Jueves, 16 Septiembre 2021 08:50

Malditas PASO: la ficción ilusoria de la unidad - Por Ignacio Zuleta

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La corrida política que enfrentó el Gobierno es el preámbulo del shock para cambiar expectativas y dar señales de sobrevida con medidas y nombres.

Cristina y Máximo plantaron en la puerta de Olivos el diagnóstico sobre los resultados del domingo: 1) "Con esta economía tenemos estos resultados electorales"; 2) "Acá no hay ni política ni economía, ¿cómo quieren que nos vaya"? La corrida política que enfrentó este miércoles el gobierno es el testimonio más crudo de que la unidad del peronismo ha sido una ficción ilusoria y pasajera. Como toda corrida, se compone de bruma y artificio.

La micropolítica de esa corrida nació del acto de presentación de la ley de hidrocarburos, por la mañana. En ese escenario cristinista – fracción ligada a la Argentina extractiva – Martín Guzmán mencionó al demonio: defendió el acuerdo con el FMI. Algo que el cristinismo ha dicho que nunca apoyará. “Lo cierto es que si ese acuerdo no existiera nosotros tenemos que hacer frente al pago de USD 19 mil millones el año entrante, y las condiciones serían otras”, argumentó. Le respondió pocos minutos después Wado de Pedro, con su renuncia. ¿Lo mandó Cristina?, le preguntaron los ministros a Alberto en la peña que tuvo a la hora del aperitivo. Respondió con el gesto: ¿les cabe alguna duda? La hipótesis más fina de esa mesa chica es que una de las claves de la derrota del domingo es que hay un porcentaje de voto albertista – ¿5-10%? - que querría que él diera el portazo. Y que como no lo hace, no fue a las urnas. ¿Volverán en noviembre si da el portazo? Pero ¿con qué da ese portazo? Si quizás no sabe cual es la puerta que hay que derribar.

Desde el velorio del lunes el gobierno ha extremado el recurso de no explicar lo que pasa. Los protagonistas agotan la pantalla con gestos mudos o hallazgos de oratoria. Los funcionarios no sabían en la noche del miércoles si seguían siéndolo. Nadie les pedía la renuncia, pero todos caminaban con el ánimo del que se puede quedar sin empleo. Obama dijo en su último libro que “gobernar es también un empeño narrativo”. Acá la narrativa la hacen los periodistas con los retazos del dígalo con mímica de los funcionarios. El vértice del poder está afectado de una incapacidad para decir. Alberto daña, y se daña, con su silencio. El silencio de quien duda. En esos despachos con cierta memoria peronista, alguien recordó las grandes dudas de Cafiero el Viejo, Antonio. Uno que lo conoció como pocos dijo: pero Antonio dudaba en voz alta. Alberto, en cambio, duda en silencio.

No quebró el silencio ni la aparición de Aníbal, misterioso como el hombre de la barra de hielo de Karadagián – que lo gugleen los jóvenes. Entró al despacho presidencial como hombre del Turbio y esperaban algunos que saliese ministro o jefe de los ministros, como ocurrió después de la derrota de 2009, cuando colgaba del bigotazo que le costó tanto – hoy se ampara en una barba de jubilado. Saludó con aire de hombre de consulta a los ministros, que habían salido del despacho para que lo recibiese Alberto, y se fue. Buen sketch para una tarde de incertidumbres.

Una lectura dirá que la frase que más dividió a Alberto de sus socios, en el discurso del domingo en Chacarita (cementerio de la derrota) fue: “Lo único que quiero es terminar mi mandato con menos pobreza y más trabajo para todos”. De esa división nació la corrida a las trincheras respectivas: Cristina a la usina de los pedidos de renuncia; Sergio a reuniones interminables con el pretexto de preparar el nuevo presupuesto - “Si le preguntás del gabinete se enoja”, contó uno que escucha todo por ahí. Papel de tornasol: Sergio siempre expresa lo contrario de lo que hace. Y más si lo hace mirando al techo, según los expertos en gestualidades massistas. Este miércoles venció el plazo para presentar el presupuesto según la Ley de Administración Financiera. Quedó en la borrasca, como la presentación del proyecto de ley de hidrocarburos.

Que el proyecto de Alberto sea terminar el mandato desplaza a sus socios del proyecto de revolución, congelada por la economía heredada y por la peste. Significa dedicar los dos años que le quedan a acumular bronce y posteridad más que a cambiarle la vida a los argentinos -empezando por nosotros, dicen los socios. Un proyecto para un mejor morir.

La corrida funciona como preámbulo del shock para cambiar expectativas y dar señales de sobrevida con medidas y nombres. Es lo que indica el manual y por eso hay que atribuirle al oficialismo la autoría de la maniobra. Tiene sus riesgos y sus señas de identidad. Se basa, claro, en el recurso más barato, como las renuncias de ministros y funcionarios que tienen un bajísimo costo de reposición, porque es un equipo que suma individualidades promovidas por los integrantes de la trifecta. No interactúan entre sí, no participan de programas solidarios de gobierno, nadie los premia por estar en el cargo, nadie los llorará si se van.

El primer pedido de renuncia lo hizo Andrés Larroque - a quien llaman cariñosamente El cuervo - y lo continuó Wado de Pedro en la jugada más audaz: es el ministro del Interior, es decir el Máster Chef que organiza las elecciones que vienen dentro de 45 días. Es como romper el timón del Titanic en el momento de la colisión. Pone al conjunto al borde del abismo, confiando en que el pánico pueda convencerlos de ensayar un último capítulo de unidad para el 22 de noviembre.

