Martes, 23 Marzo 2021 09:48

Radicales en su salsa: las internas - Por Ricardo Roa

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Por suerte las hacen, con o sin coronavirus. Ajustadas, no cambian el equilibrio dentro del partido.

Primero es lo primero: afortunadamente para la democracia los radicales no han dejado de ser radicales. En medio de la pandemia o a pesar de la pandemia, hicieron internas para decidir quiénes van a dirigir el partido y sólo en Buenos Aires votaron nada menos que 115.000 afiliados. Encima, en una elección muy reñida sin choques de barras y casi sin irregularidades.

Cualquier diferencia con lo que pasa hoy en el peronismo se mide en kilómetros. Alberto Fernández asumió como jefe en el Consejo Nacional del Partido Justicialista, Mariano Recalde en el porteño y Máximo Kirchner corre con el caballo del comisario en el bonaerense y todos a dedo.

Internas radicales hubo y hay en todos lados, pero en tres distritos se juega el control partidario: Córdoba, que votó dos semanas atrás, y Buenos Aires y la Capital, este domingo. Ahora vendrán las candidaturas, que será otra discusión y serán otros conflictos.

Un dato: ninguno de esos tres distritos tiene gobiernos radicales. Pesó el liderazgo de los punteros locales y su capacidad para movilizar y fiscalizar. Otro dato: no fue una interna ideológica, como la que concluyó en Gualeguaychú en 2015, cuando Julio Cobos y Ricardo Alfonsín denunciaron la sociedad con el PRO como un pacto con la derecha liberal. Alfonsín terminó como aliado del kirchnerismo y embajador en España.

Ya nadie se plantea que el radicalismo deba abandonar Cambiemos. Asociados con el PRO han ganado 32 intendencias en la Provincia. Lo que hay en juego es un nuevo reparto del poder y del protagonismo en la coalición. En el radicalismo no hay liderazgos nacionales indiscutidos. Funciona como una cooperativa, denominación que no es peyorativa: alude un poco a fragmentación, otro a tradicional y otro poco a ver cómo se coopera para empujar a Cambiemos.

Y esta vez la cooperativa fue la gran ganadora. Mario Negri retuvo Córdoba, y Cornejo, Morales y sobre todo Sanz salieron fortalecidos por apostar al triunfo de Maxi Abad en Buenos Aires. Cornejo es el presidente del partido. Tiene detrás a Mendoza pero no a la mayoría del Comité Nacional.

Negri comparte con Ramón Mestre la conducción de Córdoba y decide en el bloque de diputados nacionales, pero no en el aparato del partido. Gerardo Morales pesa en el Senado en yunta con el formoseño Luis Naidenoff, presidente del bloque. También manda en Jujuy y a los restos de los dirigentes alfonsinistas. Ernesto Sanz fue el padrino político de Abad y ahora, de algún modo, expresará a los delegados bonaerenses.

El equilibrio de fuerzas en el partido no cambiará. Todo habría sido diferente si Abad perdía. El intendente de San Isidro, Gustavo Posse, hizo muy buena elección, pero no le alcanzó. Detrás tuvo a Martín Lousteau y a Emiliano Yacobitti, sponsor de Lousteau y del staff del inacabable Coti Nosiglia, aunque con vuelo propio. También desafiaron a Negri en Córdoba con Rodríguez de Loredo, otro que perdió por poco. Con los nombres se hace enseguida una ensalada difícil de distinguir para el que no es radical ni internista de alma.

Hay una generación que pide pista como Abad y Yacobitti. También Lousteau y el neurólogo Facundo Manes, aliado de Abad, que fueron a la interna con una inocultable ambición: ser los que enfrentarán al PRO por la candidatura presidencial. La marcha recién comienza, pero los radicales avisan que piensan pelear en serio por el premio mayor.

Ricardo Roa

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