Miércoles, 20 Octubre 2021 06:22

Cristina Kirchner tiene razón: las noticias del Gobierno ponen nervioso a cualquiera - Por Ricardo Roa

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Dice que los periodistas ponemos nerviosa a la gente. Pero qué podemos hacer con las cosas que ellos hacen.

Cristina tiene razón: los periodistas ponemos “nerviosos y mal a todos los argentinos”, incluidos nosotros mismos. Y por eso, es muy cierto que, como dijo, “los argentinos y argentinas se merecerían mejores medios de comunicación”. Lo de mejores gobernantes que ponen mal y nerviosos a todos los argentinos queda para cuando ella lo considere oportuno.

Por todas partes hay ejemplos de lo malos que somos. Uno de los que más daño le hizo al gobierno fue publicar la foto del cumpleaños de Fabiola, y encima con el presidente en primer plano. Fue en plena cuarentena, cuando nadie podía salir de casa. Ahora se sabe que al menos dos de los invitados tenían un permiso trucho para circular, otorgado por el intendente de la misma Quinta de Olivos. Obvio, un cómplice de los medios.

Otro fue la publicación de una desafortunada coincidencia: la defensa del activista preso Jones Huala que hizo el embajador en Chile, Bielsa, con el viaje en campaña de Fernández a Chubut, para tratar de retener tres senadores clave para el quórum de Cristina. Todo fríamente calculado: en el sur, defender a Huala, como hizo Bielsa, equivale a defender a un grupo violento rechazado por la gente.

El no hay que ponerse nervioso ni poner nervioso a nadie vale para los funcionarios que el domingo fueron a la plaza a aplaudir a Fernández y tuvieron que aplaudir o escuchar sin chistar a ocho oradores que criticaron a Fernández. Ahí está esa foto que habla más que mil palabras: el canciller Cafiero o la candidata Tolosa Paz, gente muy cercana al Presidente igual que el ministro Zabaleta.

El acto había sido convocado por el propio Fernández, que viendo cómo venía la mano se bajó cuando iba a la plaza. Paró el helicóptero en la isla Demarchi y se volvió a Olivos después de que le soplaran que hablaría Boudou, condenado por corrupción y en libertad condicional y que todo lo manejaba Bonafini, quien le fue directo a los tobillos: “Le digo al señor Presidente que nos da mucha tristeza porque usted siempre se junta con los ricos... con los gordos de la CGT”.

Debió ser considerado periodísticamente una muestra de unidad aun cuando los ocho discursos fueran una reivindicación de Cristina y pases de factura a Fernández. Ejemplos: Catalano, de ATE, denunció “presos y presas políticas que merecen la libertad inmediata” y el intendente Secco dijo que ellos no están para “timbrear ni sacarse fotitos saludando a la gente”. Fernández venía de hacer eso en Ensenada, el municipio de Secco.

Ese domingo, el presidente había tuiteado sobre las gestiones de Manzur y Guzmán por la deuda, pero en la Plaza todos le reclamaron que no le pagara un peso. Si hay grieta en el gobierno, que no se note. Pero deberían esforzarse un poco más para que no se note.

La CGT se movilizó por separado sin aceptar un pedido de Máximo de levantar la marcha y a la vez sin decir una palabra sobre Fernández en su documento. No se embanderó: el negocio fue contener a todas las líneas internas. Repudió la vandalización por parte de militantes cristinistas de las piedras en memoria de los muertos por Covid, cosa que no hizo el gobierno: sólo se refirió de esa cobardía provocadora para culpar a la policía porteña. Se olvidó de culpar a los medios.

Supongamos por un momento que es cierto eso de que los medios ponen nerviosa a la gente. ¿Cómo podrían no hacerlo si las noticias que produce el gobierno son para poner nervioso a cualquiera?

Ricardo Roa

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