Hasta en esta maniobra hubo señales de desunión. Al terminar el día, varios ministros ignoraban si había algún pedido de salida por parte de Alberto, ni sugerencias de otros caciques. Jorge Taiana y Felipe Solá, junto a Martín Guzmán, los ministros más importantes del equipo no tenían ninguna indicación. Tampoco Jorge Ferraresi (que dijo el lunes que si quieren renunciaba, pero se lo rechazaron), ni Juan Cabandié (que sólo hace lo que le indica Cristina).

La oposición discutió desde el mediodía qué hacer frente a esta corrida. Los caciques del Pro - Larreta, Macri, Bullrich, Vidal, Ritondo - coincidieron al instante que es una explosión de la cual hay que estar lo más lejos posible. "Cuando tuvimos la crisis de Dujovne, ellos la disfrutaron a costa nuestra", dijo uno de ellos. "Ahora, ni nos metamos". Los radicales a través de Mario Negri – sentado de nuevo en su despacho del bloque opositor de Diputados -, se sumaron al cordón sanitario: tenemos que estar a 100 kilómetros de esta crisis, es cosa del gobierno. “Que se las arreglen solos”, agregó Alfredo Cornejo, desde Mendoza. Carrió, solitaria, insistió en la hipótesis del golpe de estado de Cristina para tumbarlo a Alberto. No les ha costado endurecer el gesto, reprimiendo la satisfacción. Esta crisis la han producido ellos con el resultado que obtuvieron el domingo: 41% de los votos, más que los de Macri-Pichetto en 2019, un triunfo territorial más amplio que el de 2017, cuando gobernaban, y un proceso de instalación de figuras que ya son candidatos para el 2023, en el orden nacional o en sus provincias: Vidal, Larreta, Lousteau. Santilli, Manes, Cornejo. Juez, Frigerio. Y siguen los nombres.

En el pliego de reproches los peronistas cargan sobre la trifecta. Porque de ahí salió la idea de realizar las PASO de la derrota. En diciembre pasado, cuando se ajustaba la nueva conducción de Alberto en el PJ y de Maxi Kirchner en Buenos Aires, la liga de gobernadores aconsejaba suspenderlas. "Teníamos los votos para derogar la ley de primarias. Las PASO, invento de Kirchner después de la derrota de 2009, han estado ligadas a la década de derrotas del peronismo. El inventor de la pólvora volvió a salir chamuscado el domingo. Además, el grupo que animaban, entre otros, Sergio Uñac y Jorge Capitanich, aconsejaba evitarlas porque podrían darle una oportunidad a la oposición de ser más competitivos". Los resultados les dan la razón. Estos gobernadores pedían la suspensión de las PASO por encargo de Santiago Cafiero y el propio Alberto Fernández. Pero Cristina de Kirchner se opuso. Maxi, su vocero, transmitió la decisión final: no podemos nosotros derogar algo que fue una creación del Viejo (Néstor), ¿cómo lo vamos a explicar?

En la ronda de conversaciones entre Olivos, el Patria y los gobernadores reaparecieron en estas horas los viejos reproches. Los mandatarios que fueron derrotados el domingo lo hacen mientras trabajan para remontar los resultados de estas primarias en las generales de noviembre.

Bastó el revés del domingo para que a la crisis de la derrota se agregase una segunda crisis, la del gabinete. También está en el manual del peronismo: producir un shock que renueve las expectativas. El peronismo actúa como si la gestión fuera una campaña de publicidad. Por esa razón los cristinistas se ocuparon de viralizar el video del desaire de escenario de Cristina a Victoria Tolosa en la noche de los lamentos. También cuando describen la escenografía del acto de Alberto en Burzaco. Se mostraron allí, con la candidata de la derrota, Santiago Cafiero y Sergio Massa, sin la compañía de Cristina, Axel ni Máximo. Son pinceladas para destacar que hay un método K que esperan que ahora funcione: la autoridad de la vicepresidenta. La pregunta es por qué no funcionó hasta ahora. El gobierno enfrenta dos años con un Congreso más débil, con menos antorchas para intimidar a los jueces y combatir con fantasías de persecución, esa otra fantasía que es el lawfare.

Con esta fragilidad el gobierno quedó al garete en un día, con señales para los cabuleros: este 15 de septiembre era el cumpleaños de Fernando de la Rúa. Clarito para quienes vieron en la corrida de las renuncias, un intento de vaciamiento del gabinete, tal como el que indujeron Chacho Álvarez en 2000 y Raúl Alfonsín en 2001.

Los baquianos de este oficialismo repiten: Cristina redobla la apuesta, aunque el método no euclidiano - quizás una improvisación que explota la contradicción para diferenciarse - hace previsible el rumbo. La Cristina holgada que ganó en 2011, a los dos meses imponía el cepo al dólar, y a fin del año ya estaba estatizando las acciones de Repsol en YPF. Un endurecimiento para el que no reparó en gastos. Al contrario, en 2013, cuando perdió las elecciones legislativas, retiró proyectos garantistas del código penal, arrió todas las banderas y dedicó más tiempo a buscar cobijo en el Vaticano, que en las urnas. Así le fue en 2015.

Ignacio Zuleta

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