Domingo, 26 Septiembre 2021 04:57

La caída de la República del AMBA - Por Ignacio Zuleta

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Juan Manzur asumió la peligrosa tarea de reposicionar al peronismo territorial, del cual es un claro exponente.

El principal proyecto del peronismo en 2019 era demoler el fortín CABA, santuario de la oposición. Enfrenta ahora la contra ola: la caída de la República del AMBA que construyó la trifecta presidencial, a manos del peronismo territorial de los gobernadores e intendentes.

Es el primer efecto del resultado de las PASO del 12 de setiembre, y el peor escenario para el oficialismo, porque pone en cuestión el liderazgo del trío Alberto-Massa-Cristina en el área metropolitana. El eje es Buenos Aires, el distrito más grande, donde Cristina y Massa ejercen un gobierno hegemónico, que fue la usina del proyecto de control social que rechazó el voto de las primarias. Se equivoca quien explique ese resultado por la gestión, que tampoco fue buena. Se trató de un voto cultural no de un voto transaccional. Podrán regalar heladeras, pero es difícil que se dé vuelta de campana el 14 de noviembre.

Territoriales vs. milicianos

El recuento de daños lo hace Juan Manzur, que es un ganador de las primarias, que toma la changa de bancarse las elecciones generales. Es de la raza de los audaces. Si logra un resultado plausible, como cree él, terminará de adueñarse del gobierno en nombre del peronismo territorial, controlado hasta el 12 de setiembre por los milicianos del AMBA. Si no lo logra, como aspira el peronismo metropolitano, habrá a quien trasladarle las responsabilidades propias. Un juego de sillas que es fruto de un acuerdo clásico.

Alberto suele hacer las cosas que quiere hacer o haría Cristina. Ella en este caso hace lo que querría Alberto, porque es lo que le conviene. En el caso Manzur, es el jefe del distrito más grande que ganó el peronismo en las primarias. Es la hora del peronismo del Norte, donde Alberto conserva más prestigio y donde puede encontrar un salvavidas para el peronismo del AMBA para reflotar el acorazado grande, la provincia de Buenos Aires.

Cristina abre una “rosadita” en el Senado

Si hay algo que no quiere ocultar el gobierno es la tensión entre el cristinismo y la Casa Rosada, albergue transitorio (en el buen sentido) de Juan Manzur. Es parte del ajuste de cuentas por la derrota del 12 de setiembre, y para que no queden dudas Cristina de Kirchner abrió una sede de gobierno paralela en su oficina del Senado.

Allí encendió la luz el miércoles para recibir una caravana de ministros que ingresaron al despacho del primer piso del Senado, esquina de Entre Ríos e Hipólito Yrigoyen.

Peregrinaron entre otros, Wado de Pedro, Aníbal Fernández, Julián Domínguez (o alguien muy parecido a él). Habían animado un día antes la primera reunión del gabinete de Manzur. Hay quienes dudaron de que la vice estuviera ese día en el Senado. Como esa oficina suele ser lugar de encuentro de Cristina con Maxi, con quien desayuna todos los días, hay quienes presumieron que los recibía el vástago vicepresidencial. Estaríamos ante el nacimiento de la monarquía. Ahora será la usina de medidas.

Julián Domínguez pidió silencio hasta el jueves de la semana que viene, fecha para la cual promete la primera andanada de recetas para retomar la relación amistosa que tuvo desde 2008 con la gente del campo. Es un hombre de tender puentes, en la línea bergoglista. Si la palabra no estuviera contaminada por la leyenda, la oficina de Cristina debería llamarse La Rosadita.

Temporada de viajes

Cristina interrumpió, para empardar esta dinámica, su descanso en El Calafate, que iba a durar una semana. Aprovecharía ese descansadero entre las PASO y las generales para tomar distancia del teatro de operaciones.

Algo común en su colectividad: Horacio Rodríguez Larreta hizo un viaje junto a su canciller de bolsillo, Fernando Straface, a Nueva York y Washington, de cinco días - regresan el martes; Cristian Ritondo emprendió un viaje de inspección por La Angostura.

