Miércoles, 06 Abril 2022 08:11

Pasan cosas fabulosas en la economía y también en la Justicia - Por Ricardo Roa

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Si para el ministro Jorge Ferraresi los indicadores económicos son fabulosos, cómo no va a seguir juzgando el juez Walter Bento. 

Uno es ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat y hasta hace bien poco era intendente de Avellaneda y cristinista rabioso. El otro es gobernador de Buenos Aires y sigue siendo cristinista rabioso. Uno, Jorge Ferraresi, dijo: “Todos los indicadores macroeconómicos están dando fabulosos”. Y el otro, Axel Kicillof, al día siguiente dijo: “En el Conurbano y el interior la situación social no da para más”. Aunque parezca mentira, y debiéramos estar acostumbrados a estas cosas, los dos son del mismo Gobierno y hablan del mismo país. 

Ferraresi debería avisarle al Indec, que anda diciendo que hay 17,4 millones de pobres, el consumo está igual al de hace 17 años y el PBI por habitante al de 16 años atrás. O dicho de otro modo: que desde 2005 la economía está estancada, no crece. Y cuando salga oficialmente el índice de precios de marzo del que se está hablando extraoficialmente, el país confesará la inflación más alta en treinta años. Encima, con un control de precios a la Kicillof. Como dicen en las películas: no más comentarios, señor juez.

Y ya que hablamos de jueces, hay uno que bien podría pertenecer al fabuloso mundo Ferraresi. Se llama Walter Bento. Procesado y con prisión preventiva que no cumple por ser juez, supervisó este martes en Mendoza la elección para designar las dos abogadas que integrarán el Consejo de la Magistratura. Para más datos: el organismo que está investigando al propio Bento como jefe de una asociación ilícita. ¿No es fabuloso?

Protegido por el kirchnerismo, que le teme y lo usa y demora todo lo que puede el proceso judicial, Bento llegó a juez federal en 2005 de la mano del peronismo. Fue procesado hace ya más de siete meses y el procesamiento y la prisión preventiva, confirmadas por la Cámara. En casos similares, la Magistratura suspendió a los jueces.

Bento se especializó en extorsionar a contrabandistas para sacarles plata. “El que no arregla conmigo, se jode”, era su frase de cabecera. Hasta ahora se le comprobaron 13 denuncias de coimas.

La doble vida de Bento salió a la luz por el asesinato de su operador y vecino, Diego Aliaga. El asesino, Diego Barrera, confesó que vio a Aliaga negociar aprietes y libertades con Bento. La causa del juez que increíblemente sigue siendo juez y supervisa elecciones de abogados, apila pruebas y procesados, arrepentidos y detenidos. Es una red que hace falta describir para entender la magnitud de la maniobra.

Incluye a los abogados Jaime Alba y Luciano Ortego por organizar la asociación ilícita y a otros dos, Martín Ríos y Matías Aramayo, que declararon como arrepentidos. También está detenido un comisario de la policía provincial, Moschetti, y el narcotraficante Bardinella Donoso.

A ellos se agregan un defensor oficial de pobres y ausentes, Jorge Miranda y un abogado más, sin matrícula federal: Francisco Alvarez, alias el Chato. También otros tres abogados imputados por cohecho: Castro, Billi y Alsogaray; un funcionario aduanero, Barón Knoll; ocho personas vinculadas a causas de contrabando (Nasi, Ortega, Molina, Rodríguez, Fernández, Costa, Aliaga y Martínez Pinto) y otras cuatro al cobro de sobornos. Hay dos cambistas, Enrique De la Cruz y Miguel Sangüedolce y otro, Calderón, por la venta de facturas apócrifas y que declaró como arrepentido.

La lista sigue: la esposa del juez, Marta Boiza, y sus hijos Nahuel y Luciano, todos funcionarios de la Justicia y acusados de lavado de dinero. Nahuel, que es secretario de Cámara, y su hermano, presentaron certificados médicos para no someterse a indagatoria. Tanto detenido y acusado, y el juez que los capitanea, lo más pancho.

En líneas generales, la causa en Mendoza está avanzada. También han hecho progresos en el tramo más lento de detectar la plata del juez, que en los últimos años pasó más de 1.000 días en el exterior, sobre todo en Miami y Las Vegas.

Hay una explicación más clara para que Bento ande libre que para las visiones tan opuestas entre Ferraresi y Kicillof, en el mismo barco del Frente de Todos, el gobierno. Y es que Bento es también el juez electoral de Mendoza y decide sobre cuestiones del poder interno de los partidos. Sigue en su puesto por una artimaña de los consejeros kirchneristas en la Magistratura: esperar a que se termine de investigar en la provincia su enriquecimiento ilícito.

Contra esas trampas es que la Corte falló volver a la composición inicial de la Magistratura, que Cristina Kirchner consiguió cambiar, nada casualmente tan temprano como en 2006.

Ricardo Roa

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