir su derrota

 

El desafío de hoy es configurar un arco político moderado que reconstruya sobre nuevas bases nuestro deteriorado sistema de partidos

 

La herencia recibida y la difícil transición de una economía subsidiada a una más competitiva complican el panorama económico y obligan a la política a posponer decisiones clave para cuidar las chances de los próximos comicios

Desde el momento en que fue derrotado el kirchnerismo, la voz convocante de la reconstrucción sobre un lodazal ineficiente y corrupto ha sido el regreso de la Argentina al mundo y a una reinserción internacional en busca de inversiones. Si nos atenemos a las giras y mensajes, tal resulta ser uno de los objetivos centrales de la presidencia de Macri.

Si tras el impacto de los escándalos lo que sigue es el silencio o la inoperancia de los distintos brazos del Estado, aumentarán la desconfianza hacia las instituciones y el descreimiento en la política

 

En un mundo en el que las limitaciones del sistema democrático generan fuertes reacciones ciudadanas, Cambiemos debe transmitir el mensaje de que las alianzas políticas pueden ser eficaces en el gobierno de la república

 

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