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Lunes, 28 Marzo 2022 08:47

Los Kirchner blanquean su odio por los porteños y una estrategia peligrosa - Por Walter Schmidt

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En un gesto de sinceramiento, Máximo Kirchner y Cristina admitieron su desprecio por los habitantes de la Ciudad. Los intentos de acercamiento debajo de Alberto y Cristina. 

La estrategia del cristinismo hacia la gestión de Alberto Fernández parece ser clara e incluye la exposición de una crítica situación, la deslegitimación de la política económica del Gobierno, la movilización en las calles y la fractura institucional. Si comprendiera también, la generación de un clima de ingobernabilidad, alguien podría decir que se ajusta al manual del “golpe suave” cuyo mentor es Gene Sharp, un filósofo y politólogo estadounidense experto en revoluciones no violentas y autor del polémico ensayo “De la dictadura a la democracia”. 

Lo que es engorroso de explicar del caso argentino es que sea una parte del mismo gobierno, el que encarna Cristina Kirchner, la que busca debilitar a Fernández y que fracase el acuerdo con el Fondo. De allí que desde el Instituto Patria trasciendan insultos en privado de la vicepresidenta al Presidente o bien los desaires por parte de algunos dirigentes como Andrés “Cuervo” Larroque que reta al mandatario en una conversación privada o que le deja en claro que el poder de los votos los tiene el cristinismo y no él, que apenas sacó el 4% de los votos en la Provincia cuando fue con Florencio Randazzo.

La táctica vuelve a apuntar al ministro de Economía, Martín Guzmán, sobre quien el cristinismo ya no oculta que lo quiere afuera del Gobierno. Otra vez Larroque, devenido en portavoz de Cristina y de Máximo Kirchner, dijo que Axel Kicillof “hubiese negociado mejor el acuerdo” con el FMI. Por ahora, el Presidente respalda a su ministro de Economía.

En la Casa Rosada admiten que no se organiza ninguna reunión entre Alberto y Cristina, aunque descreen que la solución sea un cónclave. Más bien, prefieren ir generando instancias de conversaciones en las segundas líneas de ambos sectores, que si no logra erradicar la interna al menos sea una suerte de paraguas que permita seguir gestionando.

Como era de esperar el tratamiento del proyecto del Consejo de la Magistratura marcará un consenso que no tuvo en el oficialismo el acuerdo con el FMI. Y se están punteando otras iniciativas legislativas que refleje algún grado de unidad.

Los intendentes bonaerenses parecen ir en la misma línea. Durante el encuentro del miércoles pasado, en el que estuvieron peronistas ortodoxos y camporistas, todos coincidieron en plantear que la pelea afecta sus gestiones municipales. Y pidieron una reunión con Alberto y con Cristina, por separado, claro.

Quien continúa empeñado con su reelección es Axel Kicillof, que, en apariencia, parece no contar con el apoyo del cristinismo ni del albertismo. “Estuvo hablando con muchos intendentes en la semana muy enfocado en sobreactuar su candidatura. Habló con 10 intendentes, cosa que no hace nunca, donde el mensaje era yo quiero ser. Pero viene muy cagado a palos”, sostiene un funcionario.

En el Gobierno descreen de una estrategia, sea de Kicillof o bien de Máximo Kirchner como candidato a gobernador, desdoblando las elecciones de la provincia. “Esa opción sirve cuando el candidato mide más que el Presidente, cómo ocurría con Vidal con Macri. Pero no es el caso ahora, en ningún momento ni Axel ni Máximo miden más que Alberto y la provincia sigue la suerte del gobierno nacional”, afirma un albertista.

El desprecio por los porteños

La marcha del jueves desde la ex Esma hasta Plaza de Mayo –estética de Cambiemos mediante, que habría salido varios millones de pesos-, confirmó el odio visceral de Cristina y Máximo Kirchner hacia los porteños y hacia el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta. Máximo aseguró que los porteños “tienen tendencia a votar a los que quieren ocultar lo que pasó en la dictadura”. Al menos Fito Páez fue más benévolo cuando en 2011 dijo que le daban “asco” la mitad de los porteños.

