Sábado, 11 Julio 2020 21:00

Debilidades en la cúpula: negocian para dividir al adversario - Por Ignacio Zuleta

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Dilema. La conducta de Sergio Massa produce más complicaciones que el coronavirus. Una maniobra para beneficiar a Cristóbal López rompe viejos códigos de la política. Enfrentamientos en el poder trifonte y principio de acuerdo en el Pro.

 

Hay algo menos previsible y que enloquece más a las conciencias que el coronavirus. Es Sergio Massa en acción. Entró a Olivos y salió con el mensaje de que Alberto Fernández quería recibir a la oposición del Congreso. ¿Justo después de calificar a los presidentes de Juntos por el Cambio de "canallas", de acumular ya cuatro pedidos de investigación del exministro Adolfo Rubinstein y de poner a provincias de signo opositor en la lista negra del reparto de fondos? Ese pliego de agravios aumentó cuando se conoció el proyecto de moratoria, que revierte uno de los artículos que Cambiemos había apoyado de la ley de emergencia que se votó por pedido de Martín Guzmán el 20 de diciembre.

Ese artículo 8° de la 27.541 entró con vaselina por el ángulo por 236 votos a cero (19 abstenciones) porque el gobierno exceptuó de la moratoria a los deudores del impuesto a los combustibles y al juego, dos especialidades del grupo de Cristóbal López. Que incluya también a quienes están en proceso de quiebra, como ellos, es algo que la oposición lo ve negociable si se le reclama al fallido, para entrar al perdón fiscal, un pago a cuenta de, digamos, un 20% del valor total de la deuda. Pero lo primero es inaceptable. Como todo en política, piden que les expliquen el negocio o la ideología de este giro en la política oficial entre diciembre y ahora.

¿Es un round en el proyecto de cambiar el mundo? Hay que anotarlo junto a los pasos del socio de Alberto en ese emprendimiento, el mexicano AMLO (Andrés Manuel López Obrador), que se abrazó a Donald Trump junto a un puñado de empresarios de su país – dueños de compañía, no ejecutivos, aclaró – a quienes se les atribuye aportar a la campaña por la reelección. En una de esas le saca alguna explicación sobre el desaire a Gustavo Béliz para ser titular del BID. Es difícil cambiar el mundo.

El debate opositor a la clandestinidad

Ese proyecto que entró en silencio durante la semana es una provocación política que la justicia amiga puede perfeccionar si cambia la carátula de los procesamientos a los responsables del grupo de "defraudación" por los de "evasión o insolvencia fiscal fraudulenta". La invitación que cursó Massa a los jefes del interbloque de manera informal disparó una sucesión de reuniones más o menos discretas entre los caciques de cambiemos - jefes partidarios, gobernadores, autoridades de los bloques - que intentaron sumir en la clandestinidad la discusión sobre si aceptar o no la convocatoria. No había un criterio unificado y por eso se postergó la fecha del jueves para el encuentro y se trasladó a este lunes. Ese debate debió ser discreto porque también enloquece a la oposición el jugueteo que hace, de manera eficaz, el gobierno, para destacar las diferencias internas entre los partidos de Cambiemos.

En esta oportunidad, los jefes del Pro estaban más cerca de aceptar la invitación, mientras que los radicales reclamaron condiciones para caminar hasta Olivos - la invitación era para una presencial. El gobierno con estos llamados impulsivos al diálogo explota diferencias de temperamentos: algunos opositores creen que, si el gobierno llama, hay que ir. Más cuando antes pidieron que los llamasen. Otros ni quieren acercarse porque creen que los agraviarán más. Y más si el llamador es Massa, que solo mueve si va en su interés ni tampoco se sabe si es un emisario con avales reales de Olivos. Entrar a los despachos del gobierno no es lo que más cotiza en estas horas. Incluyendo a los peronistas, que también discuten posiciones encontradas.

En el Instituto Patria - Cristina - no quieren tener relación alguna con la oposición y hasta ahora logran que Massa le demore la jura a Miguel Pichetto como auditor, cuando el exsenador es el artífice de la libertad de Cristina. Massa, en cambio, se agranda cuando ejerce el rol de padrino de las relaciones con la oposición y se ha inventado una herramienta eficaz para justificarlo. El interbloque de José Luis Ramón es una creación que hace funcionar como bisagra del quórum. También es valedor de la amistad con la gente de Emilio Monzó, Cristian Ritondo y Graciela Camaño, opositores de su estrecha relación que tienen terminales en el larretismo y el lavagnismo. Gran caminador de cornisas, con eso gana amigos en todos lados.

Víctimas de la política virtual

Alberto es otro caso distinto porque es el eslabón perdido de la coalición trifronte. Un experto en teoría de los grafos (la ciencia que estudia la formación de conjuntos) diría que la principal novedad del enlatamiento de la política en las relaciones virtuales le ha quitado a la política algo sustancial, que es el "face to face". La red social clásica que es esencial en la política reemplaza a los nodos los actores sociales, y verifica la posición, centralidad e importancia de cada actor dentro de la red, dispara relaciones complejas, como la relación de poder de unos sobre otros.

La transformación de la red social como la hemos conocido por la relación virtual encierra la actividad política en diálogos bilaterales, punto a punto - video, teléfono - en los que las decisiones se toman sin testigos. No hay actividad política como relaciones sociales, que son las dadoras de contexto. Todo mensaje es lo dicho y el contexto que le da sentido. Aislado, el político se desentiende de lealtades, de reglas de convivencias, de los meta mensajes afectivos que son los que ponen restricciones a la conducta Si le hablás a una cámara podés creer que tenés la libertad absoluta decir cualquier cosa porque no existe la mirada de quien te escucha que va construyendo lo que decís por el solo acto de escucharte. Podés creer que podés decir cualquier cosa, fuera de control y desafiando los principios de no contradicción.

