Domingo, 02 Enero 2022 05:50

Biden, senador a repetición, acá ya estaría cancelado - Por Ignacio Zuleta

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Los indignados de la política critican a los legisladores que renuevan sus bancas en más de una ocasión. 

La sociedad del espectáculo santifica lo nuevo como bueno. Fomenta la mirada que interpreta la realidad como una serie de rupturas, cuando quizás sea más fructífera mirarla como un encadenamiento de continuidades. 

Estados Unidos tiene un presidente que llegó al vértice del sistema político de su país, que es el del mundo, después de ser un "congressman" durante 44 años: 36 como senador de Delaware, 1973-2009, y 8 como vicepresidente. Es un ejemplo de cómo un político supera la prueba transgeneracional.

Por estas costas, se critica a los legisladores a repetición o a los baquianos de la vida legislativa, como Mario Negri, a quienes los voceros de la renovación le reprochan no ser lo nuevo. ¿No han pensado, quizás, en premiarlo?

Biden fue premiado por su electorado, al que representa desde antes de que la generación senior de la Argentina aprendiese a caminar - Cristina, Alberto, Macri, ni qué decir de un Lousteau, que encabeza el lote de la renovación yacobina, y que en aquel 1973 apenas balbuceaba y no tenía rulos.

Graciela Camaño ya quebró el récord de la legisladora con más años en la banca. Está, con intervalos, desde 1989. Su continuidad es también intergeneracional, ha pasado esas pruebas. ¿La hace mejor o peor legisladora? La respuesta es obvia. Si no existiese habría que inventarla, como a Miguel Pichetto, otro recordman en el Congreso, en donde estuvo desde 1993 hasta 2019, en las dos cámaras. Lo supera en años de diputado Negri, que ingresó a la cámara en 1993 y aún sigue, como autoridad del bloque radical.

Camaño está al tope de la TCR (Tasas de Reelección Consecutiva) desde 1983, seguida de Elisa Carrió, otra constructora de política. En el listado de los intergeneracionales figuran María Cristina Guzmán, Oscar Santiago Lamberto, Jorge Matzkin, Alberto Natale y Federico Storani.

Dicho sin pasión militante, son diputados a quienes el país debió darles bancas vitalicias por el aporte que han hecho. Mucho más valioso que el de las aves de paso de la política popular de mercado que respiran sólo en el área de cobertura del cable - promedio 2 puntos de audiencia.

El primer puesto desde 1853 lo mantiene el socialista Nicolás Repetto, con nueve mandatos entre 1913 y 1946. Camaño comparte el segundo lugar histórico, desde 1853 hasta la fecha, con otro socialista Enrique Dickman (los datos son de la ONG Universo Ágora).

Se trata de devaluar el Congreso empatado

El oficialismo aprovecha estas querellas para destacar el claroscuro de la coalición opositora. Explota la mirada peronista que le ponen algunos opinadores al no peronismo. El peronismo puede votar lo que quiera porque nadie espera que cumpla con lo prometido. Su público no lo somete a pruebas de autenticidad. Le tolera lo que no le admite al no peronismo.

Del no peronismo, su público espera, en cambio, otra cosa. El objetivo del oficialismo es claro: quitarle valor a la tarea legislativa, mostrarla como un juego de canallas, cuando sus fuerzas han declinado en las dos cámaras del Congreso.

La Argentina es, desde la reforma constitucional, de 1994, un país semi-parlamentario. El peronismo se ha dedicado en el último cuarto de siglo a demoler la arquitectura parlamentarista. El jugueteo para apoderarse del tercer senador en algunas provincias en donde es mayoría, o la captura de la mayoría en el Consejo de la Magistratura, que viene de voltear hace una semana la Corte, son los ejemplos más claros de esa voluntad descalificadora.

La indignación de los indignados

La feracidad de la profesión periodística se prueba en la variedad de los géneros informativos. Existe el noble periodismo de investigación, que convive con formas laterales, de colectora servil, como el periodismo de filtración -que baja línea del poder hacia el público sin confesar sus compromisos-, o el periodismo militante, que no se emboza y emula al giornalismo di regime que condenaba Oriana Fallaci cuando visitó la Argentina dictatorial.