Mauricio Macri parte este fin de semana a Suiza, llamado por la Fundación FIFA. Manejará allí más plata que muchos políticos argentinos. Por lo menos US$ 201 millones incautados a los responsables del FIFAgate por una norma parecida a la "extinción de dominio". Antes repasó números de la elección con Miguel Pichetto, Humberto Schiavoni y Ramón Puerta.

La derrota hace estallar a la coalición

La crisis del peronismo pos-PASO revive la puja que vivió cuando perdió el poder en 2016, entre dirigentes de peso territorial – identificados con la marca PJ – y los milicianos del cristinismo, que se desplegaban desde las posiciones legislativas con que fueron premiados por Cristina de Kirchner, para la resistencia que se venía con el nuevo gobierno de Cambiemos.

Fue la antesala de otro cataclismo: un peronismo dividido en dos bloques en el Senado y en tres bloques en Diputados, que le facilitó a la administración Macri dos años de prosperidad política.

Ese cisma se remedió cuando el gobierno de Cambiemos entró en emergencia, después de ganar las legislativas de 2017. Si hay una medida que puede haber quebrado la lealtad del votante peronista con la cúpula ha sido el cierre de las escuelas en Buenos Aires. Fue una decisión de la militancia – vanguardia iluminada- contra los intereses de los territoriales.

Era para diferenciarse de Larreta, el aperturista, y preservar al gremio de los docentes – el aliado Baradel. Pero fracturó la vida familiar. Sin escuela, en los sectores empobrecidos, no hay alimentación ni cuidado de los niños, y la imposibilidad consecuente para salir a trabajar. Implicó una quiebra de conductas que no se remedia con el voto transaccional. Que tampoco se alcanzó con la vacuna.

El público recibió la vacuna como un derecho y no cree que deba pagarla con el voto. Y menos si te dieron la soviética – la Sputnik – que te deja encerrado en un corralito nacional que impide viajar a países que no la reconocen. Y se dieron 10 millones de esas. En cuanto alcance a la conciencia de la pequeña burguesía, que la inocularon con un juguito que le impide viajar a Europa y Estados Unidos porque no ha sido validada por la OMS, habrá una nueva quiebra de valores. Es un karma de la política criolla: la bonanza de unos nace, no del mérito propio, sino de la malandanza de sus adversarios.

Municipios le cortaron a Alberto

La tensión entre territoriales y milicianos explica el primer análisis del corte de boletas que surge del escrutinio definitivo de las primarias en la provincia de Buenos Aires.

En varios municipios, como San Martín, hubo en el peronismo un corte hacia arriba de las boletas. Son listas de candidatos a concejales que sacaron más votos que la lista nacional. En algunos circuitos llegaron a haber 2.000 votos más para cargos municipales que para Victoria Tolosa Paz. Le cortaban a Alberto y a Kicillof hacia arriba.

La tarea del peronismo territorial, que se hace cargo de la gestión provincial a través de intendentes como Leo Nardini o Martín Insaurralde, es movilizar esos niveles del voto que se ausentaron en la primaria.

Baquianos del fuero electoral, con experiencia en elecciones anteriores, habían adelantado que el porcentaje de votantes estaría por debajo del 70%, como ocurrió en otros lugares del mundo durante la peste. Descreen de que vaya a aumentar mucho más el 14 de noviembre.

El gobierno acentúa los trabajos de geolocalización de votantes ausentes para movilizarlos. Puede remediar las diferencias, pero no impedir que se repitan casos como los de Bahía Blanca. El Frente de Todos tuvo una derrota apabullante: 21,92% contra 47,76% de Juntos. Lo habitual es que el piso del peronismo sea de 32%, o sea que perdió 10%. Votó el 65,66%, y es plausible deducir que hubo votos históricos del peronismo que pudieron irse a Juntos. Un pase insólito que nadie esperaba.

El recuento definitivo se conocerá este fin de semana, pero en prevención de más demoras la Junta Electoral de la provincia comunicó que si el 30 de este mes, fecha de cierre de presentación de las candidaturas, no está terminado, se las recibirá de manera provisoria. Si después alguna lista no alcanza el 1,5% de los votos, piso para entrar en las generales, será dada de baja.