Es difícil encontrar lógica a este tipo de bravuconadas en función de la entidad de quien la manifiesta. Sobre todo, tratándose del hijo de dos ex presidentes como Néstor y Cristina Kirchner, a quienes no se les conoce una actitud activa durante la dictadura militar y el terrorismo de Estado. Ni siquiera la de presentar algún hábeas corpus en su carácter de abogados ante las desapariciones, cómo sí lo hizo quien fuera el jefe político de Néstor en Santa Cruz, Rafael Flores.

“Lo de los Kirchner es una actuación, una impostura. ¿Cómo ha sido en el pasado la relación de los Kirchner con el tema derechos humanos? Nunca tuvieron ninguna cercanía con los organismos de derechos humanos. Ni durante la dictadura ni cuando volvió la democracia. Cuando Menem anunció los indultos, yo renuncié al tribunal de disciplina partidario. Pero Kirchner no dijo ni pío. Incluso Cristina, en ese entonces en la Legislatura, bloqueó mucho tiempo un proyecto para que se conmemorara el 24 de marzo”, afirmaba Flores a Clarín el 28 de marzo del 2010.

Luego sí, ya como presidente, Néstor Kirchner impulsaría la anulación de los indultos. “Como dice el refrán, al león se lo caza en la selva, no cuando está dentro de la jaula. El tema era jugársela en plena dictadura o cuando llegó Alfonsín, no 20 años después”, afirma un dirigente peronista.

Los polémicos dichos de Máximo facilitaron la comprensión de por qué fueron recortados en plena pandemia, los fondos que la Ciudad recibe por la coparticipación federal y el financiamiento de la policía; la decisión de multiplicar por cuatro las valuaciones fiscales de los inmuebles en la Ciudad para que haya más porteños que paguen bienes personales; o la idea de traspasar líneas de colectivos a la Ciudad. “Hasta los helechos está iluminados en la Ciudad”, afirmaba Cristina días después de asumir como vicepresidenta.

Lo paradójico es que gran parte de la vida de los Kirchner está atada a la Ciudad, no a la provincia de Buenos Aires de la que Cristina era senadora y Máximo Kirchner diputado nacional, pese a que ella hace casi 50 años que no vive en territorio bonaerense y su hijo, nunca lo hizo.

Cristina Kirchner vive en plena Recoleta, en Juncal y Uruguay; Máximo habita un departamento en el barrio de Monserrat; y Florencia Kirchner en Constitución. Los tres, con residencia porteña. Además, los Kirchner son propietarios de departamentos en la exclusiva zona de Puerto Madero. Y hasta las cajas de seguridad, según confirmó la propia Cristina en su libro “Sinceramente”, estaban alojadas en una sucursal del Banco Galicia en la Ciudad.

Que el árbol no tape el bosque

Pero la interna, no hace más que ocultar algo más grave: Alberto y Cristina son parte de un Gobierno, por ahora incapaz de reducir la inflación. Mientras el albertismo propone más acuerdos de precios, el cristinista Roberto Feletti culpa a las empresas por la suba de precios, pero nada dice sobre las remarcaciones en los almacenes de cercanía y minimercados chinos. De vuelta, nunca los controles de precios bajaron la inflación. ¿Por qué después de más de un año de aplicarlos, debieran funcionar?

Comienza a tomar forma un escenario que pregonaban referentes de la oposición. Que el Gobierno incumplirá su acuerdo con el FMI. De hecho, los subsidios energéticos en vez de reducirse en un 0,6% del PBI este año, por la guerra y por la incertidumbre interna aumentarán un 0,7%, unos US$ 10 mil millones.

El FMI se atajó y dijo que habría que hacer reformas estructurales para enfrentar a la inflación. Por el momento no hay reacción. Sólo ambiciones personales, falsos dilemas ideológicos y deseos de que fracase el otro. En definitiva, albertismo y cristinismo pelean por su tajada. Pero ¿a quién le importa la gente?

Walter Schmidt

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