Lunes, 04 Octubre 2021 06:53

Alberto Fernández relegado y Cristina Kirchner obligada a radicalizarse o ceder - Por Walter Schmidt

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En el oficialismo nadie cree que se pueda revertir la elección. Pero lo que está en juego es cómo queda conformado el gobierno después del 14 de noviembre.

“En noviembre Cristina y La Cámpora van a venir por el resto del gobierno, pero está en Alberto terminar su gestión como un títere o como él querría”. La reflexión emana de un funcionario albertista que ya no oculta, cómo lo hacía antes, su cólera frente a Cristina Kirchner y su alter ego, los camporistas, que responden a Máximo Kirchner y a su principal representante en el gabinete, Eduardo “Wado” de Pedro.

El ambiente en la Casa Rosada asoma filoso. Como en la visita de Cristina días atrás para compartir el acto de reencuentro con Alberto Fernández. “Casi ni se saludaron”, refleja un testigo. El primer síntoma de la ruptura entre albertismo y cristinismo fue claro: el ministro Claudio Moroni criticando a Wado De Pedro por haber renunciado a través de los medios o la respuesta de Martín Guzmán a la vicepresidenta negando que haya habido déficit fiscal.

Cerca del mandatario aseguran que, hasta el día de las elecciones, el 14 de noviembre, Alberto F. mucho no puede hacer; que la vicepresidente busca echarle toda la culpa si se confirma una derrota; y que está a la espera de la pieza que mueva Cristina en su ataque, ya con el resultado electoral en la mano. Recién ahí, decidirá cómo reaccionar.

El antecedente más reciente fue el cambio de gabinete que ella le exigió públicamente y que él aceptó de mala gana, entregando a dos funcionarios de su riñón como Santiago Cafiero y Juan Pablo Biondi, pese a que un grupo de sus colaboradores lo azuzaba para enfrentar a su vice.

Los socios en el Frente de Todos son conscientes de que sólo unidos podrán transitar el camino hasta diciembre de 2023. Lo que pareció cambiar, es que los albertistas, la pata más dócil de la coalición, ahora están convencidos que no hay peligro de ruptura porque al cristinismo tampoco le conviene volver al llano. Además del interés puntual de la vice por las causas judiciales en su contra. Pero la decisión está en manos de Alberto F.

Cristina Kirchner no es una estadista. Eso está claro. No se ubica por sobre las internas menores, no conduce a la coalición por eso cayó en una interna feroz, no puede soslayar sus emociones ni deja de lado su odio por Mauricio Macri cómo para diseñar políticas a mediano y largo plazo. El perfil de estadista sí lo ostentaban Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Néstor Kirchner, más allá del contenido y del éxito de sus gestiones.

La ausencia de un estadista en el Gobierno acrecienta la incertidumbre sobre el rumbo que tomará el país a partir de diciembre, cuando el oficialismo deba definir hacia dónde va. Por eso todo el peso termina recayendo en el nombre que encabezará el futuro equipo económico si es que, como se presume, la vice provocará el reemplazo de Guzmán.

Cristina está en un callejón sin salida. O insiste erróneamente con las teorías de Axel Kicillof –más subsidios, tarifas congeladas, más controles, persecución de empresarios y cepo- que ya han fracasado en sus dos últimos años de gestión (2013-2015), o da un giro de 180 grados y profundiza sus contactos con economistas del perfil de Martín Redrado, que, desde ya, si alguna vez le ofrecieran reemplazar a Guzmán, exigiría una autonomía de superministro. ¿Sería tan pragmática?

“Ella tiene que tener en claro después de las elecciones que, antes de mover, tiene que definir si quiere un gobierno con o sin Alberto, porque cualquiera de las dos opciones, radicalizarse o traer un superministro deja afuera a Alberto”, advierte un dirigente leal al mandatario.

Hoy en el Gobierno consideran que es casi imposible revertir la derrota electoral, más allá de la arenga diaria.

