Domingo, 19 Julio 2020 21:00

Cruces por el gabinete y un Gobierno resignado a convivir con la interna - Por Walter Schmidt

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En la Casa Rosada y en la coalición reprochan a varios ministros del Gobierno por su silencio. Alberto Fernández pide no perder de vista el objetivo. Las tres cosas que molestan a Cristina.

 

“Podemos ganar la batalla si seguimos dialogando con los racionales de la oposición e ignoramos a los irracionales internos y del otro lado”, reflexiona una de las principales voces del oficialismo no cristinista. Y por las dudas añade, “la sociedad no nos va a juzgar por cómo peleamos”.

En la Casa Rosada están resignados a que la relación con Cristina Kirchner y sus adeptos sea del tenor que se expuso esta semana. Es decir, con críticas indirectas –elogiando un artículo periodístico- que partieron de la vice en rechazo a la convocatoria a un grupo de empresarios para el Día de la Independencia. O sin filtro, como las de Hebe de Bonafini. ​ Obviamente, firmarían un perfil de la ex presidenta más institucional, preocupada por sus intereses particulares pero sin afectar decisiones del Gobierno. Pero saben que es imposible.

“La intensidad de Cristina es directamente proporcional a los temas que le preocupan”, razonan. Se ilusionaban con que esos temas fueran solo los judiciales, pero ella les dejó en claro que le molestan decisiones de gestión de Alberto Fernández ​y, en particular, el desempeño de algunos ministros.

Desde el entorno de Cristina y de Máximo Kirchner​ detallan tres elementos que molestan a la vicepresidenta. Primero, lo que califica como parate o inacción de algunas áreas de gobierno -como Economía- y de sus respectivos ministros. Otro punto es la pasividad del gabinete frente a la opinión pública, lo que, esgrimen, se vio reflejado en un hecho. “El Gobierno tardó casi un día entero en salir a poner freno a las vinculaciones que se hacían de Cristina” con el asesinato de Fabián Gutiérrez. Y el tercer punto, reconocen, es el acto del 9 de Julio. “Si se quiere armar una foto con empresarios, no es con esos empresarios”. Para sorpresa de muchos, afirman que hubieran preferido invitar al dueño de una pyme del Conurbano junto con empresarios del perfil de Martín Migoya (cofundador de Globant) y Marcos Galperín (o su reemplazo en Mercado Libre).

Claro que esta semana Mercado Libre fue bloqueada por el gremio de Hugo y Pablo Moyano, que reclama que los trabajadores que se desempeñan en el depósito de la firma –y que ya tienen gremio, que es el de Carga y Descarga- sean afiliados a Camioneros. “Es un error”, aseguran desde La Cámpora y apuntan contra un ministro del riñón de Fernández como el de Trabajo, Claudio Moroni. “Hace una semana que sabíamos que se venía el conflicto, antes del bloqueo, porque nos avisó la gente de Mercado Libre y luego lo confirmó Camioneros. Cómo podemos enterarnos nosotros y no el ministro de Trabajo y evitar lo que pasó”, argumentan.

Desde el Ministerio de Trabajo evitan la pelea, pero aclaran que Moroni ya sabía del conflicto y, de hecho, venía dialogando con ambas partes. El problema, resumen, es que Pablo Moyano es incontrolable y avanzó con el bloqueo en plena negociación. Incluso, marcan que, de no ser por la mediación del ministro, la reunión de conciliación hubiera fracasado.

Pero los reproches también asoman desde el propio gabinete. Algunos ministros coinciden con la crítica que los sectores duros le hacen a funcionarios como Felipe Solá. No comprenden como una decisión de tanto voltaje político como fue la condena al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela por los derechos humanos, no fue acompañada por declaraciones del canciller defendiendo esa postura. Y no sólo a través de twitter, encima después que el Presidente llamara a un periodista cristinista que salió a cuestionar con dureza esa posición en la ONU.

Un miembro del gabinete incluye en esas críticas a su colega Agustín Rossi, con un bajísimo perfil político y que recién ahora salió a hablar de “bancar” al Presidente, cuando la interna ya se había desatado. “Tenemos un ministro de Economía que solo habla de la deuda”, ironiza otro colaborador con despacho en Balcarce 50. Agregan que, en un momento de crisis económica, tampoco sale a explicar e inyectar certidumbre el ministro de Producción, Matías Kulfas.

“El problema es que Alberto tiene veinte funcionarios de primera que tienen que hablar y no lo hacen”, sintetiza un legislador. Y de paso, cuestiona a algunos gobernadores como Omar Perotti, en el caso Vicentin. “Al kirchnerismo no le gustó que nadie explique, y el gobierno de la provincia no habla y se esconde en Santa Fe”, dispara la misma fuente.

En la Cámara de Diputados se sabe que Máximo Kirchner trata de apaciguar ánimos. Ergo, si no interviniera, el fuego amigo contra el Gobierno sería mayor. Mientras que Sergio Massa trata de terciar, por ejemplo, gestionando la videoconferencia del Presidente con la oposición, o, como el viernes pasado, saliendo a defender el voto contra Venezuela. Pero tiene claro que su misión es cuidar el equilibrio en el Congreso y trabajar con todos los sectores, gobernadores y oposición, y que sus dichos después no le impidan salir a jugar fuerte en temas clave del Gobierno como la deuda, moratoria, presupuesto.

Con su tono y sus tiempos, que a veces no son los indicados, Alberto Fernández intenta delinear la identidad de su Gobierno, bajo una fórmula sencilla: convivir con su vice y sus fieles, y apostar al diálogo y al éxito de su gestión. Sólo así se explica que en una entrevista con Página 12, el mandatario haya cuestionado cosas, a su juicio “sesgadas”, del artículo periodístico tan elogiado por Cristina. Y, además, haya ratificado la convocatoria a los empresarios que hizo para el 9 de Julio al evaluar que sólo con ellos no alcanza, pero sin ellos no se puede construir otro modelo de país. Hasta pareció ensayar un mensaje para su vice cuando afirmó: “No voy a dejar el diálogo” porque “en política se conduce dialogando”.

Los funcionarios lo ven tranquilo al Presidente -”no le salta la térmica”, dicen- y muy decidido a mantener ese estilo. Creen que gana disolviendo la grieta en la foto del viernes junto a Horacio Rodríguez Larreta y Axel Kicillof. Y que lo que genera ruidos se va a resolver en función del éxito que tenga el Gobierno. “Alberto piensa, administremos esta situación y no perdamos el objetivo. Y su legado es que logre construir un diálogo y vinculo en la política”, reafirman.

El Presidente entiende que la gestión sanitaria se agotó en la cabeza de la gente y por eso trabaja en un paquete de medidas económicas. En Olivos, afirman que se viene la etapa de la pantalla partida; esto es, la mitad con noticias sobre la pandemia y la otra con otros temas de actualidad, como la economía. La agenda, ya no volverá a ser monotemática.


Walter Schmidt

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