Martes, 08 Febrero 2022 10:25

Cristina Kirchner pierde el Congreso y la oposición se redefine - Por Walter Schmidt

Escrito por

La vicepresidenta conserva el manejo del Senado, pero no de Diputados. Reunión clave de la cúpula de Juntos por el Cambio.

"Cuanto peor, mejor para todos. Y cuanto peor para todos, mejor". Corría mediados de 2017 y con esa frase el entonces presidente de España Mariano Rajoy, intentaba resumir la estrategia del opositor partido Podemos, una suerte de kirchnerismo ibérico. Lo paradójico fue que en España esa máxima de Rajoy provocó la burla generalizada de la sociedad. Aquí en la Argentina, es una real estrategia política enunciada por un sector del oficialismo y de la oposición. 

La renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque de diputados del Frente de Todos denota que la debilidad ya no es propiedad solo de Alberto Fernández, que debe estar pasando por uno de sus momentos de mayor autonomía en la coalición gobernante. La fragilidad política también abraza al cristinismo, que con esa decisión pierde la hegemonía que ostentaba en el Congreso nacional, con Cristina conduciendo el Senado y Máximo, manejando los hilos de Diputados.

“Un gobierno puede afrontar muchas crisis, pero cuando la discordia llega al Congreso, y ya no puede manejarlo, la crisis cobra otra dimensión. Sólo hay que recordar lo que pasó con la Alianza” UCR-Frepaso, recuerda un dirigente peronista, sobre el inicio de la debacle del gobierno de Fernando de la Rúa. A diferencia de aquel episodio, Carlos "Chacho" Álvarez expresó su rechazo y se fue; en este caso, Cristina planteó su rechazo –a través de Máximo-, pero sigue en la vicepresidencia. Un Alianzagate light.

El impacto en la oposición

Esa divergencia en el oficialismo refractó, imprevisiblemente, en Juntos por el Cambio, en donde no hay dudas de la necesidad de evitar el default, como lo expresó la Mesa Nacional en un comunicado. Pero hay discrepancias sobre el rol que debe asumir ese espacio.

Por el momento, la excusa es la falta de “la letra chica” del entendimiento con el Fondo Monetario. Es decir, saber cómo va a hacer el ministro de Economía, Martín Guzmán, para reducir el déficit a 2,5 puntos este año, sin reservas, con cepo cambiario, sin recortar demasiado los subsidios energéticos, ni mover demasiado las tarifas. Peor aún, lo que se ha escuchado en los últimos días por parte de Guzmán y de la titular de AFIP, Mercedes Marcó del Pont, es ir contra la evasión. Nadie descarta que puedan forzar algún aumento de impuestos. De lo contrario, ¿de dónde saldría ese dinero si el crecimiento del PBI ya no será del 10% sino que la proyección varía entre 3 y 4 puntos?

En el plano estrictamente político, lo que divide aguas en la oposición es qué hacer con la actitud oportunista del cristinismo, que como no sabe cómo explicarle a su electorado que debe hacer un ajuste no quiere pagar ese costo político y prefiere rechazar de plano el acuerdo y dejar que lo vote el Gobierno albertista y Juntos por el Cambio. O sea que el cristinismo deberá actualizar el slogan y a partir de la aprobación del acuerdo esbozar “por culpa de Macri…y de Alberto”.

No falta el dramatismo en algunos dirigentes y funcionarios dispersos en el oficialismo, que perciben que antes de dar el paso al costado, Cristina y Máximo Kirchner evaluaron las ventajas y desventajas de una implosión del Gobierno. No parece haber tal cinismo en ese nivel de responsabilidades.

La interna K es tan sustancial que salpica a la oposición. Quien tiene una postura tomada es Patricia Bullrich. La jefa del PRO cree que es fundamental que antes de que JxC decida su apoyo, el oficialismo garantice que todos sus diputados y senadores, incluidos obviamente los que responden al Instituto Patria, lo voten. Lo que Bullrich quiere evitar es que el cristinismo se extienda como una mancha y termine siendo, de acuerdo al caso, una suerte de oficialismo y oposición al mismo tiempo. De ahí su desafío para que el Frente de Todos derogue la ley de Fortalecimiento de la Sostenibilidad de la Deuda Pública que fijaba que todo acuerdo con el Fondo debe ser aprobado por el Congreso.

