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Lunes, 02 Agosto 2021 10:37

Se busca líder político, fiscales para Facundo Manes y riesgo de escándalo en Mendoza - Por Ignacio Zuleta

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Los liderazgos se discuten en los dos polos de la grieta. Temor de fraude en Provincia y un juez cuestionado en Cuyo.

Al final, las PASO servirán para algo

Al final las PASO que no servían para nada, van a servir para algo. Terminan con dos décadas de unicatos en la oferta partidaria al castigado personal, a quien agobian las desgracias encadenadas de la Argentina. Sin liderazgos firmes en ninguna de las dos grandes familias partidarias, se termina el turno de las primarias de lista única, porque no han podido haber acuerdos previos.

La novedad mete al país en otro ciclo experimental. Por vez primera, el cuartel electoral del peronismo gobernante no está en la Casa de Gobierno. Es una suma de franquicias provinciales y, en lo alto de la cúpula, se divide entre la Rosada y el Congreso.

En los últimos 20 años, quien ocupaba la Rosada distribuía candidaturas. Es así desde Duhalde presidente en 2002, cuando por aquel casting pasaron Macri, Reutemann, Puerta, De la Sota y la sortija se la quedó Kirchner. De aquellos lodos, estos polvos. Alberto no pudo impedir que le estallara el equipo con la salida de Rossi, un cristinista rebelde a cualquier autoridad, que salpica lo que tiene Cristina de poder -una minoría en el peronismo nacional y una mayoría negociada en Buenos Aires-.

El cierre final en este distrito, cuando terminen de validarse las pre-candidaturas que se presentaron en los partidos, exhibirá que Cristina vuelve a quedar en manos de una alianza con el pejotismo, al que desprecia en sus discursos. No es vida, siempre dependiendo de Massa, Alberto, antes Scioli.

¿Cómo se cambia el mundo, entonces? Repite la debilidad de 2015, cuando no pudo convencerlo a Florencio Randazzo de un portazo que llevó al peronismo a la derrota. Disparó la interna entre Julián y Aníbal en Buenos Aires, y esa inquina letal -como todas la que se libran entre hermanos- arrastró al peronismo a la derrota.

Argentinos, a la aventura como en 2007

Estos hechos abren un capítulo que tampoco es nuevo, el del experimento político. El más audaz ocurrió en 2007, cuando el país les entregó los tres cargos más importantes a tres debutantes: Cristina de Kirchner a la presidencia, Daniel Scioli a la provincia de Buenos Aires, Mauricio Macri a la ciudad de Buenos Aires. Ninguno de los tres tenía experiencia en cargos ejecutivos. Forjaron el país que tenemos. Los tres reeligieron en sus cargos.

El sistema que acuñaron entra en revisión. Todo se discute y sin padrinazgos. La oposición ensaya los límites de la affectio societatis entre los socios de Cambiemos y prueba la capacidad de estas PASO para definir también liderazgos. Como el Gobierno, la oposición sabe que en los forcejeos de cúpula no va a perder un solo voto. Gane o pierda cualquiera de las tribus, todos los votos de la familia del voto del No-Peronismo van a ir detrás del candidato oficial.

Lo que sí va a resolver es el arbitraje entre los caciques partidarios. El Gobierno se embelesa porque sueña con que la coalición opositora se fracture. Sus voceros formales e informales sobreexponen las diferencias internas en las declaraciones de Carrió, Larreta, Manes, Gerardo, porque destacan la estética de su opción estratégica mayor: la competitividad del peronismo, si se mantiene unido -a cualquier costo y aunque revista riegos y licúe liderazgos- está asegurada si la oposición se divide.

Estas son las condiciones para evitar que el No-Peronismo se acerque a su objetivo, que es construir el partido del balotaje. Ese formato le hizo ganar en 2015, aprovechando que el peronismo estaba dividido. Esta vez, la oposición dividida es el mejor terreno para una elección eficaz del peronismo. Es lo que repone el bipartidismo en la Argentina.

El momento de mayor fragilidad del peronismo ocurrió en los años '90. Curioso, porque es la década que ese partido reivindica como la más exitosa. Fue la década del ocaso del bipartidismo, por la aparición del FrePaSo. Le hizo perder las elecciones legislativas en Buenos Aires en 1997 y las generales en 1999. El peronismo necesita que estalle Cambiemos para clavar al bipartidismo, que impide que la oposición rearme el partido del balotaje en 2023. El peronismo no suele hacer alianzas: suma sellos siempre sobre el eje del PJ.

Frente a frente, sin liderazgos

Horacio Rodríguez Larreta trata de montar una candidatura presidencial con los socios de Cambiemos sobre el magma de estas elecciones primarias en 17 distritos. La oposición logró que el peronismo no anulase las PASO, que era el proyecto original que trabajó desde el primer día de la presidencia de Alberto.

