Miércoles, 19 Mayo 2021 08:22

Días de Hot Sale en Diputados - Por Ricardo Roa

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La pandemia está en su peor momento, pero el Gobierno se concentra en echar al Procurador.

Cualquiera sabe y todo el mundo sabe que la Argentina tiene dos problemas críticos. Uno es la debilidad para enfrentar la pandemia. Esto es, desborde de casos y falta de vacunas y una estrategia que es la prueba de la ausencia de estrategia: cerrar todo.

El otro problema estaba a la vista cuando el kirchnerismo volvió al poder y no sólo no lo supo resolver, sino que se ha agravado: la crisis económica. En el mejor de los casos, la actividad podría recuperar la mitad de lo que perdió el año pasado. Y con una inflación sin control, a la que ataca prohibiendo las exportaciones de carne, un recurso que se comprobó inútil y que encima cierra el ingreso de dólares cuando más se necesitan.

Esto es lo que importa y abruma a la gente. Y con semejante cuadro, ¿dónde concentra las energías el Gobierno? En echar al jefe de los fiscales para colocar uno propio y disciplinar a aquellos que molestan y ponen en aprietos. Está mirando otra película: la película que sólo le importa a Cristina.

Y justamente la película de Cristina es lo que explica que el candidato Daniel Rafecas, propuesto por Alberto Fernández, esté frizado desde año y medio atrás. El Senado, donde hace y deshace a su gusto la vice, nunca tocó el pliego. Es obvio que Cristina no lo quiere y quiere a otro. Más de una vez hizo trascender que Rafecas podía ser el candidato del presidente, no el suyo.

El jefe de los fiscales es Eduardo Casal, que asumió porque era el fiscal general más antiguo al renunciar Gils Carbó. Se iba a quedar un rato y lleva más de tres años. Para que se vaya, el Gobierno le inventó una docena de denuncias y hasta lo amenazó con hacerle juicio político. Casal ha dicho que no se irá porque lo presionen. Es un funcionario digno.

Cristina podría sacar a Casal con solo destrabar la designación de Rafecas, que hoy cuenta con aval opositor o de al menos parte de la oposición. Además, les crearía un problema interno: Macri inicialmente había vetado a Rafecas. Pero Cristina decidió ir por una nueva ley que en los hechos voltea la independencia del sistema judicial.

El proyecto ya fue aprobado por el Senado y ella aprieta el acelerador para conseguir lo mismo en Diputados. “No se esfuercen. El Gobierno puso todo lo que tenía que poner para conseguir los votos”, les recomendó, sobrador, Sergio Massa a jefes de la oposición. ¿Qué es poner todo lo que tenía que poner? No necesita respuesta explícita.

Massa, a la cabeza de la movida cristinista, conoce ese paño. El objetivo es uno: el quórum. Tiene 118 votos propios, necesita 11 más. Debe pescar en el bloque del medio, un popurrí que el mismo Massa impulsó con desprendimientos de la oposición y ayuda de Raúl Pérez, su jefe de Gabinete. Poner lo que tenía que poner fue poner subsidios y contratos en AySA, Ferrocarriles y Transporte.

¿Llegará a los 129? Es difícil saberlo: ahora todos hablan con todos y aprietan a todos y la moneda común es que muchos no dicen la verdad. Se sabe que algunos que votan siempre para el Gobierno esta vez se desmarcarán, como los cordobeses de Schiaretti. Otros, más borocotizados como los seis del bloque, sería más justo decir pyme, del mendocino Ramón, apoyarán, al igual que el troskista siempre movedizo Del Caño.

Quedan unos pocos días para el cierre de pases. El Gobierno maquilló el proyecto para hacerlo más digerible o para que se note menos. Lo apura el riesgo de perder diputados en las elecciones que vienen.

Ricardo Roa

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