El miércoles, en la reunión virtual de la Mesa de JxC, Bullrich llevó su posición, lo que generó algunos cruces de quienes le reclamaron que no se puede confundir el posicionamiento para el 2023 con estos temas que son muy delicados o brindar definiciones sin haberlo consensuado antes con sus otros pares de la coalición.

“Si el gobierno siembra la incertidumbre y nosotros alimentamos la incertidumbre, ¿por qué la gente va a diferenciar entre unos y otros?”, plantea uno de los radicales que integran la cúpula del espacio.

Uno de los primeros en reaccionar públicamente frente a la posición de Bullrich fue el titular de la UCR, Gerardo Morales, quien advirtió que “el PRO no nos va a empujar de un lado a otro ni a llevar de las narices”. En verdad, dentro del PRO la posición del larretismo es diametralmente opuesta a la de la ex ministra de Seguridad.

“Es cierto el oportunismo del cristinismo, pero no hay margen. En el kirchnerismo apuestan al 'cuanto peor, mejor'. Pero aún con el acuerdo, este año va a ser muy difícil, la situación es muy delicada y a nadie –salvo a los ultra k- le conviene que esto explote”, resume un miembro del círculo chico de Horacio Rodríguez Larreta.

En la Coalición Cívica afirman que la posición de Bullrich es personal y que no representa al espacio. Por las dudas, Elisa Carrió sentenció que hay que acompañar y discutir el acuerdo, porque es necesario evitar “males mayores” y porque cree que la otra opción es la de un país “inviable”.

En busca de una definición

En función de esa heterogeneidad, el próximo miércoles habrá una nueva reunión de la Mesa nacional de Juntos por el Cambio –podría ser en Vicente López-, pero esta vez será presencial. El objetivo es definir una posición común, más allá del rechazo al default y de la mirada pro acuerdo que mostraron la última vez. Serían más proclives a acompañar, siempre y cuando la letra chica sea razonable, y no exigirían que Máximo Kirchner y compañía avalen el entendimiento con el organismo.

“Que digan lo que quieran los K. Esto también es importante para Juntos por el Cambio si quiere volver a ser gobierno, es un mensaje hacia el mundo, hacia los sectores productivos y empresariales de aquí, de que nosotros tenemos una responsabilidad republicana y que no tomamos esto como una competencia contra La Cámpora”, describe un operador opositor.

Un termómetro de lo lábil de la situación económica e institucional es el hecho de que hasta José Luis Espert les manifestó a sus pares de JxC la necesidad de avanzar en un acuerdo. Prueba de que una eventual caída del programa provoca un temor mucho mayor.

El flamante jefe del bloque del FdT, Germán Martínez, ya tuvo diversos contactos con los diputados de la oposición. En uno de ellos, dejó en claro que el FMI exige que el acuerdo sea aprobado por el Congreso y que más allá de algunos dichos de legisladores cristinistas en los pasillos del Palacio Legislativo, no hay margen para no tratarlo. Tiene que haber aprobación, sí o sí.

Con el optimismo de quien es ascendido y encara su nueva función, Martínez tiene confianza de poder convencer al hijo de la vicepresidenta –y, por ende, a Cristina- y conseguir el voto completo de todo el bloque de diputados del Frente de Todos. Sabe que se vota por mayoría simple, con lo cual su necesidad básica es conseguir el quórum y después no importa si hay muchas abstenciones.

Por momentos el Gobierno parece estar preso de las convulsiones políticas del frente. Con Alberto defendiendo, más allá de la retórica, un acuerdo con el FMI que establezca algo de certidumbre económica, pero a la vez cuestionando en público el vínculo con el Estados Unidos para abrazarse a una alianza con Vladimir Putin y Xi Jinping. Avalando la marcha contra la Corte Suprema en la que se calificó de “atorrantes” a sus ministros para después fantasear con el lawfare. O Cristina, advirtiendo que detrás del ajuste pueden venir los narcos, y en pleno ejercicio de la presidencia ser testigo de cómo se mueren personas al ingerir drogas envenenada en el Conurbano, gobernado desde hace décadas por el peronismo y hoy bajo la conducción de Axel Kicillof.

Pueden faltar recursos e incluso ideas a la hora de gestionar, pero la ausencia de coherencia es el peor enemigo de cualquier Gobierno.

Walter Schmidt

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…