La cultura del unicato del peronismo ha mitigado las peleas en los distritos, aun en Buenos Aires, adonde repite la lista única. En la oposición desató un enjambre de enfrentamientos, que revela el optimismo sobre su capacidad de competencia en las elecciones. Así como no hay un mando electoral peronista en Casa de Gobierno, tampoco Larreta puede imponer, todavía, un liderazgo nacional de su fuerza.

Ya no rige Macri como referente, ni se ha reemplazado en la oposición aquel mecanismo que había montado Marcos Peña, que mezclaba jefatura de Macri con estrategia electoral y aparato de comunicación. En estas horas, hierve el whatsapp de los jefes partidarios -Alfredo Cornejo, Patricia Bullrich, Maxi Ferraro- sobre la conveniencia de reunir a la mesa nacional este lunes.

Cornejo la reclama para avanzar casillas en la pelea de Manes-Carrió. Aprovecha el silencio del neurólogo y la ausencia florida de Martín Lousteau. La Coalición en cambio, cree que una cita de la mesa nacional agrandará una trama de interés exclusivamente mediático, que le trae desprestigio a Cambiemos y que, como saben todos, no le hace ganar ni perder un solo voto.

Vuelven los básicos: peronistas vs. radicales 

En un partido que cree que va a perder, la gente pelea por salirse. En Cambiemos -o como se llame- hay aire triunfalista y el juego de las sillas moviliza a todos. En estas horas, la pelea verbal entre Carrió y Manes encubre deslizamientos más de fondo.

La PASO de Cambiemos en Buenos Aires, el escenario principal, resolverá si Larreta es líder de la fuerza, y si a Manes que queda resto para seguir expresando deseos de juventud, "quiero ser presidente", repite, como todos. Le falta demostrar con qué, por qué y para qué lo dice.

Manes ha activado en el distrito a un radicalismo sociológico que se organiza en torno a viejas pasiones y a la chance que ofrece su precandidatura. El testimonio lo dan los encargados de reclutar fiscales para las PASO del 12 de setiembre. Los radicales, aun los que han jugado antes con el PRO, se anotan para integrar el número necesario para controlar la primaria contra Diego Santilli, a quien señalan -vaya novedad- que es peronista, huele a peronismo y se mueve como peronista.

El rodeo en busca de fiscales también se hace en la CABA, con presunciones interesantes. Una de ellas es que el radicalismo sociológico del distrito, el que se sindica en la autoridad de Enrique Nosiglia, trabaja para garantizarle los fiscales en la PASO de Cambiemos... a la lista de Adolfo Rubinstein, Luis Brandoni, Facundo Suárez Lastra, etc. Con esa ayuda tiene confianza en que superarán a la de Ricardo López Murphy, que cuenta con el respaldo del ala bullrichista del PRO.

La batalla por la fiscalización

En la provincia de Buenos Aires los competidores de la PASO opositora tienen que poder controlar el voto en 36.000 mesas -con la ampliación por motivos sanitarios- en casi 7.000 establecimientos. Implica que cada fuerza tiene que juntar cerca de 40.000 fiscales.

En la Argentina no prosperan nunca las denuncias de fraude electoral en elecciones generales, porque el doble control en las mesas permite una vigilancia cruzada del recuento. La sombra del fraude se proyecta sí en las internas, en las pujas entre amigos, socios, aliados. Rige allí la máxima conservadora que justifica las picardías y que se expresa en este dicho: "Fiscalíceme, porque si no tengo la obligación moral de volcarle el padrón".

Graciela Fernández Meijide la repite en su autobiografía, puesta en boca del dirigente radical Rafael Pascual. Éste la desmiente como propia, no porque no crea en esa verdad, sino porque es algo viejo que él solo repitió.

En el PRO la necesidad de los fiscales es grande, porque tiene PASO en 17 distritos. El exministro Guillermo Dietrich es el encargado de organizar -en realidad, recrear- el sistema de voluntarios, que fue una de las claves de las elecciones de 2015. Contabiliza, como necesidad en todo el país, unos 250.000 que se tienen que sentar en PASO y generales, a los que hay que instruir y adoctrinar, porque muchos son jóvenes despolitizados.

Matrimonios a revisión

El señalamiento a sus socios como peronistas retrotrae el debate a escenarios ya conocidos. El más recordado, la convención radical de Gualeguaychú. En 2015 el ala Macri-UCR Sanz descartó una alianza con Sergio Massa. "No tenemos que terminar jugando una interna del peronismo", era el lema de Macri, que ganó la pulseada en una elección digna de la tradición radical.