En este ciclo se ha agregado un nuevo género: el periodismo de indignación. Busca identificarse con la marginalia del espectro político y compensar la baja representación electoral de los indignados con el énfasis con el que se expresan en las pantallas.

La indignación es el fenómeno mundial que ha erosionado a todos los sistemas, que no han resistido el hisopado -los cabezones de todo el mundo han sido víctimas del Covid-. El periodismo de indignación hace musculación en estas horas mortificando a la colectividad política por haber aprobado, en la provincia de Buenos Aires, el tercer mandato que se le había admitido a Eduardo Angeloz y a otros muchos que en el mundo han sido. El sintagma es simple: son malos, no los dejen reelegir. Es como castrar a los curas para que cumplan con el celibato. Es renunciar al reclamo de la virtud y una opción preferencial y libre por el cinturón de castidad. No vinimos para eso, diría un Alberto de la vida.

Ligerezas

El humo de los indignados -estrellas en estas horas de las pantallas del periodismo militante- impide razonar si las elecciones sirven o no para mejorar el sistema político. El veto a las reelecciones encadenadas figura en el constitucionalismo del siglo XIX como freno al autoritarismo. La constitución de 1853 la impuso para terminar con el absolutismo rosista. La habilitación a nuevos mandatos resistió hasta la reforma de 1994.

En México el lema “No Reelección” fue bandera de la revolución maderista contra la autocracia porfirista, que gobernó ese país durante más de 30 años. La revolución llegó a canonizar el lema que en un tiempo figuraba en la cabecera de la papelería oficial. La sostiene hacia el día de hoy, pero no ha permitido despejar a los mexicanos de un sistema autocrático de partido único – PRI – durante más de 70 años, que se ha convertido en un emblema mundial de unicato partidario, quebrado recién con la elección de Vicente Fox, del PAN en el año 2000. ¿Sirvió para algo? Seguramente que no para mejorar la situación política de ese país. El problema, y la solución, no está en que se reeligen, sino en que son malos. Lo demás es literatura, o chicana para sacarle ventaja al otro.

La experiencia espalda las reelecciones legislativas

Disputar vacantes es tan comprensible como aferrarse a ellas. Ningún político le encuentra sentido a dejar el poder. Va contra el ADN de la actividad. En los referéndums que suelen acompañar a las elecciones en los EE.UU. es frecuente que se voten iniciativas para reprimir las reelecciones al Congreso, o para obligar a los diputados y senadores que han prometido no reelegir, que cumplan con su palabra. ¿Por qué ocurre con tanta frecuencia? Porque nadie quiere cumplir con esa promesa.

La reelección es el pedal para el abuso de la posición dominante y también reelegirse, que es lo que sistema debe reprimir. Lo que importa es sacar estos debates de la miserabilidad política y discutir si las reelecciones en los sistemas legislativos, reprimidas desde 2021 para el tercer mandato en Buenos Aires, sirve para aumentar la eficiencia. Los congresos nacionales y subnacionales son órganos de control de los gobiernos y la base de sistemas prósperos.

La literatura comparada demuestra que la corrupción de las democracias comienza por la cooptación de los órganos legislativos, que el eje del mal quiere fragmentados y débiles. Este aprovecha la diversidad de los entes colegiados para perforar su honestidad. También está probado que la estabilidad económica depende también de la fuerza de los órganos legislativos. Lo peor para el sistema es la volatilidad de los congresos.

La reelección de diputados es un remedio, por más que les desagrade a los indignados, y alguien se lo tiene que explicar. Ya en 2004, un estudio para la CEPAL señalaba que el porcentaje de reelecciones de diputados era baja en la Argentina, y que eso era una debilidad. "En cuanto a los incentivos para la acción política que operan sobre los legisladores - dice el estudio -, debe señalarse que en contraste con lo que sucede en los Estados Unidos de Norteamérica, la experiencia de muchos países de América Latina indica que los legisladores no tienen como incentivo central de su acción política el propósito de la reelección en su cargo parlamentario. Ya sea por impedimentos normativos -como en México- o porque las nominaciones son más el resultado de decisiones de otros actores políticos relevantes en la dinámica de los partidos, que de su propio accionar legislativo" ("El papel del poder legislativo en el proceso presupuestario: la experiencia argentina", Jesús Rodríguez & Alejandro Bonvecchi, Cepal: Santiago de Chile, diciembre del 2004).