La Corte de Macri al poder

La señal más cruda y emblemática fue la elección de Horacio Rosatti como nuevo presidente de la Corte, con Carlos Rosenkrantz de vice. Es el testimonio más crudo de la disipación de poder del gobierno, que puso a la Corte y a todo el poder judicial en la mira.

Lo hizo con más énfasis que contra Larreta, porque la agenda privada de los exfuncionarios procesados se solapó con la agenda pública. Fiera venganza la del tiempo: ahora la Corte queda en manos de los dos jueces designados por Mauricio Macri por decreto apenas asumió, propuestos por dos enemigos jurados del gobierno, como son Fabián Rodríguez Simón, mentor de Rosenkrantz, y Elisa Carrió, que lo propuso a Rosatti.

“Pepin” se ha refugiado en el Uruguay acusado de haber integrado una presunta “mesa judicial”, rótulo inventado por la prensa y que el cristinismo tomó en serio. Como ha hecho con el “lawfare” otro invento del relato noticioso, que han pretendido configurar en delito algo que no está en los códigos, ni en las mesas judiciales.

Carrió ha sido denunciada infinitas veces por el peronismo que gobierna, con epítetos que renovó Aníbal en su nuevo cargo. Este debería evitar un segundo tropiezo con la misma piedra. Ya perdió antes; ¿para qué arriesga de nuevo, cuando está en un gobierno con menos fuerza y prestigio que el que integró hasta 2015?

El final de la aventura

El acuerdo para la elección de la dupla Rosatti-Rosenkrantz se había cerrado un mes antes y va más allá de un cambio de nombres. Es la construcción de una nueva mayoría en el tribunal, que pasa de una corte personalista, la de Lorenzetti con superpoderes y de Rosenkrantz, que vota solo y espera, a una corte colegiada. Es un cambio notable que pareció festejar la familia judicial.

Después de conocerse la elección, hubo decenas de llamados que acumularon mensajes en los teléfonos de Rosatti, en los cuales jueces federales y de otros fueros y jurisdicciones acercaron señales de apoyo. Más que los nombres, la construcción de ese nuevo frente en la Corte demuestra la imposibilidad del gobierno de mover cualquier reforma judicial.

Los proyectos cristinistas están congelados en el Congreso, y seguirán así, si en las elecciones se confirma un recorte de las mayorías del peronismo en las dos cámaras. Es una respuesta a los insultos de los funcionarios y legisladores que han amenazado a los magistrados con lo peor. Nadie podrá identificar ni reconocer la autoría, pero uno de los jueces recibió por escrito una amenaza de que le harían la vida imposible en la Corte en el futuro, y que hasta le harían perder la jubilación con procesos. Bajezas que quedan en los sótanos de la democracia.

El gobierno fracasó en frenarlo a Rosatti

Este columnista adelantó en la edición de Avant Première del 2 de agosto que Rosatti ya tenía los tres votos para ser presidente de la Corte. Fue para explicar que el proyecto Yacobitti-Ritondo de elegir presidente por precedencia etaria salía al cruce de ese consenso, que incluía a Juan Carlos Maqueda. Ritondo, al conocerlo, retiró la firma del proyecto, que tenía el aura de un intento de Ricardo Lorenzetti de desbaratarlo, del cual quiso despegarse el jefe del bloque del PRO.

En el mes que siguió hasta el jueves se sucedieron varios intentos del gobierno de deshacerlo. Hubo llamados de Olivos a dos de los integrantes de la Corte que pidieron, primero, que lo apoyasen a Lorenzetti, que tenía ya el voto de Elena Highton. Después, que le dieran el voto a la reelección de Rosenkrantz. Pero los tres votos permanecieron firmes, hasta la medianoche del día de la elección, disparada por sorpresa por Rosenkrantz. El gobierno hizo un último envión para que se postergase la elección. Logró sólo que se ausentaran Elena Highton y Lorenzetti.

Ignacio Zuleta

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