Dos décadas antes, Chacho Álvarez -febrero de 1996- dijo casi lo mismo: "El FrePaSo no tiene que terminar jugando en la interna del peronismo entre Menem y Duhalde o Menem y Cavallo". Fue cuando despidió a José Bordón de aquella coalición porque había decidido respaldar a Gustavo Béliz en la candidatura a jefe porteño contra Norberto Laporta.

Ropa vieja, pucheros de antaño. Pero es lo que algunos dirigentes de la coalición opositora reclaman a sus socios. ¿Cuánto hay de claridad opositora en Lousteau, que en el Senado presenta proyectos que apalancan movidas oficialistas, como la designación del procurador? ¿Cuál es el límite de los intereses compartidos entre un Gerardo Morales y Alberto Fernández, forzado por sus necesidades de gobernabilidad?

Los más audaces miran al día después de mañana –o sea pasado mañana-. Lo miran a un Emilio Monzó, que negoció en Bahía Blanca junto a Maxi Abad, para que la UCR tuviera el primer puesto a diputado provincial por la Sexta Sección (Lorenzo Natali, animador radical), con la misma picardía con la que negociaba territorios para Macri en 2015. Movedizo, va tercero en la lista de Manes.

Algunas se preguntan, ¿qué puede ocurrir en un Congreso en el que pueden llegar a estar Massa, Monzó y Randazzo? ¿Van a reprimirse de abrir una vía peronista que se haga cargo de la declinación del cristinismo? ¿Cuánto puede llegar a costar que no lo hagan, y empalmen al final con el otro peronismo, que empuja por atrás el ala Pichetto/Joaquín de la Torre?

Carismáticos a la Costa

Lucubraciones exóticas, pero rozan lo obvio. Y más cuando la oposición avanza hacia una pelea familiar, que tiene consecuencias tóxicas. "Los devoran los de afuera", clamaba afónico el Martin Fierro. Los leídos tienen al personaje de "Mujercitas", Jo March, que reflexiona: “La vida es muy corta para andar peleándose con las hermanas". El rango irracional de este tipo de relaciones aflora en la política.

Los fiscales que necesita Manes suelen reclutarse en gente despolitizada, que le tiene respeto como figura pública por sus libros y apariciones en los medios. Por eso lo pasean por distritos en donde hay que mejorar. Esta semana va a Bahía Blanca (viernes), con una previa allí de Maxi Abad. Carrió, que también mueve pasiones, se cruzará con ellos en una visita a Mar del Plata, donde estuvo en la semana que pasó Miguel Pichetto.

Mendoza judicializa las elecciones 

Le agrega morbo al turno electoral la singularidad mendocina: es la quinta provincia en cantidad de votos, y elige diputados y senadores. Quien controlará los comicios es el juez Walter Bento, que ha sido procesado por presuntos delitos, incluyendo la popular figura de la asociación ilícita. Esta fragilidad pone en la picota al peronismo, que controla el Consejo de la Magistratura. Es decir, el destino político del magistrado.

A Bento lo invitaron a tomar licencia para despejar nubarrones sobre las elecciones. Se lo comunicó, de manera informal, la Cámara Nacional Electoral. Respondió con vehemencia que no lo hará y que se dedicará a sus tareas específicas. No reparó en los argumentos de los camaristas: que más allá de la complejidad de la competencia en el fuero, el acto electoral es único, no es un expediente más. Sus efectos tienen consecuencias en el tiempo, de los cuales depende la transparencia del proceso. Sigue en el cargo hasta que el Consejo de la Magistratura lo suspenda.

El oficialismo del cuerpo ya lo ha defendido en anteriores ocasiones y si lo hace de nuevo, puede salpicar al peronismo, que aparecerá apañando a quien debe vigilar el proceso en Mendoza. Pobre favor le haría a la candidata Anabel Fernández Sagasti, mano derecha de Cristina en el Senado, que va a una elección de riesgo contra la dupla radical de Alfredo Cornejo y Rodolfo Suarez (actual gobernador, que se anotó como suplente).

Es una de esas ocasiones en que un respaldo poderoso puede convertirse en lo contrario -una ventana de debilidad- si Sagasti aparece moviendo apoyos para ese juez. En la semana que comienza, se reanuda el año judicial y sesionará el Consejo de la Magistratura, en donde se señala al presidente, Alberto Lugones, como uno de los apoyos a Bento.

El instructor de la causa en el Consejo es el macrista Pablo Tonelli, que se devoró en pocas horas las más de 800 páginas del fallo del juez federal de San Rafael, que procesó a Bento, y que está apelado ante la Cámara de Mendoza.

Ignacio Zuleta

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