El drama de los congresos tutelados

¿Quiénes le quitan incentivos y debilitan a los congresos? Los caciques partidarios, que asientan su hegemonía en la confección de las candidaturas. Otro estudio, esta vez del BID, señala esa debilidad en la Argentina. En Argentina los líderes partidarios provinciales controlan la elaboración de la lista de candidatos a la legislatura, lo que restringe considerablemente la capacidad de los legisladores para seguir una carrera legislativa por su cuenta. Lo que hacen entonces, por lo general, es continuar su carrera política en otros cargos electivos o por nombramiento.

En consecuencia, los legisladores argentinos tienen un fuerte incentivo para mantener buenas relaciones con los líderes partidarios locales, quienes tienen un objetivo político complejo: maximizar los resultados electorales de su partido en su provincia, pero al mismo tiempo salvaguardar su posición dentro de la estructura partidaria provincial. La existencia de legisladores que desarrollen un perfil independiente propio puede amenazar la posición de los líderes partidarios locales, que por lo tanto tienen fuertes incentivos para reducir la visibilidad nacional y provincial de sus subalternos locales, rotándolos en los distintos empleos que el partido provincial puede ofrecer.” (Mark Payne, ed. “Los partidos políticos, las legislaturas y los presidentes” (en: “La política de las políticas públicas: Progreso económico y social en América Latina”, informe al BID de 2006).

Este estudio le retuerce el cuello a los preconceptos, cuando dice que “En Chile y Uruguay alrededor del 60% de los legisladores es reelegido en forma inmediata; en Perú y Argentina menos del 20% ocupa su cargo por segunda vez consecutiva. En Costa Rica y México no se permite la reelección inmediata y solo un 13% y un 11% de los legisladores, respectivamente, tienen experiencia legislativa previa.

Nadie definió mejor que Pérez Galdós al jerarca – monarca o cacique: “Ni sabe lo que posee, ni distingue los hombres extraordinarios por su mérito efectivo de los que lo parecen por su destreza en la lisonja. Les mide por la adhesión idolátrica que le manifiestan” (“La estafeta de los románticos”, novela). Con ese ánimo se hacen las listas únicas de los partidos en una democracia con legislaturas tuteladas. Maxi Kirchner, que no es legislador provincial, confeccionó los listados de la derrota del Frente de Todos para legislaturas que no integraba ni controla. Lo mismo hicieron los jefazos de la oposición como Macri, Larreta o Bullrich.

Si era malo, ni pá concejal lo queremos

El periodismo de indignación radica principalmente en los animadores informativos de radio y TV, y aprovecha el capital social de la indignación que, por ejemplo, aplicaban los moderados contra el menemismo más ostentoso. Intentó traducirla la Alianza de 1999 con la promesa de la venta del Tango 01. En el momento de cumplir, ganadas las elecciones, el Tango 01 no parecía ser tan feo, ni tan caro. No era el avión, era el Menem que lo ostentaba. Como lo malo es la gestión de los funcionarios a repetición, no que tengan la posibilidad de acceder al cargo que ni merecían ocupar. Para ellos, ni tres mandatos, ni dos ni uno. Para eso hay que hacer política. El Tango 01 terminó podrido en un hangar de desguace y nada ha cambiado en la Argentina.

El veto a las reelecciones ya se aplicó en la provincia de Buenos Aires en 2021. Impidió que varios legisladores pudiesen tener un nuevo mandato, entre ellos Santiago Nardelli (diputado por Bahía Blanca) o Roberto Costa, que pasó de ser el superpoderoso presidente del Senado provincial a monaguillo en Escobar. ¿Lo eligieron concejal como castigo o como premio? Si era bueno, debió tener una oportunidad para seguir siendo senador. Si era malo, ni pa' concejal lo queremos.

Ignacio Zuleta

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