Da para el blooper - Pablo Torello en calzoncillos, el senado Castillo que se queja "igual me cagó" - pero también para situaciones más dramáticas, como decirle a cada interlocutor lo que creés que le gusta escuchar. Y podés pasar, como hizo Alberto con diferencia de pocas horas, de decirle "canallas" a los opositores, a cantar la unidad en el discurso del 9 de julio. De avalar el proyecto de moratoria que defrauda un acuerdo con la oposición para que Guzmán tuviera su moratoria en diciembre, a habilitarlo a Massa a que le lleve a los legisladores de la oposición a su despacho.

El desafió hoy de un político es entender qué significa la política no presencial, remota, como novedad. No es una innovación de estilo. Es una forma de hacer política que pocos pueden asumir sin examinar las condiciones de un mundo diferente, que ha cambiado el significado mismo de "presencialidad". Es mucho más que el susurro, la caricia, la palmada en el hombro. Es la mirada de otro, que sobrevive apenas por sobre el barbijo, que ha hecho renacer el viejo género de relación que fue siempre "el romance de ojos" - ¿quién no vivió alguna vez un romance de miradas que nunca terminó de articularse en actos ni palabras, pero fue igualmente abrasador.

La puja por sacarle ventaja al socio

Massa, en su campaña para llevar a la oposición a Olivos procura sacar ventaja frente a los otros dos socios del gobierno trifronte. Cristina tiene congelado al Senado después de que se aprobase la comisión Vicentin, y tiene que responder un reclamo de Juntos por el Cambio de nuevo protocolo para sesionar de manera remota. Los senadores se niegan a participar de esas sesiones remotas, salvo que se les hagan modificaciones a las normas actuales.

Esa conversación la llevan adelante dos formoseños, Mayans - jefe del bloque - y Luis Naidenhoff, del interbloque JxC. Éste trasladó el reclamo de 1) más tiempo para las intervenciones de nada legislador; 2) que pueda haber participación real, de quienes quieran sentarse en su banca; 3) que haya reuniones de labor parlamentaria para convenir los tema a debatir; 4) que se complete las comisiones que están si funcionar.

En esas charlas no participa "El hombre del látigo", Oscar Parrilli, a quien muchos peronistas de la cámara le atribuyen las agresiones hacia sus adversarios. Pero todos admiten que es Cristina la que ordena las hostilidades. Las razones son las de siempre. no es porque quiera ganar poder en el recinto, que le sobra a su partido por la cantidad de legisladores que tiene.

Es porque libra una pulseada con Alberto y Massa para decidir quien tiene más fuerza y convencer al conjunto del peronismo. La necesidad de fuerza es para mantener el compromiso de protección en su situación judicial que forma parte, de manera esperable, del pacto con Alberto y Massa. Porque eso de ganar las elecciones y que te sigan los procesos, no es vida ni es nada. ¿Qué hay que hacer? La vicepresidente no tiene proyectos, salvo los ligados a su interés personal. Los que tenga de interés público no se le conocen. Tony Blair en sus memorias ("A Journey: My Political Life", 2010) dice que el test de liderazgo de un político está en poner a tu país por encima de todo. El verdadero liderazgo está en que "estés preparado para poner lo que vos percibís como el bien público de la nación por delante de tu propio interés". Es lo que diferencia a un líder de un jefe. Mientras continúe la pulseada de poder, el peronismo prolongará una administración débil, sin proyecto y comprometida por una oposición en minoría notable pero que le plantea pelea con éxito en varios terrenos.

Debilidades cruzadas

La oposición sufre estos debates internos porque logra hasta ahora sostener el arco unido, gracias a dos decisiones: 1) poner como objetico superior permanecer unidos pese a las diferencias ideológicas y de método; 2) no disputar jefaturas. Con eso ha mantenido el bloqueo a los 2/3 con que sueña el peronismo en el Senado, y la amenaza de que puede dejar a los Diputados sin quórum o promover sesiones especiales para temas propios.

Con eso ha logrado, por ejemplo, cortarle el camino al proyecto de crear una comisión investigadora sobre el caso Vicentin. Los gestos han sido estridentes: consagración de Miguel Pichetto como auditor; reconciliación de Macri con Elisa Carrió, con quien no hablaba desde las elecciones; reconciliación de María Eugenia Vidal y de Emilio Monzó en el comedor de Horacio Rodríguez Larreta y con Martín Lousteau, y acuerdo para crear una mesa del Pro que funcione con delegados de todas las carpas (Patricia Bullrich, Federico Angelini, Laura Rodríguez Machado, Eduardo Macchiavelli, Cristian Ritondo, Jorge Macri, Diego Santilli, Omar De Marchi y Fernando De Andreis). Esa mesa tendrá una cumbre este lunes con los 48 delegados de todo el país para exhibir un plan estratégico hasta 2021 pero busca evitar episodios como el del comunicado sobre la muerte de Fabián Gutiérrez. Ese pronunciamiento de los tres jefes de Juntos por el Cambio desató una campaña del gobierno contra la oposición "canallesca" con la cual procuró dar vuelta la artillería y victimizarse. Fue una señal de debilidad de un gobierno en aprietos, pero también de la oposición, que encontró en ese episodio la oportunidad de ordenar a la fuerza central de la coalición - el Pro - que tiene tironeos de liderazgo entre los duros, los acuerdistas, los que gobiernan y los tuiteros, que aprovecha el gobierno para anclar su resistencia.


Ignacio Zuleta

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