Lunes, 01 Noviembre 2021 04:42

El kirchnerismo depende de Estados Unidos y de que el PJ no se rebele - Por Walter Schmidt

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El cristinismo replica el error de Néstor Kirchner e ideologiza una relación que necesita más que nunca. Los peronistas olfatean debilidad.

El kirchnerismo nunca se sintió cómodo cuando tuvo que navegar las aguas indomables de la política exterior. Néstor Kirchner siempre replicó esos vínculos, vitales por la necesidad de un país pobre con recursos como la Argentina de relacionarse con el mundo, como si se tratara de una interna peronista o de una confrontación política vernácula. Como cuando criticaba en privado la falta de audacia de Lula Da Silva o el excesivo armamentismo vía Rusia de Hugo Chávez, aunque ante el público, eran miembros de una gran familia latinoamericana. Y siempre el blanco fue Washington. Una grave torpeza setentista por sus consecuencias ulteriores.

Tanto el ex presidente como su sucesora, Cristina Kirchner, eligieron siempre a Estados Unidos como el enemigo en la construcción ideológica de su relato, en especial en épocas de vacas gordas –el aumento sideral del precio de la soja-, y protagonizaron distintos escándalos diplomáticos a los que maquillaron de una épica que sólo consiguió aislar más a la Argentina del mundo. El invento de una pelea con Washington por unas declaraciones de George W. Bush para ocultar el fracaso del viaje de Kirchner a China en 2004; el desplante a Bush en la cumbre de las Américas de Mar del Plata; Cristina Kirchner culpando a EE.UU. por la filtración de la valija de Antonini Wilson que ahora se sabe, eran parte de 21 millones de dólares que el chavismo envió a la Argentina para “colaborar” con los K; o el escándalo por el avión militar norteamericano que aterrizó en Ezeiza y fue requisado por el entonces canciller Héctor Timerman, durante la gestión de Barack Obama. Y la lista puede continuar. ¿Qué ganó con esas sobreactuaciones? Nada, por el contrario, perdió.

El contexto cambió radicalmente. Hay una deuda con el FMI que es mucho mayor a los US$ 9.810 millones que Kirchner cancelara con el organismo en 2005, para dejar de ser auditado y tener que cumplir con metas fiscales. Ahora es de US$ 45 mil millones y además, el país ya no ostenta el festival de los precios de los commodities y, por el contrario, está inmerso en una crisis económica con más del 50% de inflación interanual y una pobreza del 42%.

Sin embargo, el kirchnerismo sigue replicando el mismo discurso y accionar sin entender que confrontar con los Estados Unidos hoy, ya sin el interés estratégico que China en América Latina, es como volver a tropezar con la misma piedra con el agravante de que la caída puede ser hacia un precipicio.

Máximo Kirchner, el presunto heredero de Néstor y Cristina, acaba de plantear que el Gobierno necesita de “un cambio de mirada del Fondo Monetario para contar con la mayor cantidad de tiempo posible, y pueden alejarse un poco de reglas porque a la hora de prestar no cumplieron con las mismas".

Las lecciones que Máximo K intenta darle al Fondo marcan su desconocimiento de cómo funciona el organismo, para bien o para mal.

De los países que integran el FMI, los europeos tienen el 40% de los votos. Pero Estados Unidos, controla el 17% de los derechos de voto y, conforme a las reglas del organismo, todas las grandes decisiones requieren una mayoría del 85%. Es decir que con ese 17%, Estados Unidos en el único país que puede bloquear cualquier decisión de manera individual.

Por eso, si Máximo Kirchner o cualquier miembro del gobierno o los Amado Boudou y Hebe de Bonafini vituperan al Fondo, están pegándole a Washington, que tiene la llave para cualquier negociación por la deuda. Y eso lo sabe muy bien el embajador Jorge Arguello. Pero lo más llamativo de aquella actitud es que el jefe del bloque de diputados del Frente de Todos tiene relaciones con funcionarios estadounidenses más estrechas de lo que se conoce.

¿Nadie en el oficialismo se pregunta por qué Biden designó para la embajada de Buenos Aires a alguien como Marc Stanley, un abogado sin experiencia diplomática, pero arrogante, provocador y despectivo como lo define el periodismo en su estado, Texas?

"La deuda con el FMI, de 45 mil millones de dólares, es enorme. El problema, sin embargo, es que es responsabilidad de los líderes argentinos elaborar un plan macro para devolverlos, y aún no lo han hecho. Dicen que ya pronto viene uno", ironizó Marc Stanley, el posible embajador ante el Senado norteamericano, cuerpo que deberá decidir si lo aprueba. Previamente, había descripto a la Argentina como “un hermoso autobús turístico al que no le funcionan las ruedas”.

En momentos en que Alberto Fernández pugnaba por sacarse una foto con Biden, aquí quien salía al cruce es el rudimentario dirigente cristinista Oscar Parrilli. "Solo hay que recordar que ya hubo un (Sbruille) Braden que fue a elecciones apoyando a la oposición, y al cual, igual que a Macri en 2019, le ganamos", retrucó, al recordar cuando enfrentó sin éxito a Juan Domingo Perón a mediados de los años 40.

Las duras amenazas y advertencias del kirchnerismo parecen calar, cada vez menos hondo en la sociedad. Esa percepción que repiten distintos analistas, pero también dirigentes del PJ, está ligada al resultado electoral del 14 de noviembre.

Un intendente formula un razonamiento según el cual, "Cristina cometió el mismo error que Duhalde”. Como Eduardo Duhalde eligió a Kirchner su candidato presidencial en el 2003 y triunfó, se convirtió tiempo después en el culpable de todos los males adjudicados al kirchnerismo. Incluso su esposa, Hilda González, Chiche, debió rendir explicaciones en entrevistas donde le preguntaban: “¿No se arrepiente de haber llevado a los Kirchner a la Presidencia?”. De manera tal que si hay alguien responsable de la gestión de Alberto Fernández es Cristina, que lo entronizó contra todos los pronósticos. Y, a diferencia de Duhalde que dos años después de llevarlo al triunfo debió sufrir que Kirchner lo enfrentara y le quitara el manejo del peronismo, Cristina es parte del gobierno.

“El 14 de noviembre a la noche ya nadie podrá decir que la culpa es de Alberto, hay que mirarla a Cristina que en este último tramo metió la mano en los precios congeladas y en otras decisiones de la gestión”, evaluó un funcionario nacional.

Prácticamente ninguna encuesta, a esta altura, le otorga alguna chance al Frente de Todos de revertir la derrota de las PASO. Desde Juntos por el Cambio creen que el oficialismo pude recortar la ventaja. Otros son más escépticos, como un jefe de campaña de un gobernador peronista que perdió en su provincia por más de 20 puntos y festejaría si acorta esa distancia a la mitad.

Pero la mayor preocupación en el Instituto Patria es que el día después esté caracterizado por una suerte de rebelión peronista contra su liderazgo, que incluya a gobernadores, intendentes y sindicalistas que empiezan a olfatear cierta debilidad. Para ello, la vicepresidenta deberá actual con mucha inteligencia. Un paso en falso o un golpe blando interno, podría complicar su futuro.

Walter Schmidt

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