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Martes, 15 Diciembre 2020 10:37

Trump y Cristina contra la Corte Suprema - Por Sergio Berensztein

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Ni el presidente norteamericano ni la vice argentina soportan que exista una institución dentro del sistema republicano de gobierno que no se comporte según sus pretensiones. 

La Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos rechazó el viernes la demanda de Texas para desconocer los resultados electorales que le dieron la victoria a Joe Biden y Kamala Harris. El caso presentado por un aliado de Trump, el fiscal general texano Ken Paxton, buscaba invalidar los resultados en Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin (claves en la victoria demócrata). Texas alegaba que los mismos eran inconstitucionales debido al uso del voto por correo. 

Trump mantenía la esperanza de que la Corte, de mayoría conservadora, fallara a su favor; sin embargo, sus nueve integrantes, incluidos los tres designados por el presidente republicano, concluyeron que Texas no tiene derecho a interferir en la organización de los comicios de otros estados. Con esta decisión, el máximo tribunal dio un golpe prácticamente definitivo a sus aspiraciones de revertir la derrota por medio de la vía judicial. Por eso, y como era de esperar, la réplica del republicano no tardó en aparecer. Una vez más Trump utilizó Twitter para mostrar toda su desilusión y fastidio: “La Corte Suprema realmente nos ha decepcionado. ¡Ni sabiduría ni coraje!”. Además, agregó que el máximo tribunal no tuvo interés alguno en examinar lo que él considera el mayor fraude electoral en la historia de los Estados Unidos.

Paradójicamente, la embestida de Trump contra la Corte Suprema de su país coincide con cuestionamientos análogos en Argentina. Aquí, ha sido Cristina Kirchner (quien no desempeña el cargo de presidente, pero sigue ocupando el eje central de la política argentina) quien puso en duda el desempeño y la integridad de nuestro máximo tribunal de justicia. El miércoles, en ocasión de cumplirse el primer año de gobierno del Frente de Todos, la vicepresidenta difundió una carta titulada “A un año… balance” en la que criticó con dureza a la Corte Suprema y al Poder Judicial en general, al que acusó de encabezar y dirigir el supuesto proceso de lawfare, del cual se percibe como víctima.

Los cuestionamientos de Cristina hacia la Justicia no son nuevos, pero los ataques alcanzaron esta vez un mayor grado de detalle y severidad. Además de denunciar la persecución a dirigentes kirchneristas y la protección a exfuncionarios macristas, la vicepresidenta afirma que la Corte podría querer el fracaso del gobierno: “Tampoco deberíamos extrañarnos si esta Corte, que consintió alegremente el mayor endeudamiento del que se tenga memoria a escala planetaria con el FMI, empieza a dictar fallos de neto corte económico para condicionar o extorsionar a este gobierno… O lo que es peor aún: para hacerlo fracasar”. Así, Cristina emite una advertencia de cara al futuro y se toma una licencia para poner en duda eventuales fallos adversos al gobierno en materia económica, aun cuando estos pertenecen hoy al mundo de lo hipotético. La vicepresidenta no solo cuestiona lo que la Corte hace, sino también lo que podría hacer.

Tanto Trump como Cristina no soportan que exista una institución dentro del sistema republicano de gobierno que no se comporte según sus pretensiones y le ponga límites a su apetito de poder. Por eso, sus respuestas se manifiestan en estos ataques cargados de reproches y furia. Muchos se preguntan por qué Trump no logra controlar sus impulsos constantes de atacar a aquellos que percibe como sus enemigos. James Kimmel Jr., profesor de psiquiatría en la Universidad de Yale, ha estado investigando recientemente la forma en como los agravios afectan al cerebro y descubrió que el efecto se parece mucho al causado por los narcóticos. Según él, los estudios de imágenes cerebrales muestran que experimentar o recordar una injusticia, ya sea real o imaginaria, activa las mismas regiones del cerebro de recompensa y hábito que los adictos, desencadenando deseos desenfrenados de alivio a través de la represalia. Dicha represalia, aclara, no necesariamente debe ser física: un ataque verbal, un tweet o una carta pueden resultar suficientes y gratificantes.

La mención a los narcóticos no es lo fundamental aquí, quedarse únicamente en este punto puede devenir en una polémica superflua. Lo sustancial de estos descubrimientos es la manera en cómo los seres humanos funcionamos cuando nos sentimos agraviados. Por eso, Trump y Cristina, convencidos de que son víctimas de un sistema injusto que conspira contra ellos, actúan de una manera tan enceguecida. Su proceder se aleja de un comportamiento racional, a un punto tal de que a veces ellos mismos se ven perjudicados por no lograr controlar sus impulsos de represalia. Los descubrimientos de los investigadores la Universidad de Yale valen para cada uno de nosotros, y no solo para los dirigentes políticos. El problema radica en que el hábito de venganza de Trump y de Cristina, por su responsabilidad de gobierno y la centralidad que ocupan en la política de sus países, termina dañando a las instituciones, generando consecuencias negativas que nos afectan a todos como sociedad.

Sergio Berensztein

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