“Les pido todo el apoyo para ganar, vamos a dar vuelta la elección”, les dijo el Presidente a los caciques de la CGT, en el almuerzo que mantuvo con ellos en Balcarce 50, junto a Juan Manzur y De Pedro. Ninguno de los astutos dirigentes le creyó, pero aceptaron apoyar. No les queda otra.

Ocurre que durante la gestión de un gobierno peronista que se autodefine como el que sólo busca beneficiar al pueblo, aumentaron más de 4 millones los pobres en menos de dos años. Y lo que es peor, siguen sin entender qué reclama ese pueblo.

Hay gestos que denotan en el oficialismo una lectura errónea de la realidad y de los planteos de la sociedad. Como el de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, de someterse a una operación del apéndice en el Sanatorio Otamendi, privado. “Cuando recorremos los barrios, el personal de salud nos pregunta y no sabemos qué decir porque es cómo un insulto hacia ellos, como si no confiáramos en ellos. No entiende nada, es la ministra de Salud y encima sale a explicar que no quería quitarle una cama a otro paciente, cuando estamos diciendo que sobran las camas”, se queja airadamente un intendente peronista.

No fue el único caso. También la intendente de Quilmes Mayra Mendoza se trató en el Hospital Austral de Pilar. La dirigente camporista es una de las grandes derrotadas en las PASO pese a que, según en el Gobierno, fue una de las más beneficiadas por obras públicas y fondos de Nación.

“Siempre soñé ser chorro como la gente de acá y muchos más por acá: chorro y vago”, disparó Emiliano Bondarchuk, que había subido al escenario de la Expo Joven de La Matanza, organizada por su intendente Fernando Espinoza, y que apuntaba a los funcionarios municipales y dirigentes del peronismo local que lo observaban desde la primera fila.

El chico después aclaró en su Twitter que era una charla a la que había convocado Espinoza, que no fue, en la que les habían prometido hablar del trabajo joven. “Y nos metieron a tres políticos a taladrarnos la cabeza por hora y media. Encima querían sortear hamburguesas, full miserable”, escribió.

Apenas un reflejo del cambio de época en el que La Cámpora ya no es el espacio político elegido por los más jóvenes. Sólo basta un recorrido por Tik Tok, la red social por excelencia, en la que la influencia del kirchnerismo es muy limitada. Cristina tiene 18 mil seguidores, igual que Alberto F. Pero a Horacio Rodríguez Larreta lo siguen 360 mil, a Patricia Bullrich 72 mil y a María Eugenia Vidal, 41 mil. El asunto es más complejo, pero no deja de ser un dato.

De acuerdo con la encuesta de Management & Fit que publicó Clarín, el 57,4% de los consultados cree que la economía del país empeorará en los próximos meses. Pero un 15,4% estima que estará igual, que ya de por sí es negativo. A modo de conclusión, podría decirse que casi el 73% no tiene esperanzas de que su situación económica mejore. ¿Por qué votaría entonces al oficialismo?

Ignacio Noel es el dueño de la empresa alimenticia Morixe, a la que compró en 2017 con deudas y una facturación acotada, pero logró revertir la situación y hoy multiplicó su exportación. Tranquilamente podría alabar la política económica del Gobierno. Pero no es así, más bien deja una dura advertencia. “Si no cambia el modelo de la Argentina, el país va a seguir siendo una fábrica de pobres”.

“En la medida que nosotros no atraigamos inversiones el Gobierno administra la pobreza” traza el empresario en declaraciones a iProfesional. Pero deja en claro, con un ejemplo grotesco para que se entienda, el tamaño del desafío que tendrá Alberto Fernández a partir de diciembre: “Si vos buscás un país para invertir, mirás la Argentina y ves que tiene un 42% de pobres. Te pasa lo mismo que cuando te vas a comprar un departamento en un edificio que tiene un consorcio en donde el 42% no paga las expensas. Seguramente en ese edificio no te metés”.

Walter Schmidt

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