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Lunes, 25 Mayo 2020 21:00

Alberto, Horacio y Axel, aliados en el nuevo reparto del poder político - Por Walter Schmidt

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El Presidente, el jefe de gobierno porteño y el gobernador bonaerense se potencian en el centro de la escena. El riesgo de la pandemia como capital político.

 

Bajo la mirada política, la pandemia puede ser un atajo. Los atajos permiten acortar procesos de construcción política; pero a veces, conducen a un callejón sin salida. Por la relevancia de la figura presidencial y porque el coronavirus golpea a la Ciudad y la Provincia, no hay duda de que el protagonismo político hoy está en manos de Alberto Fernández, Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof​.

En Casa Rosada ven que algo cambió porque al principio en el ala más kirchnerista del oficialismo “había una actitud muy contestataria, de tener la razón todo el tiempo y echarle la culpa al otro”. Creen que dirigentes como Kicillof lo están empezando a entender. De a poco. Un ministro nacional no duda que el gobernador se está dando cuenta que le rinde la foto con su rival, Larreta. “Porque lo pone en el centro y lo empiezan a ver como un hombre de Estado”, analizan.

Dos antecedentes fueron clave para que los tres dirigentes actuaran coordinadamente. En primer lugar, Fernández no tenía relación personal con Larreta, pero sí una opinión diferente a la que tiene de Mauricio Macri o de María Eugenia Vidal​. “No lo conozco, pero ese es el único que trabaja y tiene las cosas claras”, decía Alberto en noviembre a sus colaboradores. Después llegaría la reunión en las oficinas de Puerto Madero, la primera foto y los contactos en cuarentena. Hoy el trato es muy cercano.

Algo similar ocurrió con el gobernador. Fue fundamental la primera reunión de trabajo entre Larreta y Kicillof, el 14 de noviembre, a poco más de quince días de las elecciones. Larreta, sin trato con el ex ministro de Economía, se reunió con él en las oficinas del Consejo Federal de Inversiones en el Bajo porteño. Durante más de una hora mantuvieron una charla cordial y, sin imaginar lo que vendría después, hablaron de la red de Salud del área metropolitana. Concretos, sin rodeos y con mucha información, abordaron temas comunes entre Ciudad y Provincia. Dicen que Kicillof se sintió identificado con el perfil obsesivo del jefe de Gobierno porteño y lo sorprendió su conocimiento sobre Provincia. A partir de ahí se iniciaría un vínculo con mensajes periódicos por WhatsApp que con el virus se multiplicaron.

“Axel y Larreta son una nueva generación política, la nueva política. Queda claro en la manera de ver la gestión pública y, además, ambos son obsesivos de los hechos”, sorprenden con la descripción cerca del bonaerense.

Kicillof es un dirigente particular. Quienes lo tratan admiten que “le asquea la rosca” política; no entiende mucho el sentido y suele decir que los asados los comparte sólo con sus amigos. Larreta, dicen sus colaboradores, tiene por lema “80 por ciento gestión, 20 por ciento rosca”. De ahí, el feedback entre ambos.

Pero si bien en privado la relación es fructífera, en público Kicillof “siempre está tirando de la cuerda”, define un macrista. Tal vez por la filosofía kirchnerista que dice que reconocer el trabajo de un opositor es un signo de debilidad, protagonizó varias polémicas con Larreta en forma directa o a través de su ministro de Salud, Daniel Gollán, o de intendentes. O el sábado cuando criticó la herencia de Vidal. Como si la paupérrima infraestructura de salud del conurbano fuera producto de cuatro años de gestión y no responsabilidad de las administraciones peronistas anteriores.

Incluso un operador peronista refresca, “mirá lo que pasa en Chaco”. Allí el gobernador Jorge Capitanich está enfrentado con el intendente de Resistencia, otro peronista, Gustavo Martínez.

En el caso de Larreta, aseguran en Juntos por el Cambio​, el escenario actual le sirve para nacionalizar su figura, ser conocido en todo el país. Nadie sabe si eso es perdurable en el tiempo. En lo económico se alivian porque las grandes obras en la Ciudad ya se hicieron. Claro que la recaudación caerá abruptamente y la exposición de la gestión porteña es muy alta, por lo que algunos procesos irregulares como la compra de barbijos se amplifican. Y sus pares -como Macri- se molestan porque lo ven demasiado pegado a Fernández.

En la oposición saben que el oficialismo carga con más responsabilidades porque debe resolver la crisis económica y el acuerdo por la deuda con el FMI y los bonistas no resuelve las cosas automáticamente.

“Axel está muy preocupado y exigiéndonos ideas, propuestas”, aseguran en La Plata. Antes de la pandemia, Kicillof estaba obsesionado con la situación económica y su objetivo era apostar a la industria, con el agro incluido. Estaba convencido que reactivando la producción sacaba a la Provincia del pozo. Pero todo cambió, y ahora administra una provincia en peores condiciones económicas que hace unos meses.

No obstante, mientras Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta incrementan su imagen positiva, Axel Kicillof consolida el segmento de adeptos que Cristina Kirchner ​ostenta en territorio bonaerense.

Un miembro del Gabinete nacional avala ese trío político. “Es otro tiempo para la Argentina”. Cree que son conscientes que tienen chances de suceder a la generación de Cristina Kirchner y de Mauricio Macri.

En el Gobierno ven más allá. Plantean que Alberto, Axel y Horacio -haciendo uso de la estrategia marketinera de Durán Barba de llamar a los políticos por su nombre- son “los tres garantes de la estabilidad, del esquema vigente de la institucionalidad”.

Por eso cerca de Alberto Fernández lanzan una pregunta, aportando también la respuesta. “¿Qué va a pasar con esa institucionalidad si la estrategia contra la pandemia fracasa?” El regreso de los dos extremos radicalizados, del kirchnerismo y de Juntos por el Cambio.

Walter Schmidt

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