Lunes, 14 Marzo 2022 07:15

Cristina, más parecida a Chacho Álvarez y la unidad que ya no existe - Por Walter Schmidt

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Con su posición contra el acuerdo, la vice blanqueó su alejamiento del Presidente. El Frente de Todos se ha roto. En la oposición, se calmaron por ahora las discrepancias. 

Dos décadas atrás, Carlos “Chacho” Álvarez abandonaba el gobierno de Fernando de la Rúa presentando su renuncia indeclinable a la vicepresidencia “para poder decir con libertad” lo que sentía y pensaba, y “para no perjudicar al Presidente ni alterar la vida institucional”. Creía que la Argentina necesitaba “confianza interna y externa” y no una pelea palaciega permanente. Hoy la interna de gobierno se ostenta como un trofeo y en él conviven dos facciones. 

La acción de Cristina Kirchner en estos dos años ha pasado por criticar a los ministros del gabinete y forzar un cambio haciendo renunciar a los suyos; demorar un acuerdo con el FMI para después de las elecciones legislativas que luego terminó en una dura derrota; oponerse al aumento de tarifas y a que sea echado por el mandatario y el ministro de Economía un funcionario de segunda línea como Federico Basualdo; pedir la cabeza de Martín Guzmán; y rechazar el acuerdo con el Fondo. Esta última decisión, la deja en las antípodas de Alberto y del gobierno que integra. Y con un poder más debilitado.

El principal escollo del Gobierno está en sus entrañas. Tal como lo confirmó este domingo Nicolás Wiñazki en Clarín, Cristina Kirchner, la vicepresidenta, operó abiertamente el jueves en la sesión en Diputados en contra del Presidente, Alberto Fernández, al llamar a varios legisladores para que no aprueben el acuerdo con el FMI. Ejemplos sobran, como el de Daniel Gollán, Sergio Palazzo o Hugo Yasky, todas abstenciones. ¿Qué hubiera hecho Néstor Kirchner o la propia Cristina si su vice se oponía a un proyecto de ley clave o jugaba en contra? Lo que le hicieron a Daniel Scioli y Julio Cobos, respectivamente, cuando osaron rebelarse; mandarlos a Siberia y quitarles todo el poder.

Es indiscutible que Cristina maneja los hilos de La Cámpora y de su hijo, Máximo Kirchner. Y quedó más claro en la larga sesión del jueves. Máximo se refugió en el despacho de Sergio Massa y sólo apareció en la madrugada del viernes para votar con barbijo, no por precaución por el Covid sino más bien parecía buscar esconderse detrás de él para pasar desapercibido. Ese tipo de actitudes pone en serias dudas el nivel de liderazgo que pueda tener el hijo de la vicepresidenta. Jugar a las escondidas y a los silencios, sin bajar una línea ni poder dar la cara en un discurso ante propios y ajenos, defendiendo con altura su decisión, no habla de la capacidad de un Rey o de la Reina en un tablero de ajedrez, sino más bien la de un peón o a lo sumo, un caballo.

A tal punto llegan las contradicciones del cristinisno, que Máximo K integró el selecto Club del Default junto a Javier Milei, José Luis Espert, Myriam Bregman, Nicolás del Caño, Romina Del Pla y Ricardo López Murphy. Suena difícil argumentar lo ideológico bajo semejante membresía.

“El oficialismo tiene que terminar de digerir que no tienen más 116 diputados, apenas cuentan con algo más de 70, entonces Sergio Massa que es el presidente de la Cámara, ahora también es jefe del bloque que jugó para el lado que debía jugar, el de evitar el default”, razonó un experimentado opositor.

¿Qué diferencia hay entre una ruptura en la que los disidentes abandonan el bloque y lo que pasa con el cristinismo? Casi ninguna, porque Máximo es el jefe de un sub bloque de unos 30 diputados que vota cómo le parece y no responde a Massa ni a Alberto Fernández.

Al menos desde el retorno a la democracia, no hay antecedentes de un grupo de diputados oficialistas que voten en contra de lo que dispone la jefatura del bloque y el propio Poder Ejecutivo, y que encima no se vayan del bloque, en este caso del Frente de Todos.

En la Casa Rosada aseguran que ante el drama económico y social presente hay que actuar con responsabilidad, gestionar mejor y construir política. “El peronismo debe pensar más en la gente que en los dirigentes, podemos cometer errores, pero no podemos perder el contacto con la gente”, señala un funcionario, apuntando a quienes, como en el camporismo, hacen cuentas hacia el 2023 y dan por perdida la elección presidencial.

“La votación puso en evidencia las diferencias entre los que actúan con responsabilidad de gobierno y los que actúan defendiendo convicciones”, asegura un ministro que considera que “desde la pasión y la nostalgia no se construye un proyecto superador”. Aunque resalta la honestidad de ambas actitudes y abona la idea que prima en los ministros albertistas de que no hay que castigar a los rebeldes. Todos apelan a la muñeca de Alberto, a quienes algunos sectores observan carente de audacia, para amalgamar a las distintas voces. Tal como lo hizo con Eduardo “Wado” de Pedro cuando presentó su renuncia, como engranaje de una jugada de Cristina, y luego volvió a tratarlo amistosamente.

En la oposición el clima transita por otros carriles. No creen que esto signifique una nueva etapa en la relación con el Ejecutivo por el sólo hecho de haberle permitido evitar el default, gracias a los votos de Juntos por el Cambio y a un dictamen consensuado por ambas fuerzas. El proyecto logró homogeneizar las posiciones, aunque no galvanizó las diferencias que aún persisten sobre todo en el PRO y la UCR.

“El kirchnerismo se puede romper, pero eso no significa que nosotros vayamos a apoyar al gobierno de Alberto Fernández”, razona uno de los referentes de JxC tras la performance en Diputados que un sector importante califica como “un triunfo de la moderación”.

Algunos destacan que fue la primera vez que la coalición opositora puede dar vuelta un proyecto de ley a su gusto. Ni siquiera cuando eran oficialistas en el gobierno de Mauricio Macri pudieron hacerlo.

Hacia adelante, lo que observan más complejo en el Congreso es el proyecto de integración del Consejo de la Magistratura. Básicamente, el oficialismo –aquí sí tienen la misma posición albertistas y cristinistas- excluye a la Corte de su composición y la oposición la incluye.

Esta semana el Senado promete repetir la misma película que la de Diputados, respecto al préstamo con el Fondo, con un voto dividido entre leales y cristinistas. ¿Desaparecerá de escena Cristina Kirchner cómo lo hizo Máximo, cuando se vote? ¿O enfrentará estoicamente la derrota frente al consenso entre el albertismo y la oposición?

El tratamiento del acuerdo con el FMI deja una profunda herida. La unidad tan proclamada por los integrantes del Frente de Todos se rompió ante las cámaras el jueves 10 de marzo de 2022. Aunque en los despachos a puertas cerradas, Cristina Kirchner ya la había roto hace mucho tiempo y sólo la emparcharon para la campaña electoral.

Alberto podrá esforzarse en mantener ciertas coincidencias, pero hacia afuera es muy difícil que el poder deje de ser visto bajo un esquema bicéfalo. Y ante ese panorama, generar empleo o atraer inversiones suena una misión imposible porque no hay confianza, ni promesas irrefutables ni reglas claras. La copa está rota y por más que logren juntarse cada uno de los pedacitos de vidrio y pegarla nuevamente, ya no será la misma.

Walter Schmidt

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