Lunes, 16 Agosto 2021 09:03

El traspié de Alberto Fernández pone en vilo la estrategia kirchnerista - Por Walter Schmidt

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El escándalo por el incumplimiento de la cuarentena en Olivos alteró la campaña. Hasta pulverizó el discurso de Cristina. Aumenta la incertidumbre económica.

“Mauricio Macri es un presidente débil, que no maneja ni el Senado ni la Cámara de Diputados; exponerlo a una interpelación en estas condiciones es casi condenarlo”. La reflexión es de Alberto Fernández, cuando en 2016 era un dirigente del Frente Renovador detrás del liderazgo de Sergio Massa. La obviedad de lo paradójico es que si el nombre del ex mandatario fuera reemplazado por el del actual, la frase tendría la misma vigencia.

Con el escándalo por la revelación de las fotos en la residencia de Olivos, donde el mandatario festejó en plena cuarentena el cumpleaños de Fabiola Yáñez con invitados sin barbijo ni distancia social, es probable que Fernández haya descendido un peldaño más en la falta de credibilidad e imagen negativa. Pero el verdadero problema para el Frente de Todos reside en que daña la estrategia electoral que hacía hincapié en la campaña de vacunación y matizaba con anuncios económicos de aumentos de subsidios, préstamos a tasa cero y financiación de consumo.

Aquél deseo de los funcionarios más cercanos a Alberto, de que un resultado a favor en las elecciones legislativas reposicionara al mandatario, relanzara su gobierno e incluso le diera cierta posibilidad de pelear una reelección 2023, esta semana parecieron evaporarse. Tal magnitud tuvo el traspié presidencial, alimentado por la errónea negación del episodio, que el discurso en Lomas de Zamora de Cristina Kirchner, que suele ser replicado y analizado durante días, apenas tuvo una vigencia de unas horas para perderse en la vorágine del Olivos gate.

“Está muy debilitado y un escenario de derrota lo va a poner en una situación de mayor debilidad. La foto en Olivos hace más daño que cualquier problema de gestión del gobierno, incluso que la inflación”, razona en voz alta un funcionario. Esa reflexión es medular: Alberto Fernández ya no se juega en las elecciones un relanzamiento sino su futuro político. De hecho, en un recorrido por distintos despachos de la Casa Rosada es claro concluir en que nadie sabe cuánto impactará este hecho en el resultado electoral que obtenga el oficialismo.

De allí el enojo transversal en el Frente de Todos. Pocos salen en defensa del Presidente. Quien sí salió en su respaldo fue La Cámpora, no porque avale su accionar y su gestión sino porque se sienten parte del gobierno. Ilustrado con una foto del entonces presidente Macri, con sus funcionarios y la ex directora del FMI, Christine Lagarde, publicaron en su cuenta de Twitter, “con la mitad de la indignación mediática de estos días aplicada a otras fotos nos hubiéramos ahorrado el endeudamiento de las próximas décadas”.

“Los únicos que ponemos el cuerpo somos nosotros, porque lo propios, los amigos…con todas las diferencias, somos parte muy importante de este gobierno. Así que seguiremos junto a Sergio dándole el cuerpo y la sustancia que no tiene”, transmite un camporista. En sus palabras, refleja la consolidación de la alianza con Sergio Massa. El jefe del Frente Renovador prefirió el silencio, pero en su entorno opinaron que "hay que apretar los dientes y empujar".

El oficialismo ya venía percibiendo que la llegada de más vacunas no sería suficiente para ganar la elección, sobre todo en medio de una crisis económica. Por eso Cristina Kirchner salió a plantear la discusión, pero con otro eje: la culpa de todo lo que pasa hoy la tiene Macri.

“Se dedicaron a construir un nuevo relato: que los problemas que tiene la economía es culpa de la cuarentena, no de la pandemia. Con una formidable maquinaria mediática que la conozco porque la sufrimos en carne propia”, dijo en un extenso discurso económico. La vicepresidenta seguramente no ignora que durante su gestión y la de Alberto, la pobreza aumentó un 30% -de 35 a 42%- y que la inflación entre julio del 2020 y julio del 2021 se disparó al 51,8%, una cifra muy cercana al 54% de Macri en 2019.

Claramente el relato oficialista de que la economía cayó por la pandemia se esfuma con el dato de Chile. Entre junio 2020 y junio 2021, en plena pandemia, su economía creció el 20,1%. Y habría que agregar que lo hizo pese a un contexto político que explotó con las protestas sociales, el traspié de Sebastián Piñera en las elecciones municipales y un plebiscito también adverso que pondrá en manos de independientes y de la izquierda la redacción de una nueva Constitución.

Cristina es consciente, al igual que el ministro Martín Guzmán, que con echarle la culpa de todo a Macri y a la pandemia no alcanza para reflotar un país inmerso en una crisis económica, con altos niveles de pobreza, inflación, desempleo y sin dólares.

En el Palacio de Hacienda replica a modo de interrogante qué sucederá después del 14 de noviembre, fecha de los comicios legislativos. Saben que sacar a Guzmán antes de un acuerdo con el FMI sería una pésima señal para el mundo. El ministro de Economía se ha convertido en una suerte de último eslabón del albertismo en la Casa Rosada.

“Ya hay algunos indicadores de tendencia positiva pero el gran interrogante es si van a seguir bancando más presupuesto para los planes sociales o apostarán por la producción”, asegura un funcionario. Ocurre que Guzmán no tiene dudas que los problemas están en la matriz exportadora y que el consumo está bien como motor de arranque, pero si no se lo acompaña con capacidad productiva es más de lo mismo.

La incertidumbre acerca de qué ocurrirá en los dos años siguientes del gobierno de Alberto Fernández no se resuelve en diciembre del 2023. Muchas empresas requieren previsibilidad de manera urgente.

Como en el sector de electrodomésticos que se rige por el sub régimen industrial, atado a la ley 19.640 que establece un área especial aduanera en Tierra del Fuego -permite que se ensamblen y produzcan electrodomésticos y electrónicos- y que vence en diciembre de 2023. Para el Gobierno falta mucho, pero las empresas necesitan planificar porque, por ejemplo, si a China no le encargan tres años antes las pantallas de LCD que sólo se fabrican en el gigante asiático, no se consiguen. O como una de las firmas, que necesita saber si compra o no un barco, para comenzar a pagarlo desde ahora.

También resulta una inquietud para el gobernador fueguino, Gustavo Melella. En su provincia hay 200 mil habitantes de los cuales 8800 trabajan en el área aduanera y hay 7 mil puestos de trabajo indirectos. Multiplicado por familia, casi la mitad de la población vive de esa actividad.

"Si no tenés certidumbre acerca de los dos años de tu gobierno que faltan, porque tu imagen está por el piso y no tenés poder, cómo podés dar certezas al otro", razona un peronista descontento sobre el borroso panorama. Dicho de otra manera, la imagen de la finitud de un dirigente político, atada a un resultado electoral.

Walter Schmidt

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